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Bto Juan de Cetina.
Vidriera de la iglesia de San Francisco. Teruel

 


El Bto. Juan  o también, Juan Lorenzo, nace en Cetina a mediados del siglo XIV (1350-1360) en el seno de una familia de escasos recursos. Se le impone en el bautismo el nombre de Lorenzo. En su hogar aprende las primeras letras y siendo todavía niño comienza a trabajar en casa de una familia acomodada. 

 

Calle de Cetina con la iglesia al fondo

Pronto percibe "los peligros del mundo" y se retira como anacoreta a la ermita de San Ginés, en Cartagena. Toma el hábito franciscano en el convento de Monte Sano tomando el nombre de Juan, y después de terminar los estudios teológicos, es ordenado sacerdote en Monzón (Huesca), amplía sus estudios teológicos en Barcelona y es maestro y predicador en Valencia. En Barcelona se dedica según los cronistas franciscanos a la predicación dónde logra cierto éxito, convirtiendo a judíos y moros.

Se retira un tiempo en el convento de Chelva (Valencia) donde lleva una vida de suma pobreza. Hasta allí llega la noticia del martirio de cuatro hermanos de su Orden ocurrida en Jerusalén y él llevado de su vocación misionera desea predicar el Evangelio en tierras del Islam.

Procesión del Bto. Juan Lorenzo en Cetina

Ilusionado por dar la vida por Cristo, marcha a Roma, para que el papa le conceda licencia para partir a Tierra Santa, licencia que no consigue. De regreso a España, solicita a sus superiores autorización para misionar en Granada, tierra de moros. Como la licencia se retrasa, se retira al convento de San Francisco del Monte (Córdoba), donde sobresale por su vida austera y sacrificada y, también por sus milagros. Por fin, el 28 de enero de 1397, en compañía del beato Pedro de Dueñas, entran en Granada, donde se encontraron con un tal fray Eustaquio, portugués de nacimiento y religioso franciscano, capellán y confesor de los mercaderes cristianos, y que intentó disuadirles de su propósito haciéndoles ver el peligro que corrían. Su predicación es elocuente y fructífera: muchos musulmanes se convierten a Cristo. Caen prisioneros, son encerrados en la Alhambra y el 19 de mayo de 1397, el mismo rey de granada, Muhammad VII (1391-1407), a quien las crónicas llaman Mahomat Aben-Balba, los decapitó.

Sus cuerpos arrastrados fuera de la ciudad son recogidos por algunos mercaderes y sus reliquias distribuidas por distintas partes de España. Muy pronto comienzan a obrar estos siervos de Dios curaciones milagrosas, extendiéndose su fama de santidad.

En la Basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, en la cúpula del altar mayor y hacia la Sacristía se encuentra representado nuestro Santo en primera línea junto con Santo Dominguito de Val, San Lamberto, San Pedro Arbués y otros santos mártires aragoneses, pintados por Marcelino Unceta en 1870.