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La droga

¡Maldito el día!, en que di paso a la frontera, pero tú te hiciste dueña de mi mente y de mi deseo.

Poco a poco me enganchabas al bombeo de tu amor.

El primer día abrigó en mí el deseo, estaba asustado, mi corazón palpitaba sin rumbo, pero la fiebre pudo más que el miedo.

Recuerdo aquel hombre, de color, traje cruzado, sombrero de seda.

Sus palabras sonaron en mi mente, como el eco de la voz en la cueva, ¡Implacable! me animaba. Decía que me sentiría en el cielo.

Yo, ¡pobre de mi!, buscaba algo para evadirme. Había roto con todo. Ya no había nada por lo que vivir. No había relación entre yo y dar un sentido a una existencia llamada vivir.
¡Y, por fin!, te encontré en los callejones y en los lúgubres rincones de mi ciudad.

Mientras la jeringuilla penetraba mi piel pude notar aquella escalofriante sensación. Se apoderó de mí el temblor, el frío, el delirio. Más tarde noté un pequeño calor y después nada.

Con la ausencia de dolor y con aquella paz colmando mi razón, ibas ahogando mi ansiedad en un inmenso lago artificial.

¡Y cada día me enganchabas con un agujero nuevo!.

¡Mi identidad había muerto! ¡Mi tiempo era la búsqueda de dinero y mi aire eras tú!

Veía, en sus ojos,en la mirada, en la expresión, en la manera de comportarse de la sociedad la repugnancia que sentían al acercarse a mí. Aunque yo ¡no les culpaba por ello!, porque sabía que no se daban cuenta de mi sufrimiento, de mi dolor, de la impotencia ante el deseo.

¡Había adelgazado mucho! ¡Mi cuerpo era un constante temblor! ¡Mis ojos estaban descalabrados! La mirada que reflejaban: ¡era la de un loco!

Cuando ya no pude más, me encontré, en el fondo del callejón unas bolsas de basura que desdibujaban mi lecho. Una débil serena, un hospital, una habitación al fondo. Durante mi estancia allí el silencio fue mi conversación y fiel o ingrato compañero.

Aquellos días pasaron como una terrible pesadilla. Días que podía recordar, terminaban en una monstruosa agonía, otros, mi mente se confundía con una tenebrosa obscuridad.

Poco después, me enviaron a una granja para rehabilitación de drogadictos. Un tal ¡PROYECTO HOMBRE! Programa de acogida y reinserción social. ¡Y cómo no! ¡No iban a faltar planteamientos pedagógicos coherentes con el humanismo cristiano!.

La debilidad y la pasión que, en su afán de ayuda, ponían aquellas gentes, amigos, con
nombre y apellidos .. me ayudaban a continuar con ilusión.

Sólo había¡una persona..! que se diferenciaba de las demás por su dulce amor, por su entrega incondicional, por su ingenuidad... Pasaba largos ratos con ella y me hablaba de su cándida juventud. ¡Era buena, amable, comprensiva!

Ahora, a mis veinte años; puedo afirmar que una parte de mi vida sucumbió a ese trágico destino, otra, nació de nuevo.

Busco mi identidad, ofreciendo, mi leal y sincera colaboración a ésta sociedad, luchando contra las causas de la droga y sus consecuencias. ¡Denunciando una mentira! Que poco a poco puede terminar con tu existencia.

Sergio Palomares Sebastián
Alumno de 2º BUP

La Droga no es vida
"Engánchate a la vida"
Busca una segunda oportunidad
El que toma droga es como un preso condenado a cadena perpetua
La Droga mata poco a poco
La muerte lleva un disfraz