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Como Antonio debemos acercarnos a la palabra de Dios no por curiosidad científica, ni por orgullo intelectual o por instinto de dominio cultural, sino, sobre todo y primeramente, para acogerla como manantial de meditación fecunda, como llamada a la conversión diaria, como punto de referencia constante de la predicación, como estímulo de vida evangélica, en comunión fraterna con el hombre y la naturaleza. (Carta de los Ministros Generales de la. Familia Franciscana con
motivo del VIII Centenario del nacimiento de San Antonio)
Grupo de COU, curso 94-95 Los alumnos de COU escriben sobre S. Antonio: SAN ANTONIO DE PADUA Ana Sebastián Vendrell y Mª Amparo Carpena Pocos son los que conocen bien la vida de San Antonio de Padua, sin embargo mucha gente ha depositado su fe y su confianza en este santo, a lo largo del tiempo. Porque, ¿quién no se ha acordado de él cuando se ha visto ante una dificultad, c quién rió le ha pedido la. salud y protección contra los accidentes y enfermedades?, en cambio, ¿quién sacié en qué lugar nació? ¿Cuál era su nombre de pila? ¿Por qué se hizo franciscano? Conocido mundialmente por San Antonio de Padua, para Portugal, su país natal, será siempre San Antonio de Lisboa (nosso Santo Antonio).
Nació en 1195 según sus biógrafos y en 1190-1191 según e examen de sus restos mortales, aunque nos guiamos por la fecha de 1195 por lo que este año celebramos el VIII centenario de si nacimiento. Hijo de familia noble y profundamente creyente, sus padres lo bautizaron con el nombre de Fernando. Se crió en un ambiente religioso y humilde entre la familia y la escuela, donde ya destaca por su memoria y sabiduría. Se cuenta que un día su padre le encargó que cuidara un campo de trigo, para que no lo malograran los pájaros glotones. Estando allí, Fernando se acuerda de que e, la hora de la oración, llama a los gorriones y les da la orden de no picotear el trigo, y así, tranquilamente acude a la catedral. A si vuelta encuentra el trigo sano y salvo. Observamos aquí los indicios de la que es su vocación. Ya a los quince años Fernando toma la decisión que marca toda su vida: adopta el hábito canónico en el monasterio de la orden de San Agustín. En estos. tiempos Fernando ve, en la conversión de Sal Francisco de Asís, un ejemplo válido. Se traslada a Marruecos donde empieza a predicar la Palabra de Dios, en seguimiento di cinco hermanos decapitados por proclamar su fe en Dios. Ésta había sido una de las causas que le motivaron a ordenarse franciscano, y a seguir los pasos del hermano Francisco y es en este momento cuando empieza a llamarse Antonio. En estas tierras africanas San Antonio contrae la malaria, enfermedad que le dejará secuelas, que mermarán su actividad, hasta el día de su muerte. San Antonio fue un hombre al que le gustaba la soledad, la reflexión y meditar la Palabra de Dios en silencio, pero nunca dio conocer su sabiduría hasta que, un día, en Italia, incitado a hablar obre el Espíritu Santo, deslumbró a todos sus oyentes con su discurso. Pero no fueron sólo los hombres quienes escucharon a San Antonio, sino que también dejó maravillados a los peces con sus palabras. Así, estando un día San Antonio paseando por la desembocadura del río, a orillas del mar, desatendido por los hombres, se dirigió a los peces diciéndoles: "Escuchad la Palabra te Dios". Apenas hubo hablado, una multitud de peces emergieron, ce acercaron a él y permanecieron atentos, vueltos hacia el rostro de San Antonio. Este es uno de los milagros que se le atribuyen aún en vida. También, una vez muerto, inválidos que iban a visitarle y tocaban su tumba, se curaban: hubo ciegos que veían, sordos, que oían; cojos, que andaban; mudos, que hablaban, etc. San Antonio escribió un sermón para cada domingo, reflexionando sobre la Palabra de Dios y enlazando constantemente el Antiguo y Nuevo Testamentos, porque juntos constituyen "la única verdadera ciencia que enseña a amar a Dios, a despreciar el mundo y a sujetar la carne", porque Dios los ha dispuesto sabiamente "de tal suerte que el Nuevo esté oculto en el Antiguo y, en el Nuevo se desvele el Antiguo" (Dei verbum, 16). Estos sermones, conservados aún, sirvieron de ayuda para enseñar a transmitir la catequesis, en un lenguaje comprensible y como respuesta a las necesidades de los hombres de aquella época. El proyecto de San Antonio de defender la justicia y amar a los pobres, ha continuado hasta nuestros días, a través de la "Caritas Antoniana" de Padua el desarrollo en favor de los países del Tercer Mundo.
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