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Proyecto para un Ideario
de Enseñanza
en los colegios franciscanos
«Hermanos, comencemos, que hasta ahora nada llevamos
hecho.»
San Francisco de Asís
Nuestro ideario
1. Este Ideario quiere definir nuestro propósito educativo, contando,
como encuadre actual, con un contexto social pluralista en el que la viabilidad
de opciones diversas es conveniente e incluso necesaria.
2. Los sucesivos puntos en que se concreta nuestro objetivo, responden
a una óptica abierta que presupone una voluntad de convivencia
y tolerancia respetuosa hacia cuantos no procedan en coincidencia de criterios
con los que singularizan al creyente católico.
3. La sistematización de nuestras formulaciones pretende facilitar
la comprensión de un contenido que deben discernir del modo más
correcto posible aquellos a quienes pueda interesar el conocimiento de
las particularidades de nuestra labor educadora, en orden a no dudar,
llegado el momento de comprometerse a optar por nuestro propio proyecto
docente y formador.
Enseñanza y educación
1. Para el correcto desarrollo de los valores que posibiliten en su día
el ejercicio de los derechos cívicos de la persona, es inevitable
el acceso a la enseñanza del educando.
2. Enseñanza y educación son inseparables, por cuanto toda
educación comporta un proyecto de hombre desde el que el escolar
apelará a sus conocimientos para adoptar posturas pertinentes ante
la vida, ante el hombre y ante Dios.
3.
- a) El objeto de la educación es el alumno mismo, y su derecho,
por tanto, a cumplirse como hombre, es preferente y condiciona los derechos
subsidiarios de cuantos coincidan en la amplia familia educativa padres,
educadores, sociedad integradora de unos y otros.
- b) En tanto la educación es un proceso de maduración
que tiende a capacitar al hombre ante las diversas opciones venideras,
el derecho de los padres a conducir convenientemente al niño
radica en la incapacidad del mismo a proceder con independencia de criterio
cuando ese criterio aún no existe.
- c) En la misma medida que a los padres -primeros responsables de la
educación del hijo- no les sea posible lograr plenamente su objetivo,
les compete elegir el tipo de educación y ambiente escolar propicio
que estimen más aptos, ya que la función de los padres
en la enseñanza se basa sobre tres puntos básicos : autoridad,
responsabilidad y libertad.
4. Es misión de todos concienciarse en orden a que la sociedad
tutele la socialización de la enseñanza, salvando la libertad
que nos asiste, ya que al Poder público compete aportar los medios
necesarios, en igualdad de condiciones para todos, a fin de corregir desigualdades
que en definitiva a nadie benefician.
5. Una formación integral impone la apertura del hombre a lo trascendente,
como radiación inevitable y constitutiva del ser humano, siempre
atento a las cuestiones fundamentales de la existencia. Y es en la escuela
donde ocurre el acceso al conocimiento, tanto de la realidad inmediata
como de la realidad trascendente.
Educación y fe
1. Todos los cristianos tienen derecho a una educación que potencie
la conciencia de su propia fe, el conocimiento del misterio de la salvación
y una visión cristiana de la existencia.
2. En la misma medida que la escuela gradúa el progreso del alumno
en la acepción de la cultura, la presencia en la escuela de la
enseñanza cristiana resulta, igualmente, de la incapacidad inicial
del alumno para sintetizar y asimilar por sí mismo el contenido
de la fe.
3. La educación de tal manera es integradora de fe y cultura,
que cuando se prescinde de tal interrelación, la educación
cristiana pierde una buena parte de su probada eficacia.
4. Nuestro objeto ha de ser, por tanto, clarificador de actitudes, ya
que en el trasfondo de un modelo previo de sociedad, todo proyecto educativo
presupone un concepto de hombre, y en consecuencia los diversos proyectos
parten de actitudes diversas, nacidas de la libertad y de la concepción
que se tenga de la existencia.
En la ideal configuración de un mundo nuevo, junto a la familia
y las instituciones pastorales, ha de contar también la escuela
católica, que a su carácter canalizador de la enseñanza,
añade la formación integral del individuo, sobre todo en
una sociedad pluralista en la que, de otro modo, se aglutinarían
de modo confuso las diferentes dimensiones formativas del hombre sobre
el ámbito vital del niño.
5.
- a) La escuela católica, no obstante, no procede como una fracción
escolar frente a los centros estatales, sino más bien en común
integración y en igualdad de condiciones, en una tarea de socialización
total.
- b) La escuela católica obedece, pues, a un necesario respeto
a la autonomía pedagógica que impone la iniciativa de
los grupos sociales en la comunidad nacional, inspirada en la libertad
de promoción del individuo.
- c) En la misma proporción, la escuela católica contribuye
por tanto al bien común que el servicio a la sociedad impone.
Y en tal sentido, nos acogemos al respeto que nuestra actitud merece.
6. La compostura del cristiano en la escuela no puede ser pasiva. Cada
escolar debe tender a convertirse en centro de irradiación cristiana
en la comunidad educativa de la cual forma parte.
7. Pero, ante todo, queremos constatar que la educación cristiana,
en cuanto modalidad catequética, contribuye a la inserción
del cristiano en la misión salvífica de la Iglesia.
La comunidad educativa
1. El niño conlleva en el seno de sus posibilidades de maduración,
semillas de valores que requieren desenvolvimiento y un fermento de futuros
derechos cívicos, anejos a toda persona, que a su tiempo habrá
de ejercitar con las máximas garantías de plenitud. El centro
de toda la atención educativa recae, pues, sobre el niño,
y en conformidad con ello, la formación religiosa respalda su gestión
en la necesidad de las personas bautizadas a ser formadas.
2. Puesto que la fe cristiana posee una certeza que traspone los demás
saberes en los que, por otra parte, se inserta, no se puede privar al
educando de su crecimiento en la fe en coherencia con las demás
naciones sobre la realidad inmediata.
3. Educar cristianamente no es sólo, entonces, una conveniencia
social y un enriquecimiento, más o menos acostumbrados, del hombre
de bien, sino una necesidad de incrementar hasta su plena potenciación
a la persona humana en función de los «talentos» recibidos,
a fin de que detenten en su día las adecuadas disposiciones para
instalarse en un mundo dinámico que le obligará a posturas
conscientes, responsabilizadoras, efectivas y consecuentes consigo mismo.
4. El concepto del mundo de que se parte para que el educando halle a
su tiempo un lugar de plena integración en la sociedad, debe comportar
una invitación progresiva a su propia interpretación del
mundo y de los acontecimientos, enfrentándose incluso a la tenacidad
de las concepciones estereotipadas o generalizaciones falsas, de que tanto
se sirve la propaganda de todo tipo para enajenar al individuo.
5. Sería improcedente reducir la enseñanza de la fe a los
espacios de acción de la comunidad eclesial, como un añadido
más, por cuanto la formación religiosa es inseparable de
la instrucción general, a la que da sentido, y porque el hecho
de progresar en el estudio tiene entidad y espacios característicos
: ser estudiante en colegio cristiano.
6. Es evidente que la eficacia de la formación religiosa viene
medida por la mayor o menor coordinación entre la familia y el
centro. Por ello, padres, educadores y los propios alumnos, deben tener
plena conciencia de que están realizando una singular. misión,
en la proporción que colaboran al proyecto común en un ambiente
de respetuosa confianza.
7. La enseñanza religiosa media, pues, entre colegio y familia,
entre comunidad de fe y la cultura, y no pretende sustituir las restantes
formas de catequización del bautizado.
8. Por todo ello, el Colegio imparte una formación humana presidida
por el respeto al magisterio eclesiástico, para responder así
al compromiso contraído con los padres del alumno.

Particularidades del Colegio Católico
1. Es obvio que la comunidad educativa se compromete a rechazar cualquier
medida, actitud o ideología, que vayan en contra del proyecto educativo
cristiano que presenta nuestra enseñanza.
2. Formar parte del grupo educador del centro, entraña la aceptación
de nuestro Ideario y proyecto educativo.
3. Destinatarios de nuestra enseñanza son tanto los miembros de
la Iglesia como aquellos que prefieren orientarse a la luz de ella; de
modo que su elección por parte de los padres, implica aceptar el
mensaje de Dios vivo y Jesús resucitado, en cuya conformidad la
dirección del Colegio procederá de la manera más
conveniente y provechosa, en la teoría y en la práctica,
en orden a recrear permanentemente la propia identidad del creyente.
4. El hecho de que nuestra enseñanza está abierta a todos
:
- a) no altera lo más mínimo el proyecto educativo que
nos obliga;
- b) el anuncio de la fe en el ámbito educacional respetará
la libertad de las personas y tratará de adaptarse a la concreción
espiritual de cada alumno, ya que el crecimiento en la fe es compromiso
y llamada personal, libre asentimiento de la voluntad a unas verdades
reveladas, inserción y servicio eclesial y social, en una situación
concreta de espacio inmediato y tiempo preciso, nunca estable, que convierte
en andadura progresiva y provisoria la vida del hombre.
5. Quede bien claro que nuestra labor docente se inspira, en lo religioso,
en el Evangelio, desde el que el cristiano ha de descubrir su identidad
como hombre creado por Dios y redimido por Cristo.
6. La mayor responsabilidad actual ha de concretarse en una mayor preparación
de nuestros jóvenes en la fe.
7. En una sociedad cada vez más sofisticada y masificada, nuestro
proyecto de vida cristiana propende a abrir espacios de libertad y natural
comportamiento para la promoción humana del hombre nuevo.
8. Nuestros centros están atentos a toda renovación positiva
para poder situarse a la altura de las exigencias venideras de un mundo
en cambio.
9. Si bien nuestra actividad reside en la vocación cristiana de
transmisión de la fe, no descuidaremos en capacitar al alumno en
el saber científico, en la reflexión crítica, en
la creación de respetuosas actitudes cívicas, en el respeto
a la dignidad de la persona humana, en la sensibilidad ante la Creación,
en la que, como seres naturales, nos integramos, etc.
10. Particularidades de nuestra enseñanza son la promoción
y vivencia de valores humanos (justicia, libertad, verdad, equilibrio
social); contar con un proyecto educativo con base evangélica ;
ambiente escolar informado por la libertad y la caridad; constitución
de un equipo de educadores comprometidos en nuestro propósito cristiano;
estructura económica en que campee el propósito educativo
sobre cualquier otro interés; y participación activa de
cuantos integran la comunidad educativa en la tarea común.
11. Esta integración convierte a la escuela en lugar de encuentro
de un conjunto de creyentes que han de testimoniar a Cristo en un ámbito
formativo y cultural, como un modo peculiar de ser y de estar en el mundo.
Hacia un estilo educativo franciscano
1. A nadie se le oculta que un áspero engranaje de deberes y atribuciones
no puede dar de sí algo tan palpitante y vivo como la canalización
de una vida joven. La educación, para que sea humana, ha de arropar
al alumno con la envoltura cálida del afecto, la confianza y la
comprensión.
2. La Fraternidad que arranca de Francisco de Asís y continuadores
inmediatos, supo actualizar el Evangelio en el momento y circunstancias
que les cupo vivir, creando al propio tiempo una nueva manera de estar
en el mundo. El modo de ser franciscano es ya un sello identificador de
todos conocido y al que se hacen frecuentes referencias en la cultura
de nuestra época. Razón de más para que el sentido
transformante de la realidad histórica que les vio alentar, nos
sirva de ejemplar y estímulo para dar continuidad, convenientemente
actualizadas, a la acción pedagógica y pastoral franciscanas
a las que nuestras Ordenes jamás fueron ajenas.
3. No olvidamos por ello, que lo importante no es tanto trazarse un ideario
cuanto encarnarlo en una conducta, y tan importante como tener un ideario
es lograr un estilo.
4. Si el franciscanismo es un modo de ser, nuestro estilo no puede aspirar
a otra cosa que a impregnar de virtudes franciscanas la conducta en que
se ha de cifrar el ideario propuesto: consideración primordial
al pobre, respeto a la autoridad y ministerio eclesiásticos, sencillez,
sobriedad frente a una sociedad acomodada y adormecedora de sensibilidades,
sana y comedida alegría, sentido pacificador entre los semejantes,
amor a cuantos nos rodean, diálogo espontáneo y sincero,
mansedumbre, cortesía, consecuencia consigo mismo, y amor a la
naturaleza que Dios puso en nuestro entorno.
En alabanza de Cristo, Amén.
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