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La desamortización fue un largo proceso histórico-económico iniciado en España a finales del siglo XVIII por Godoy (1798) y cerrado ya muy entrado el siglo XX (16 de diciembre de 1964), y consistió en poner en el mercado, mediante subasta pública, las tierras y bienes no productivos en poder de las llamadas «manos muertas» que no las cultivaban, casi siempre la Iglesia Católica o las órdenes religiosas, que los habían acumulado como habituales beneficiarias de donaciones, testamentos y abintestatos, con el fin de acrecentar la riqueza nacional y crear una burguesía y clase media de labradores propietarios. Además, el erario obtenía unos ingresos extraordinarios con los que se pretendían amortizar los títulos de deuda pública. La desamortización se convirtió en el principal arma política con que los liberales modificaron el régimen de la propiedad del Antiguo Régimen, para implantar el nuevo Estado burgués durante la primera mitad del siglo XIX. EtapasI.- Godoy.- La primera desamortización fue realizada en el reinado de Carlos IV por Godoy y el ministro Cayetano Soler entre 1800 y 1808. En ella se desamortizaron bienes de la Compañía de Jesús, de hospitales, hospicios, Casas de Misericordia y de Colegios Mayores universitarios e incluía también bienes no explotados de particulares. II.- José I.- José I realizó también una pequeña desamortización que no implicó la supresión de la propiedad, sino la confiscación de sus rentas para el avituallamiento y gastos de guerra de las tropas francesas, de forma que se devolvieron en 1814. III.- Durante el Trienio liberal (1820–1823) se llevaron a cabo otras desamortizaciones tan poco ambiciosas como ésta e igualmente deshechas tras la caída del régimen liberal. Las realmente importantes fueron, sobre todo, las de Juan Álvarez Mendizábal y Pascual Madoz. IV.- Mendizabal.- La de Mendizábal, ministro de Isabel II, en 1836, tuvo unas consecuencias muy importantes para la historia social de España, porque sus resultados (ya no gestionados por Mendizábal, que cesó como ministro en mayo de 1836, sino por sus sucesores) fueron relativamente pobres; como la división de los lotes se encomendó a comisiones municipales, estas se aprovecharon de su poder para hacer manipulaciones y configurar grandes lotes inasequibles a los pequeños propietarios, pero sufragables en cambio por las oligarquías muy adineradas, que podían comprar tanto grandes lotes como pequeños. Los labradores no pudieron entrar en las pujas y las tierras fueron compradas por nobles y burgueses adinerados, de forma que no pudo crearse una verdadera burguesía o clase media en España que sacase al país de su marasmo. El 2 de septiembre de 1841 el recién nombrado regente, el progresista Baldomero Espartero, impuso la desamortización de bienes del clero secular excepto unos pocos. Esta ley durará escasamente tres años y al hundirse el partido progresista la ley fue derogada. En 1845, durante la Década Moderada, el Gobierno intenta restablecer las relaciones con la Iglesia, lo que lleva a la firma del Concordato de 1851. V.- Madoz.- Durante el segundo gobierno del progresista Espartero, su ministro de Hacienda, Pascual Madoz, realiza una nueva desamortización (1859) que fue ejecutada con mayor control que la de Mendizábal. El 1 de mayo de 1855 se publicaba en La Gaceta de Madrid y el 31 la Instrucción para realizarla. Se declaraban en venta todas las propiedades del Estado, del clero, de las Órdenes Militares, cofradías, obras pías, santuarios, del ex-infante D. Carlos, de los propios y los comunes de los pueblos, de la beneficencia y de la instrucción pública, con algunas excepciones. Igualmente se permitía la desamortización de los censos pertenecientes a las mismas organizaciones. Como resultado de las desamortizaciones muchos conventos e iglesias de valor artístico fueron abandonados o echados abajo y ahora han desaparecido o, en el mejor de los casos, son una ruina; igualmente, muchos libros y bibliotecas conventuales se dispersaron y sus libros fueron a parar en su mayor parte a las bibliotecas públicas de la época. ConclusionesEl injusto despojo, si se hubiera conseguido controlar eficazmente hubiera podido servir para resolver el déficit de la Hacienda, liquidar la deuda y promover una auténtica reforma agraria en beneficio de las clases humildes del campesinado. Pero no se consiguió ni lo uno ni lo otro. La inmensa masa de tierras puestas en venta en cada provincia disminuyó el valor de las mismas con la inagotable oferta. Los católicos sinceros se abstuvieron de la adquisición, con lo que se redujo la demanda. El temor a despojos y represalias si triunfaba el carlismo en la lucha entablada retrajo a los tímidos. El resultado fue que la desamortización se hizo en beneficio de aprovechados y desaprensivos ciudadanos y la clase media pudiente. Una buena parte de la propiedad agraria de nuestros días tiene su origen en eta auténtica depredación. Los testimonios irrebatibles de testigos presenciales de la operación, como Andrés Borrego, nos dejan sorprendidos. En la primera fase de la desamortización, el valor de los bienes vendidos se calculó en 6.000 millones de reales, pero sólo se pudieron obtener en la subasta 1.400 millones. El propio autor da fe de cómo el compadrazgo progresista redujo las tasaciones de las fincas en tal proporción que se adquirieron por precios irrisorios, sin descartar otros fraudes e inmoralidades. Es cierto que hasta el Concordato de 1851 no vieron definitivamente consolidada su propiedad, pero esta misma inseguridad de sus derechos los vinculó al régimen que les había favorecido. Mendizabal no ocultó nunca este premeditado plan con un clara intención política. La desamortización vino a fijar posturas antagónicas entre moderados y progresistas. Aquellos, sin pretender dar marcha atrás, por imposible, aspiraron a detenerla; en cambio, éstos impondrán a lo largo del siglo, con criterio cerrado, medidas cada vez más radicales.
La desamortización de ZapateroJorge Vilches en Libertad digital. Octubre 2004 Es el banderín izquierdista de enganche a un Ejecutivo inactivo
y descoordinado, la resurrección de un anticlericalismo muy ajado
y carca, pero que aún funciona en ciertos sectores de la izquierda
El guerrismo soñaba con un plan que hiciera desaparecer a la Iglesia
de los ámbitos sociales y educativos, y ya lo tiene. El bloque
de medidas del Gobierno Zapatero contra la Iglesia católica incide,
precisamente, en sus dos pilares fundamentales: la educación y
la financiación. Es la amenaza de borrar a la Iglesia de la faz
pública de la tierra, de arrinconarla junto al estudio de Platón
y Marx, de Osiris y Zeus. No ocurrió durante los gobiernos de Felipe
González, y quizá por esto mismo vale la pena el intento
de desentrañar el por qué, ahora, los socialistas insisten
en arremeter contra la Iglesia.
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