74798

Un día nublado

A un día nublado lo particulariza la tristeza oscura que lo envuelve. Sopla una brisa fría que varea los árboles desnudos. El cielo es denso y gris ; pesa y deprime.

No tiene color el campo; está como muerto. Sólo el agua inquieta del río recuerda la antigua vitalidad del paisaje. Su rumor es como un toque de armonía que ha quedado rezagado, perdido. Tampoco están los pájaros y la naturaleza no se deleita con sus preciosos sonidos.

Ahora va cayendo la tarde. Un ambiente de melancolía lo invade todo. La tierra parece como estéril, sin vestigio de vida. Nada hay que incite a la alegría de vivir. Es el contorno de la soledad.

Las sombras se agigantan hasta confundirse unas con otras. Las hay que te acechan, o así lo parece. Se ennegrece por momentos el cielo. Amenaza tormenta. Caen las primeras gotas.

De pronto, la oscuridad. No hay estrellas, no hay luna. El brillo del agua es un poco como el brillo de unos ojos muertos. Y al fin, el cielo encapotado revienta escupiendo agua, rayos, truenos, relámpagos...

Llueve fuertemente sobre los cristales. Produce a veces la impresión de alguien que llamara desde fuera. Pero no hay nadie. La soledad es total.
Qué poco original es un día de tormenta.

Juan José Pastor López
alumno

El bolígrafo azul

Soy un bolígrafo azul. Me paso días y noches dentro de un estuche sin ver la luz. A veces, la mano inexperta de un niño me saca de ahí y escribe con letra insegura ejercicios de clase que se parecen mucho los unos a los otros, cuentas que no siempre cuadran y garabatos feísimos que luego no me dejan dormir tranquilo.

Pero que nadie crea que esto ha sido siempre así. En otro tiempo he pertenecido a sucesivos amos, como los pícaros de las novelas, y me han dado mejor trato.

En el bolsillo superior de la chaqueta de un viajante de comercio he viajado mucho de ciudad en ciudad y me sé todos los paisajes de España, plazas monumentales, calles iluminadas de colores por la noche, y fábricas de tejidos, muchas fábricas de tejidos donde unas máquinas ruidosas convierten a golpes el hilo en telas estampadas.

Un día, mi amo sufrió un accidente. No sé qué fue de él, porque yo perdí el sentido. Alguien me recogió del suelo y a partir de entonces he hecho de todo.

Cambié de manos no sé cuántas veces, pero no hice nada importante hasta que fui a parar a una mesa de despacho. Un hombre gordo con la nuca muy grande era quien mandaba allí. Mi dueña era secretaria. Tomaba apuntes con increíble rapidez siempre que el hombre gordo decía algo. A mí me divertía mucho la seriedad de aquel señor tan mal hecho. A veces la secretaria, para escribir, empleaba unos signos muy raros que llaman taquigrafía y yo no me enteraba de lo que decían. Era como si escribiera en otra lengua.

Las manos de la secretaria eran cuidadosas, muy finas, pero cuando tachaba las notas inservibles lo hacía con singular energía y me hacía daño. Otras veces escribía con tanta dulzura que parecía otra persona. Nunca fue tan dulce como un día que me utilizó para escribir una carta. Era una carta afectuosa en que aparecían palabras para mí desconocidas: felicidad, cariño... Siempre he pensado que aquella carta era un secreto y nunca contaré a nadie su contenido en el que he pensado muchas veces. No concluyó la carta ni yo la sé toda. Se me agotó la tinta y fui a parar a un cesto en que había papeles arrugados y una cinta vieja de máquina de escribir.

Estuve aletargado, desangrado, no sé cuanto tiempo. Yo llegué a pensar que ya me había muerto y de miedo perdí el sentido. Cuando volví en sí, la mano desgarbada de un estudiante hacía rayas toscas sobre un papel para probar mi nuevo recambio. Y aquí, en sus manos torpes y desmañadas estoy, tratando de aprobar con él exámenes y más exámenes, unido a su suerte.

José A. B.
alumno

Oración para solicitar fortaleza

He aquí mi plegaria hacia Ti, Señor: castiga, castiga hasta la raíz la avaricia en mi corazón; dame la fuerza de hacer fecundo mi amor; dame la fuerza de no repudiar jamás al pobre, ni doblar la rodilla ante la fuerza insolente; dame la fuerza de elevar mi espíritu por encima de las trivialidades cotidianas.

Rabindranath Tagore

NOTA INFORMATIVA DEL ESTADO FINANCIERO DE LA REVISTA

Ingresos anuales
130.500 ptas
Gastos
125.635 ptas
Superávit
4.865 ptas