Colegio San Antonio > Pastoral juvenil > Noticias religiosas >
Noticias 2010/3
Feliz día de la madre.
Franciscanos Menores en cifras.
La educación en los valores. Valores, ¿qué valores?
Democracia en los frailes.
Feliz día de la madre
Nuestra felicidad a las madres en este día de la Madre. Se merecen todos los regalos. Es importante agradecerles su esfuerzo por ser madres, por cuidar de su familia cuando desde todas partes les están diciendo que la única mujer que merece respeto, que en realidad trabaja es la que lo hace fuera de casa. No importa en qué. Lo que importa es que no esté en casa pariendo y educando hijos. Y si hace las dos cosas a un tiempo, mal, muy mal. A ver si os quitáis esa "enfermedad", ese "tumor" y el aborto os libera, ya que no habéis sabido ser previsoras, con la de medios que hay. Está visto que necesitáis más información.
Me permito recomendaros la línea Cope de hoy, 2 de mayo 2010:
- Hoy se celebra el Día de la Madre, una bonita y simpática fiesta, que reúne hoy todos los elementos para convertirse en una jornada reivindicativa, con tantos motivos como el primero de mayo. Éste es el día en el que, tradicionalmente, los hijos agradecen a sus madres todos sus desvelos. Y no sólo ellos. El reconocimiento es y debe serlo de la sociedad entera, que no podría subsistir sin la entrega generosa de tantas mujeres a sus familias, en una de las pruebas más claras de la importacia social y económica del principio de gratuidad, que desarrolla la última encíclica del Papa. Sería no sólo de justicia, sino de puro pragmatismo, que la sociedad y el Estado facilitaran más esta labor. Pero sucede justo lo contrario.
- Las ayudas a la maternidad son muy inferiores en España a las del resto de Europa. Y mientras otros promueven una visión positiva de la maternidad, aquí la nueva ley del aborto equipara, en la práctica, el embarazo a una enfermedad. Todo son facilidades para deshacerse del propio hijo, mientras el Partido Socialista se opone sistemáticamente a programas de ayuda a la mujer embarazada con problemas, y los rechaza cuando consigue una mayoría en algún Parlamento.
- Tampoco se facilita la conciliación, ni se hace frente al problema del acoso laboral que sufren 9 de cada 10 embarazadas trabajadoras, según la Fundación Madrina. Así que ésa es la anomalía de nuestro tiempo: nunca había hecho falta reivindicar la maternidad, pero la contaminación ideológica ha llegado a tal extremo en España que no queda hoy otro remedio.
La Fraternidad OFM en cifras
Los Hermanos Menores, al 31 de diciembre de 2009, son 14525 (-199 respecto al 2008). Algunos detalles:
| Postulantes | 586 |
(no entran en el computo) | |
| Novicios | 399 |
||
| Profesos temporales | 1426 |
||
| Profesos solemnes | 12700 |
9866 |
Sacerdotes |
73 |
Diáconos permanentes | ||
1462 |
Hermanos con opción clerical | ||
2332 |
Hermanos laicos | ||
280 |
Hermanos sin opción | ||
6 |
Cardenales OFM I | ||
107 |
Arzobispos/Obispos | ||
| Hermanos difuntos año 2009 | 321 |
||
Los Hermanos Menores, presentes en 110 Países, están distribuidos de la siguiente manera:
| África y Medio Oriente | 1109 |
| América Latina | 3505 |
| América del Norte | 1510 |
| Asia-Oceanía | 1295 |
| Europa Occidental | 4612 |
| Europa Oriental | 2494 |
La Fraternidad universal está estructurada en 102 Provincias, 8 Custodias Autónomas, 14 Custodias Dependientes, 1 Federación, 20 Fundaciones, 14 Conferencias de Ministros provinciales y 3 Uniones de Conferencias (Asia/Oceanía: FCAO; América Latina: UCLAF; Europa: UFME).
Los números no son todo, no obstante, pueden representar una oportunidad «para hacer una alto en el camino para discernir dónde estamos, hacia dónde vamos, hacia dónde nos empuja el Espíritu y hacia dónde queremos ir» (Caminar desde el Evangelio, p. 10.).
Fraternitas, nº 165 de 1 may 10
La educación en los valores.
La educación en los valores está de moda. La familia y la escuela, los gobiernos y diversos grupos sociales buscan enseñar y promover valores entre la gente, sobre todo entre los niños, adolescentes y jóvenes, aunque también entre los adultos.
La pregunta resulta necesaria: ¿qué valores? La lista de valores es inmensa. Existen, además, valores que son más apreciados por algunos pueblos y culturas, mientras que otros valores son menos apreciados. Los valores enseñados en el pasado no son los mismos que los enseñados en el presente.
Para responder, resulta necesario aclarar qué es “valor”. Se trata de una propiedad o una dimensión que descubrimos en “algo” y que perfecciona a quien escoge ese “algo”.
La definición es intencionalmente abstracta. Bajémosla a algunos ejemplos. Juan y Matilde tienen hambre. En la nevera encuentran quesos y jamones, tomates y pescado congelado. Cada uno de esos alimentos puede satisfacer, de modos distintos, el hambre de Juan y de Matilde: es “valioso” para empezar a comer. Si, además, alguno de esos alimentos es más saludable y permite cumplir con una dieta impuesta por los médicos, su “valor” aumenta, sin que el alimento haya cambiado, porque “perfecciona” más a quien lo come desde su situación particular.
En palabras más sencillas, el valor de “algo” (un objeto, una idea, un acto, una persona) consiste en su poder perfeccionar a alguien, a quien escoge ese “algo”, y mucho (no todo) depende de quién es ese alguien que escoge ese “algo”.
Nos damos cuenta de que existen un número inmenso de valores. El balón de fútbol tiene un valor muy grande para miles de niños, mientras que interesa muy poco a muchos ancianos. El color de la ventana es un valor para dos recién casados. El trabajo realizado con gusto es un valor para el campesino, el oficinista o el conductor de camiones. La participación en misa todos los domingos es un valor para los católicos que quieren vivir en serio su fe.
Entre la multitud de valores, descubrimos que unos son más importantes, más hermosos y más nobles, porque llegan a aspectos centrales del corazón humano. Otros valores, en cambio, tienen una importancia menor, porque quedan en lo periférico, o porque producen un resultado muy pobre (el placer o la autocomplacencia son resultados efímeros y vanos de quien escoge valores empobrecedores), o porque satisfacen un deseo pero dañan al mismo tiempo dimensiones profundas de las personas. ¿No es un valor conseguir más dinero, pero no es un daño enorme conseguir ese dinero a través de un fraude?
Las diferencias que existen entre los valores permiten establecer una jerarquía entre los mismos. Hay valores más importantes y otros más accesorios. Hay valores que llegan al espíritu y otros que miran sobre todo al cuerpo. Hay valores que promueven la unión y la armonía entre los hombres y otros que llevan al egoísmo y a la violencia. Hay valores que sirven sólo para la vida terrena y otros que llegan a la vida que existe tras la muerte.
Cuando entendemos lo que es un valor, descubrimos que casi siempre está acompañado por un “antivalor” o un “desvalor”. El valor de la solidaridad encuentra su antivalor en la insolidaridad. El valor del respeto tiene su correspondiente antivalor en el desprecio, etc.
A lo largo del siglo XX algunos filósofos elaboraron listas de valores y establecieron una escala de los mismos. Como un ejemplo, tomado del P. Joseph de Finance (1904-2000), podemos clasificar los valores en estos grupos:
- a. Valores infrahumanos: existen realidades que valen para el ser humano en su dimensión más periférica. Por ejemplo, el placer, la fuerza física, la salud. Como dijimos, cada uno de esos valores tiene sus antivalores (el dolor, la debilidad, la enfermedad, etc.).
- b. Valores económicos y “eudemónicos”: realidades con las que el hombre cree alcanzar cierta ganancia o beneficio desde el cual puede luego conquistar otras metas. Por ejemplo, el valor de la prosperidad, del triunfo, del dinero, etc.
- c. Valores espirituales: realidades que valen porque permiten al hombre satisfacer sus deseos más profundos como persona, el conocer y el amar. Aquí encontramos los siguientes grupos de valores: del conocimiento (la verdad, la perspicacia, la memoria), de la experiencia estética (la belleza), de la vida social (la cohesión, la armonía, la solidaridad). También entran aquí los valores de la voluntad (fuerza de carácter, constancia). Algunos de estos valores se poseen de modo casi espontáneo; otros sólo pueden ser alcanzados después de un largo trabajo de formación y de esfuerzo.
- d. Valores morales: son valores que tocan al ser humano en lo más profundo de sí mismo, en el uso de su libertad, en su responsabilidad. La enumeración podría ser larga, pero podemos mencionar los siguientes: la bondad de corazón, la rectitud de conciencia, la sinceridad, la autenticidad, la lealtad, la laboriosidad, la fidelidad, la generosidad, la servicialidad, la magnanimidad, la justicia, la honradez, la gratitud, etc.
- e. Valores religiosos: son valores que se refieren a nuestras relaciones con Dios. Aquí podemos mencionar, por ejemplo, el valor de la oración, de la piedad, de la veneración, etc.
Si analizamos algunos programas para educar en los valores, notamos en seguida la ausencia de muchos de los valores que acabamos de mencionar, y la presencia de otros valores que tienen su importancia, pero que no son esenciales para la vida humana.
Por ejemplo, se habla mucho de la tolerancia, del respeto, de la apertura, del diálogo. Pero se olvida que cada uno de esos valores (a veces son virtudes) están relacionados o dependen de otros valores (y virtudes) sin los cuales no se consigue nada.
En otros programas hay cierta confusión, pues aparecen como superiores valores que son inferiores, si es que no se llega a mezclar valores y antivalores. Hablar, por ejemplo, del valor del sexo como si cualquier acto sexual fuese “valioso” por el hecho de producir un placer es no sólo contraproducente sino dañino, y lleva a consecuencias dramáticas al fomentar el desenfreno y la adicción (dos antivalores) en no pocos adolescentes.
Una sociedad que haga de la belleza física, de la “línea” (aparecer ante los demás con una figura juvenil), de la fuerza o del dinero los valores más importantes ha perdido la cabeza y avanza hacia su desintegración profunda, con consecuencias funestas en las vidas de miles de personas.
Para evitar esos errores, cualquier auténtica educación en los valores necesita reflexionar seriamente sobre lo que es el hombre y sobre aquellos bienes valiosos que le permiten acometer su existencia humana de modo correcto y bueno. Sólo con una buena antropología podemos reconocer la jerarquía de valores que pone a cada cosa en su sitio.
Los valores religiosos y morales son y deben ser los más importantes, porque se refieren a la dimensión decisiva de la existencia humana: su relación temporal y eterna con Dios y con los otros seres humanos. Luego siguen los valores del espíritu, que incluyen la disciplina mental para acceder a la verdad, para “retenerla” con una buena memoria y expresarla de modo claro y honesto; la fuerza de voluntad, que permite comprometerse en el trabajo, en el estudio o en las mil actividades de la vida familiar; la solidaridad, que lleva a los hombres a unir sus esfuerzos en la construcción de un mundo más acogedor; la justicia, que permite no sólo respetar los acuerdos o los derechos ajenos, sino promoverlos allí donde todavía son pisoteados... La lista podría ser muy larga, pero da una idea de lo urgente que es elaborar buenos programas de formación en los valores.
Una sociedad que sepa proponer un programa exigente y completo de valores, apoyados y vividos desde una educación para la virtud, permitirá que los niños, adolescentes, jóvenes y adultos maduren cada día en su humanidad, vivan abiertos a los demás, y se preparen en serio a la meta en la que se decide, para siempre, el bien verdadero de cada uno de nosotros: el encuentro eterno con Dios. ¿No debería ser esa la señal inequívoca de que hemos sabido ofrecer un buen programa de formación en los valores?
P. Fernando Pascual
Valores, ¿cuáles valores?
Democracia en los frailes
Los franciscanos de Valencia terminamos de tener un Capítulo provincial, esos encuentros en los que se eligen a los que van a desempeñar los cargos más importantes. Ha tenido lugar en el convento de Santo Espíritu del Monte del 5 al 10 de abril.
Y me ha parecido todo muy democrático. Los que estaban de superiores (Ministro provincial, Vicario provincial, Definidores, Guardianes) se han reunido, han dejado sus cargos, y han elegido a los que, en los próximos 3 años serán Ministro, Vicario y Definidores. Dentro de un par de meses se reunirán y nombrarán a los Guardianes, los superiores de los distintos conventos. Todo muy correcto, todo muy democrático.
Ya sé que me van a objetar que puede ocurrir que un grupo de los frailes consiga ser superiores que nombren a los altos mandos de entre los de su cuerda, que a su vez les premiarán volviéndoles a nombrar superiores de las casas...
Podría ocurrir. Y casi seguro que ha ocurrido más de una vez. Por eso el proceso democrático frailuno ha creado unas medidas correctoras. Si al capítulo va un número de religiosos, supongamos 15, entre Ministro provincial, Vicario, Definidores y Guardianes, vamos a determinar que vayan otros 15, del grupo de no superiores, elegidos por votación entre los no superiores. Esto equilibraría mucho la balanza y haría que fuera más difícil que un grupo de "amiguete" detentara el poder por los siglos de los siglos. Se les llama Diputados a capítulo.
Y otra corrección más: Todos los frailes de la Provincia eligen al que quieren que sea Ministro provincial. No es que lo elijan, pero determinan al candidato. En el Capítulo sólo se puede votar para Ministro a los tres religiosos que hayan obtenido mayor número de votos por votación general y directa.
No es que crea que la democracia es la fuente de todos los bienes, pero me gusta señalar el hecho. Creo que las Órdenes mendicantes, en el siglo XIII fueron muy avanzados al elegir unos superiores para un tiempo determinado, terminado el cual volvían a ser hermanos "rasos". Los nobles lo eran de por vida, al igual que los rangos militares. Y también los abades de los monasterios y los obispos.
San Francisco señala que los frailes se reunirán en Capítulo por Pentecostés para la renovación de los cargos.
Nuestras Constituciones generales señalan que el Ministro provincial es nombrado por un período de 6 años. Y sólo puede ser reelegido para otros tres más. Y los Definidores son nombrados para tres años. Son nombrados por el Capítulo provincial. Requieren la mayoría absoluta de los votos emitidos (la mitad más uno).

De izquierda a derecha: Hnos Miguel Almiñana y Fernando Fuertes, definidores, Juan Carlos Moya, Vicario provincial, Manuel Tohaces, Presidente del Capítulo, José Antonio, Ministro provincial, Joan Jordi Escrivá, José Manuel Sanchis y Rafael Colomer, definidores
