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FARO QUE CONDUCE AL PUERTO SEGURO

Beatriz Pradillos Díes
Alumna de COU

San Antonio
atribuido a Marco Basaiti

En esta década, al igual que en muchos otros fines de siglo, la humanidad vuelve a temer por eso que llaman "el fin del mundo" Hoy el mundo, este en que vivimos, está lleno de charlatanes que se proponen cautivar a la gente que ha perdido la confianza en sí mismo, en sus creencias, que ha perdido su personalidad.

Ahora es cuando, en verdad, necesitamos la presencia de una luz clara que nos lleve a tierra firme y es justo ahora cuando resulta difícil de encontrar esta luz; es hoy cuando verdaderamente estamos perdidos en la inmensidad de un océano de dudad sobre los principios morales y éticos de esta sociedad que nos ha tocado vivir.

Necesitamos de la presencia ejemplar de hombres que con su vida y su palabra, den un claro ejemplo de la verdadera pauta, del itinerario posible hacia Dios. Es lo que ha venido con todos los santos a quienes la iglesia, al canonizarlos como tales nos los propone como ejemplo para seguir; santos como San Antonio, San Francisco, Santa Teresa, que con su palabra y obras mostraron al mundo la verdad de su vida.

San Antonio, por otra parte, fue docto teólogo a quien San Francisco le enconmendó la tarea de formar al resto de los hermanos, en los misterios de la sabiduría y los recursos de la exposición oratoria, para armarles en la tarea de conversión a Cristo.

Con el tiempo se ha olvidado su verdadero perfil, modificado por este otro utilitario y milagrero que más complace a la gente necesitada de protección y amparo. Se necesita que alguien recuerde esa y otras tantas personas que fueron en su época faro y ejemplo a seguir. Difícil tarea la de recordar al mundo la verdad cuando se vive más cómodamente en la mentira y las falsas apariencias: Ocurre que todos buscan esa verdad necesaria y muchos se pierden en el camino. Es válido el recuerdo de la labor espléndida que a favor de la verdad hizo San Antonio, Doctor Evangélico, y que con otros santos representativos de cada época facilitan que Dios mismo se haga presente a la humanidad entera.