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SAN ANTONIO Y NUESTRO COLEGIO¿Por qué "Colegio san Antonio'? La advocación que se adopta para designar nuestro Centro educativo, por su carácter católico y franciscano, tiene una evidente finalidad expresa en sí misma: la devoción hacia un santo comprometido con la cultura, franciscano y peninsular. San Antonio fue el primer profesor que tuvo la Familia Franciscana, designado a este fin por el propio fundador de la orden, san Francisco. Pero, quizás, deberíamos empezar por su vida. No se llamaba Antonio, sino Herrando, y no era de Padua, sino de Lisboa. Elige otro nombre y otra vida para convertir infieles en África, y llegado el caso, morir mártir, pero los caminos de la Providencia escriben recto con renglones torcidos, y le llevan a Italia, donde el que había estudiado teología en Coimbra, será humildísimo franciscano hasta dedicarse a predicar con portentosa eficacia. Su santidad Juan Pablo II dice de san Antonio: `De la sed de Dios y de! anhelo de Cristo nace la teología que, para san Antonio era irradiación del amor a Cristo: sabiduría de inestimable valor y ciencia de conocimiento. San Antonio vivió este método de estudio con una pasión que le acompañó durante toda su vida franciscana. El mismo san Francisco le había designado para enseñar la Sagrada Teología a los hermanos, recomendándole, sin embargo, que en dicha ocupación se cuidara de no extinguir el espíritu de oración y devoción. " La anécdota de cierto ladrón que le robó un manuscrito y se sintió al punto irresistiblemente empujado a devolvérselo, ha hecha que el culto popular a san Antonio le convierta en el santo especializado en hallar lo perdido. Se le canonizó antes de cumplirse un año de su muerte ocurrida cerca de la ciudad de Padua, de la que es famoso patrón celestial, hasta apellidarle, y uno de los santos más simpáticos, venerado y hasta asequible en todo el catolicismo, que añade a su perfil, cierto y comprobable un plus de ingenua piedad –interesada, como todo lo nuestro- que nos conmueve particularmente. Su obra escrita, fruto final de su densa actividad apostólica aún perdura y pronto recibirá cabal edición en nuestro país por parte de franciscanos españoles. No se trata, por tanto, de un mero signo distintivo entre muchos sin más, el que se le eligiera como bogado y patrón de los estudiantes de este Centro. Es, pues, razonable que un colegio franciscano se acoja al patronazgo de un santo propio y sabio. Recordemos que fue una deja del noble hidalgo D. Agustín Oquendo, la que posibilitó en su día la apertura del Colegio, lejos ya de los días de la exclaustración que alejó de la localidad a los frailes, y que fue su fundador el padre Francisco Ferrer quien dispuso, en buena hora, la advocación que campea hasta hoy en el pórtico del edificio que alberga al colegio. Todo comenzó el 12 de noviembre de 1923, con más de un centenar de alumnos y seis franciscanos. Desde entonces, el colegio ha tenido que adaptarse a la realidad sufriendo transformaciones diversas, como el cuerpo de la fachada principal y el edificio nuevo posterior, para acogerse a las sucesivas reformas de la enseñanza. Muchos somos los que han pasado o permanecemos en este colegio, cada cual con sus alegrías y tristezas, aciertos y desventuras; constituimos sólo una minúscula parte de la historia de nuestro entro, pero pese a que sólo somos un eslabón en la cadena de la historia de nuestro colegio, no debemos olvidad, pase lo que pase, que esta fue, es y será NUESTRA PEQUEÑA HISTORIA. Yo, vuestro compañero.
San Antonio reparte el pan a los pobres.
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