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Sé dueño de ti mismo
La fuerza de la voluntad necesita de un previo juicio que la encauce. Nada se desea, nada se rechaza, que no haya sido antes pensado o imaginado. Apetencias o aversiones, tendencias en general, tienen su origen y punto de partida en una idea previa, en una imagen que nos encamina o nos inhibe. Desde la mente, torre de control de nuestra humana entidad, fuerzas y energías se disparan hacia lo bueno o conveniente y hacia lo malo o nocivo, hacia lo que importa y a veces hacia lo que ni siquiera nos reporta conveniencia alguna. Despreocupados de las motivaciones mentales que nos inducen a obrar, somos títeres de afanes y bandazos vitales, destructivos de nuestro carácter, como la rama desgajada que la crecida impulsa de turbión en turbión, perdida para siempre. Podemos, en cambio, ser dueños dei caudal importante de nuestra vida, si nos instalamos en lo alto de una vigilante dirección de nosotros mismos. Dirigir la existencia es, también, podar en su origen la idea motriz que nos puede torcer y en ocasiones devastar; aunque, también, formular criterios positivos que encaucen la corriente imparable de nuestra voluntad. Sin criterio, serán los otros quienes sujeten nuestra voluntad a ajenos intereses. Dueños de nosotros mismos, nada desbordará la personalidad que nos caracterice entre los otros y autorice nuestra libertad. Toma de aquí y de allá, como la abeja, todo lo que pueda constituirse en aportación válida para tu personal crecimiento. Cierne el trigo, oculto entre la paja, para obtener sólo materiales útiles a tu intento de ser hombre entero, y no pieza de propósitos impropios que ni te pertenecen. ¿Fácil? ¿Difícil? Qué importa. Los obstáculos miden tu esfuerzo, pero no deben paralizar tu vitalidad fluyente. Se hace lo que hay que hacer, sea cual fuere la altura de la empalizada que nos envuelva. Detrás de cada escollo, hay siempre una meseta llana que facilita nuestros mejores impulsos. Traza tu marcha en línea recta y ponte en camino. No mires atrás. Delante está la estrella que te señala el camino. Un día no muy lejano, en esa vía segura que se te ofrece, serás tú, y sólo tú, dueño de ti mismo.
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