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Desde tiempos del mismo san Francisco de Asís, sus religiosos han estado encargados de la custodia de los lugares de Tierra Santa; custodia que han llevado a cabo con grandes sacrificios, incluso con el derramamiento de sangre por parte de muchos de ellos.

Corría el año 1856. El sultán Abdul Megid publicó un decreto imperial por el que se suprimía toda distinción civil entre cristianos y musulmanes en el Imperio otomano. Sintiéndose algunos grupos sectarios ofendidos por haberlos igualado a los cristianos, a quienes se consideraba como inferiores, comenzó en el Medio Oriente un período de sangrientas persecuciones contra las comunidades cristianas, arreciando especialmente en Siria por obra de los drusos durante el año 1860.

Los drusos llegaron a Damasco la vigilia del Ramadán, y el 7 de julio comenzaron las matanzas de cristianos. En la noche del 9 al 10 del mismo mes asaltaron la residencia franciscana y asesinaron bárbaramente a sus once moradores, siete de ellos españoles, y entre los mismos se encontraban el padre Carmelo Bolta Bañuls y el hermano no clérigo Francisco Pinazo Peñalver, los dos valencianos.


Beatos Francisco Pinazo y Carmelo Bolta en una vidriera de
la iglesia de San Francisco de Teruel

Carmelo había nacido en el Real de Gandía el 29 de mayo de 1803, recibiendo en el bautismo el nombre de Pascual, que al entrar en religión cambió por el de Carmelo. Su tío, el padre Isidoro Bañuls, le orientó para que ingresase en la Orden franciscana. Este religioso franciscano, después de estar desde 1823 a 1833 como procurador general en Tierra Santa, cuando se encontraba de regreso a España el 22 de julio de 1833, murió a manos de piratas greco-ortodoxos, a la altura de las costas de Chipre, junto con otros cinco misioneros franciscanos.

A los 21 años comenzó Carmelo el noviciado en el convento de San Francisco de Valencia. Después de haber hecho la profesión religiosa cursó los estudios eclesiásticos en los conventos de la Corona de Valencia y Játiva. Ordenado presbítero en 1829 pasó como predicador al convento de San Blas de Segorbe. En julio de 1831, junto con otros 23 compañeros se trasladó a la Custodia de Tierra Santa, adonde llegó el 3 de agosto.

Después de visitar los principales santuarios, fue nombrado superior del convento de Jaffa. Aprendió las lenguas orientales con gran facilidad, predicando con gran soltura en árabe y griego. Durante 10 años estuvo dedicado a la enseñanza de los estudiantes de la Orden de Jerusalén, siendo durante dos veces superior del convento de Damasco y párroco de los católicos de San Juan in Montana.

En octubre de 1858 fue nombrado párroco de los católicos de Damasco y profesor de árabe para los jóvenes sacerdotes y para las escuelas que sostenía la misión católica, en cuyo cargo recibió la palma del martirio la noche del 9 al 10 de julio de  1860.

Junto con el beato Carmelo fue martirizado en Damasco el hermano Francisco Pinazo Peñalver. Nació en Alpuente, en la ladea de Chopo, el 24 de agosto de 1802. De pequeño se dedicó, como pastor, a cuidar el ganado de sus padres, y, ya en la adolescencia y juventud, se dedicó a las tareas del campo. Desengañado por el contratiempo que tuvo con su prometida que lo pospuso a otro joven, ingresó en 1825 en el convento franciscano de Chelva, donde estuvo como postulante seis años.

A principios de 1831 comenzó el noviciado como hermano laico en el convento de San Francisco de Valencia, profesando en febrero de 1932. Fue enviado seguidamente al convento de clarisas de Gandía, donde una pequeña comunidad de franciscanos las atendía espiritualmente. En 1835, y a los pocos años de sus estancia en Gandía, se produjo la desamortización de los bienes eclesiásticos por orden del ministro Juan Álvarez Mendizabal. Francisco tuvo que abandonar su condición de religioso, pero pudo continuar con el cargo de sacristán de la iglesia del monasterio de clarisas de Gandía, no afectada por la ley de desamortización eclesiástica.

Anhelando llevar una vida regular y vestir el hábito religioso embarcó en el verano de 1843 para Tierra Santa, donde llegó en el octubre inmediato. Su primer destino fue Damasco, donde permaneció seis años con los cargos de cocinero y sastre. Regresó en 1858, después de haber residido en el Santo Sepulcro, Nicosia, Nazaret, Jaffa y San Juan in Montana. En la madrugada del 10 de julio de 1860, encontrándose con otro religioso en la azotea del convento, los drusos, que lo habían asaltado, los arrojaron desde lo alto, rematándoles a golpes de maza.

Fueron beatificados, junto con otros compañeros, por el papa Pío XI el 10 de octubre de 1926. La diócesis de Valencia celebra su fiesta litúrgica el 10 de julio.

Arturo Llin Chafer, presbítero.