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EL PAPA Y SAN ANTONIO

La Iglesia actual disfruta de un Papa siempre a punto para estar allí donde urge estar, sean cuales fueren las críticas, mohines y desafíos. Su sensibilidad percibe pronto dónde y cuándo debe poner sus cuidados y atenciones. Las motivaciones varían, y por eso las hay acuciantes, convenientes o simplemente oportunas. Valdría la pena un repaso pormenorizado de unas y otras, para ejemplarizar mejor los resortes de su actividad apostólica, pero a nosotros nos trae aquí el deseo de destacar la puntualidad con que ha hecho correr su voz para honrar oportunamente, en su centenario, al primer director espiritual de la cultura teológica, que tuvo, ya en sus inicios, la Familia Franciscana: San Antonio.

A cualquiera se le puede antojar que cada tiempo tuvo sus hombres, y que a nuestra época de poco le sirven quienes desconocieron los signos del nuestro, por más que nuestro siglo no deja de ser un escalón en la pendiente de la Historia, sin otra firmeza que su apoyatura en los precedentes: quitad arbotantes, retirad rodrigones, y al punto, un temblor en la clase amenazará la presunta estabilidad del arco nunca unánime de la Historia.

Pues bien; en la hornacina particular y en la universal de la Iglesia, san Antonio preside todavía, con su santidad, con su asistencia intercesora y la ejemplaridad de aquella sabiduría de que le surtía el amor y el estudio de la Palabra, la mirada expectante de cuantos necesitamos beber de Dios en sus manos.

Su Santidad exhorta, por eso, "a todos los miembros de la gran Familia Franciscana a esforzarse por difundir un conocimiento adecuado del santo taumaturgo". "Quiera Dios -clama- que entre los frailes de las órdenes franciscanas revivan sentimientos de auténtico fervor en el anuncio de la verdadera fe, junto con el cuidado atento y diligente de la predicación, el conocimiento y la estima de la palabra de Dios y la dedicación incesante y esmerada a la nueva evangelización, ya en los umbrales de¡ tercer milenio cristiano." El fervoroso pregón de Juan Pablo II bien puede cifrarse en esto último: Una universal invitación a prepararse a abrir el incógnito y dudoso portón del nuevo milenio, cuyos bordes pisamos ya, bajo el signo portador de un santo hispano que , como San Antonio, "enseñó de modo eminente a hacer de Cristo y del Evangelio un punto de referencia constante en su vida diaria (... ), ara un anuncio coherente y atractivo del mensaje de la salvación. "

En alabanza de Cristo. Amén.

Fr. Ángel Martín, ofm.


San Antonio