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Nota histórica.

Deseosos de mayor vida de perfección, los Venerables Fr. Raimundo Sanz, Fr. Sancho de Fababux y Fr. Antonio Monrós se establecen en unas cuevas o eremitorios alrededor de la villa de Chelva, en 1373. La legalización y construcción del convento se debe a don Pedro Ladrón de Vilanova, primer Vizconde de Chelva, por mediación del Cardenal Legado don Pedro de Luna, después Benedicto XIII. Con la aprobación canónica de 1388, y con los conventos de Manzaneda, de Santo Espíritu (1402) y de Segorbe (1415), queda constituida una Custodia, por Bula del Papa Martino V, que fue la primera de los Observantes en España, siendo Chelva el primero de sus conventos.

Nueve celdas, pequenas y "humildes y de suma pobreza, que la caridad de los bienhechores fue convirtiendo, poco a poco, en una casa relativamente confortable. En 1400, Fr. Antonio Morro, un asceta desviado, destruyó casi por completo el convento, en su error de creerlo lujoso.

En 1401 se reconstruye con el favor de doña María de Luna, quien en 1402 regaló 50 florines de oro para ayuda del convento. En 1518 el obispo de Segorbe-Albarracín, don Gilaberto Martí, construye el claustro, y en 1551 se levantó la hermosa iglesia gótica, costeada por los Vizcondes de Chelva, don Francisco Ladrón y doña Inés Manrique. La, bendice el Obispo de Segorbe, don Juan Muñatones, y celebra la misa solemne el P. Guardián, Bto. Nicolás Factor.

Fachada de la iglesia

En 1524 fue señalado este convento como casa de recolección. Erigida en Provincia la Custodia, en su Primer Capítulo Provincial, año 1560, se destina para los Estudios de Filosofía, hasta la exclaustración de 1835.

En la Guerra de la Indepedencia, el Delegado de la Administración de los Bienes Nacionales quiso vender en pública subasta el convento y huerto, pero ningún chelvano quiso adquirirlo, por respeto a los frailes. Entonces, Fr. José Chorro, lego, tomó en arrendamiento el huerto y compró los enseres de la casa. Derrotados los franceses, vuelven los frailes, hasta que son exclaustrados en 1835.

La restauración del convento se debe a doña Concepción Salazar de Ezpeleta, propietaria del solar y de su huerto, quien lo donó a la Provincia en 1908. El 15 de noviembre de este año llegó la primera Comunidad, compuesta por dos padres y dos legos, siendo Superiorel P. Dionisio Boix.

Habiendo quedado completamente derruidos iglesia y convento, se instalaron en las venerandas Cuevas de los Mártires, llamadas así porque allí moraron los Beatos Mártires de Granada, Fr. Juan de Cetina y Fr. Pedro de Dueñas, con el Beato Francisco Pinazo, mártir de Damasco.

En noviembre de 1911 se destinó este convento a Casa de Retiro, observando fielmente unos Estatutos peculiares para esta Casa, redactados a base de los Estatutos Generales de los Sagrados Retiros de toda la Orden, que fueron aprobados por el Definitorio General de Roma, y luego revisados y corregidos a tenor del nuevo Código de Derecho Canónico.

En el largo período de reconstrucción intervienen Fr. Ricardo Colechá, hermano lego, al frente de las obras de la iglesia, que se inauguró solemnemente el 26 de octubre de 1913, y Fr. Mateo Company, también lego, al frente de las obras del convento, que se inauguró el 1 de julio de 1916.

Hasta el nefasto año de 1936 son muchos los religiosos de nuestra Provincia que dan ejemplo en toda la comarca de su vida de santidad, mereciendo el 9 de agosto de este año la palma del martirio los miembros de la Comunidad, constituida por el P. Francisco Palací, Guardián; P. Godofredo Aleixandre, ex-Secretario Provincial; P. Dionisio Boix, primer Superior de esta Casa, ex-Guardián de Santo Espíritu y ex-Comisario de Tierra Santa en Uruguay; P. Ricardo Bueso; Fr. Francisco Oliver, laico, y el Hno. Diego Pérez, Terciario Profeso.

Dada la escasez de hermanos y la imposibilidad de vivir la vida del Santo Retiro, en la Congregación Provincial de 1964 se redujo a casa dependiente del convento de San Lorenzo de Valencia.

Interior de la iglesia del convento de Chelva

Vista del convento y de la iglesia desde el patio del convento

Hoy en día es utilizado por el Departamento de Pastoral Juvenil y Vocacional para celebrar la Pascua Joven, un Campo de trabajo durante el verano y algunos retiros.

Durante los años2005-2012 ha funcionado una Comunidad franciscana que se ha reunido un fin de semana cada mes para rezar y compartir la fe. Está formada por seglares que acuden en familia, con sus hijos pequeños también y algunos religiosos. En la página del enlace pueden encontrar reseña de las actividades realizadas en algunos de los últimos encuentros.

Benjamín Agulló.- Seráfica provincia de San José de Valencia, Aragón y Baleares. Valencia 1965

Las cuevas del convento de Chelva

Cuando en Chelva se habla de las Cuevas del Convento todos somos conscientes de que se está hablando de las "Cuevas de los Santos Mártires", lugar donde se ha situado la primera fundación del Convento y que aún se conserva, estando formado por varias cuevas, el cementerio y una pequeña iglesia hoy en ruinas. Todo el recinto se encuentra cercado por una muralla que engloba tanto las primitivas "Cuevas" como las instalaciones construidas durante sucesivos siglos: el claustro, la iglesia gótica con portada renacentista, el refectorio, las celdas, varios corrales y almacenes, dependencias en las que ha dejado su huella tanto el transcurso del tiempo como la actividad humana —especialmente la desamortización y las guerras de la independencia, carlista y civil— y su propia inactividad: huertas y bancales de secano hoy olvidados por los religiosos al no existir una vida conventual continua.

Convento de Chelva

Las Cuevas se encuentran situadas en la parte alta del recinto, junto y bajo el camino de Busera, antigua aldea medieval hoy desaparecida que dio lugar al nombre de una partida del término. Aunque se puede acceder a las mismas por el camino indicado, se suele utilizar un fresco camino que mira al cielo y está bordeado por cipreses que nos conducen a la puerta principal del Convento que, en palabras de cronistas de otros tiempos, se encuentra enclavado en un sitio agradable, con un bosquecillo alegre por una parte y, por la otra, con abundantes fuentes y arroyos que lo hacen ameno y delicioso.

En ese maravilloso lugar aparecieron en 1373 tres frailes franciscanos que se habían dado por perdidos después de haber desaparecido de Zaragoza. El motivo de la desaparición de su convento fue su disconformidad con la relajación de la disciplina religiosa a la que se había llegado. Buscando algún paraje apto para reanudar su vida regular al estilo originario de su fundador San Francisco de Asís, aparecieron cerca de Chelva, en un frondosa ladera al oeste de la villa. Sus nombres eran fray Raimundo Sanz, fray Sancho Fababux y fray Antonio Monrós, eligiendo las Cuevas como humilde morada.

Cuevas

El señor de la villa, Don Pedro Ladrón de Vilanova —en 1390 le fue concedido el título de vizconde de Vilanova y Chelva— les consiguió en 1388 autorización para la fundación de un convento de parte del cardenal Don Pedro de Luna -años más tarde Benedicto XIII- legado apostólico del papa Clemente VII, quien el 13 de mayo de 1390 firmaba en Aviñón la Bula "Sacrae Vestrae Religiones" que regulaba su vida. El primer convento, al que acudieron abandonando las primitivas Cuevas, fue una pobre y humilde fábrica diseñada como por la mano misma de la pobreza. Lo componían nueve celdas angostas y reducidas junto a una pequeña iglesia para celebrar los sagrados oficios, dependencias que fueron construidas a expensas del Vizconde de Chelva, quien en su testamento de 1408 constituyó un mayorazgo y ordenó a sus herederos que dedicasen parte de sus rentas a la construcción de un gran complejo conventual, así como la construcción del convento franciscano de Manzanera, señorío que poseía en el reino de Aragón. Con ambos conventos y con los del Santo Espíritu en Gilet y el de San Blas en Segorbe, se constituyó la primera Custodia Observante de España el 26 de julio de 1424 mediante la Bula "Ad ea quae ex apostolicae" concedida por el papa Martín V por recomendación de fray Juan de Tahuste, obispo de Segorbe. El convento de Chelva fue el primero de España de la Observancia o reforma franciscana.

Cuevas de los mártiresEntre 1388 y 1391 vivieron, en las primitivas cuevas del Convento, el Beato Juan de Cetina, sacerdote, y el Beato Pedro de Dueñas, lego, quienes se preparaban para ir de misioneros al reino musulmán de Granada, hacía donde partieron en enero de 1397. Allí fueron encarcelados y encontraron la muerte ante el emir Abu Abdallah Muhammed VII, quien después de torturarlos los decapitó personalmente el día 19 de mayo. Sus reliquias fueron rescatadas por unos mercaderes catalanes que las enviaron a la catedral de Vich y a los conventos franciscanos de Sevilla y Córdoba. Fueron beatificados por Clemente XII en 1731.

Según la tradición, en la cueva mayor de todas que tiene una estancia situada bajo el camino de Busera, el padre Vicente Mares, cronista del siglo XVII, nos cuenta que estando Juan de Cetina en su interior hablando con otro compañero profetizó su martirio diciendo: "Hermano, yo he de ser mártir, más mi compañero en el martirio no seréis vos, sino el que ahora pasa por encima de nosotros con una cesta de uvas". Precisamente era Pedro de Dueñas, que regresaba al convento con una cesta llena de uvas de las muchas viñas que tenía el vizconde en aquella partida.

 

Es pues, en honor a los Beatos Juan de Cetina y Pedro de Dueñas, por lo que las cuevas del Convento de San Francisco de Chelva recibieron el nombre popular de las "Cuevas de los Santos Mártires". En las mismas también habitó el Beato Francisco Pinazo, natural de El Chopo (Alpuente), mártir en Damasco el año 1860. Y entre los religiosos que habitaron en el Convento no podemos olvidarnos del Beato Nicolás Factor, excelente poeta, músico y pintor, que estuvo como guardián entre 1557 y 1559, abad en los conventos franciscanos, del que se comenta que hizo varios milagros, como aquel en que multiplicó prodigiosamente el trigo del granero para darlo a los pobres, y en otra ocasión, cuando el Vicario de la iglesia de Chelva le pidió que llevase el Santísimo en la procesión del Corpus, y habiendo llovido al llegar la comitiva a la esquina de la calle de La Parra, una de las entradas a la antigua judería, donde había un gran charco de barro, el beato Nicolás se detuvo, se arrobó y comenzó a elevarse corporalmente, prosiguiendo hasta mitad de la calle del Portal del Pico, desde donde descendió lentamente a la vista de todos los presentes que pudieron dar fe del milagro.

Chelva, sin sus franciscanos y su responsabilidad, servicio y armonía, nunca hubiera sido la misma.

Vicente Vallet Puerta, Cronista oficial del Vizcondado de Chelva