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UN INTERROGANTE SOBRE LA PERFECCIÓN Y LA SANTIDAD, HOY

Yaiza Aznar Artiles y Elena Albelda Gimeno
Alumnas de COU

Conocer a San Antonio no es tarea fácil, y más cuando son escasos los documentos que nos aportan datos sobre su vida mundana. No ocurre así, afortunadamente, en el campo espiritual, donde el camino seguido por este discípulo de Cristo es hoy modelo y guía para quienes desean alcanzar el más preciado tesoro: Dios.

San Antonio
Francisco Allegrini. 1640

Hoy en día los hombres disculpan su actitud pasiva ante el modo de actuar cristiano, afirmando la imposibilidad de lograr esta realidad en la sociedad que nos envuelve. Un mundo en el que privan unos valores que nos llevan a la comodidad, el consumismo, la superficialidad y el egoísmo; en definitiva, actitudes totalmente opuestas a las que el Santo tomaba frente a situaciones equiparables a las actuales. Claro está, hablamos de épocas separadas por una diferencia temporal notable, bien que, aunque ello influya, no es causa última para desestimar el ejemplo que él nos dio; puesto que la infravaloración a la que están sometidos los ideales vividos y defendidos por San Antonio en estos días, sí guardan relación directa con el tratamiento que recibieron por parte de sus coetáneos. Estos últimos, al igual que nuestro incansable pescador de hombres, eran, a veces, gentes adineradas, de fácil acceso a los placeres terrenales tales como la lujuria, la codicia o la soberbia, que quizá por la familiaridad que con ellos él mantenía supo dejar de lado para dedicarse, en cuerpo y alma, a otra vida que le llenaba por completo, y a la que sí encontraba sentido.

El interrogante acerca de si es posible la perfección y la santidad hoy por hoy ya ha sido planteado; y la respuesta empieza a adivinarse. Si éstas fueron posibles hace más de siete siglos, ¿por qué no han de serio ahora? El hombre sigue siendo hombre y goza incluso de más privilegios que poner al servicio de los demás, por lo que no hay motivo que justifique nuestro comportamiento egoísta.

Uno de los aspectos más destacados que caracterizan el modelo de vida propuesto por San Antonio es, sin duda, la oración, momento en el que tendremos que hallar el silencio en el más atrayente ruido. Es tarea ardua, pero indispensable para conseguir la ayuda divina. Ya habiendo sido inspirados, seremos capaces de demostrar con actos nuestro compromiso cristiano; pudiendo de esta forma llevar a cabo una vida espiritual acorde con la del santo.

Santidad y perfección no han de ser una utopía, sino una de las realidades más plausibles que se forjarán gracias al afán y a la voluntad de superación en nuestro quehacer diario. Ninguna batalla se ha ganado en dos días, ni tampoco se ha hecho interminable. Tenemos tiempo, pero debemos comenzar ya y dedicar toda nuestra vida.

San Antonio será horizonte cuando tú luches porque el mar de la existencia te conduzca a él, pero se convertirá en algo muy lejano desde el momento en que nos equivoquemos de rumbo.