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EL AMOR DE UN HOMBRE, UN AMOR SANTO

Verushka Ribera Gomis
Alumna de COU

Alguien dijo una vez: "El amor si no se comunica, muere".

Digo esto porque me gustaría hablaros de alguien que supo mucho de Amor y de su transmisión a los demás.

Es evidente que Antonio, San Antonio de Padua, no alcanzó a conocer esta cita, pero, de lo que sí estoy segura es de que conoció la auténtica verdad que ésta contiene sin necesidad de haber escuchado dicha frase; porque si algo ha de destacarse de la figura de San Antonio, es sin duda alguna, el amor, AMOR con mayúsculas, que profesará en cada instante de su vida hacía sus hermanos y hacia Dios, sobre todo.

Si, San Antonio de Padua derrochaba AMOR FRATERNO "por todos sus costados".

San Antonio
El Greco

Si yo misma me viera, en la situación de tener que describir a San Antonio con un solo adjetivo, no lo pensaría dos veces: San Antonio fue sobre todo "amante", el mejor de todos los amantes habidos sobre la faz de la tierra. Pero, por favor, que no se me malinterpreten cuando me refiero así a él, con este calificativo, pues lo apunto en el sentido más estricto del término y que cualquiera puede comprobar recurriendo al diccionario: "amante: que da amor", San Antonio, seguidor al fin de San Francisco, amó todo lo que le rodeaba, ya fueran hombres, animales, plantas... Todas las cosas bellas creadas por la mano de Dios gozaban del amor de Antonio (buena prueba de ello la tenemos en el pasaje en que San Antonio habla a los peces).

Llegados a este punto, tal vez haya quien se pregunté algo que yo misma me pregunté al repasar la vida de este santo modelo. ¡Es que San Antonio, si supo amar así, no sentiría también odio alguna vez en su vida? ¿Ni una sola vez, al menos?. Poco importa. Todavía no he encontrado respuesta a estos interrogantes, pero me inclino a pensar que no, que efectivamente San Antonio no albergó este sentimiento en su espíritu, ya que poseía o por lo menos así me lo ha mostrado mi fuente de información, los más bellos dones de corazón y espíritu que Dios puede otorgar a un hombre: en San Antonio se concentran la bondad, la humildad, la comprensión, el servicio, la pureza, el optimismo, el ensueño... y otras muchas cualidades que harían esta lista interminablemente interminable. Por todos ellos, Antonio daba gracias a Dios cada día de su vida y lo hacia del mejor modo que sabía, no sólo con sus oraciones sino cumpliendo y difundiendo el mensaje de Jesucristo: "Amaos los unos a los otros como yo os he amado". Para tal tarea San Antonio ejercitaba en todo momento los dones que Dios le había reglado, aprovechándose de semejante obsequio y sacándole el máximo partido. Con la mejor muestra de dones espirituales e intelectuales (ya que también poseía la cualidad de estudioso y gran predicador), San Antonio fue capaz de servir a Dios como pocos lo han conseguido hasta hoy: todo lo que habitaba en su interior lo ponía de manifiesto mediante la palabra y la acción.

Con ello se ganó la admiración y el seguimiento de muchos, pero también el odio de otros tantos.

La verdad es que fue una vida dura la suya, una dureza que para él llevaba el reverso de la satisfacción, en la medida que su mayor anhelo fue dar la vida por aquello que tanto amaba: Dios y los hombres. Y así fue.

No sé si por causa de la edad o por los resabios de la enfermedad contraída en Marruecos, se le resintió el cuerpo. Un día, mientras descansaba, la hermana muerte visitó la alcoba de Antonio; el humilde predicador no opuso reparo alguno en aceptar su invitación a marchar hacia otra vida cuyo dueño le esperaba a las mismas puertas del Cielo.

Lo que San Antonio no sabía en aquellos momentos. es que él nunca se marcharía de este mundo, donde ha dejado una huella indeleble. Su obra y el recuerdo de su persona quedará grabado eternamente en aquellos que tengan la oportunidad de conocerlo y contemplarlo a través de los testimonios que de él nos han dejado sus contemporáneos, del mismo modo que ya quedó grabado en aquellos a quienes beneficio y tuvieron la suerte de compartir su presencia.

Alguien dijo una vez: "El amor si no se comunica, muere" El de San Antonio, aún da claros signos de vida.