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ExámenesInsistiendo una vez más en nuestras apreciaciones sobre la incidencia de los exámenes en la vida del estudiante, traemos aquí el criterio de un catedrático que autoriza cuanto hemos venido defendiendo desde nuestras páginas. Son consideraciones que, con el tiempo, se irán abriendo paso. El examen tiene mucho de juego de azar, de quiniela adivinatoria. Alumnos bien preparados, quedan detenidos en un examen porque la mala suerte o una indisposición vetaron incidentalmente sus posibilidades de demostrar su valía. Y, por el contrario, alumnos mediocres se alzaron con una calificación favorable gracias a la astucia de un último instante. Pero no es esto todo. Julio Rodríguez («Ya», 24-VI-76) expresa así su pensamiento en los párrafos que de él extractamos: 1. ACTITUDES PASAJERAS:«Hay cosas y actitudes que el tiempo, inexorable, deja convertidas en piezas de museo.» 2. HACIA UN «AUTOEXAMEN»:«Considero que el examen, al igual que la conciencia, llegará a ser un acto de flexión y análisis interior. Un autoexamen, en definitiva. »La valoración continuada del alumno a lo largo del curso es aceptable, sobre todo si se utiliza por parte del profesor como parámetro orientativo para el alumno y como piedra de toque de la eficacia de la explicación o del método docente. »Es el alumno, en mi opinión, el que debería ir examinándose cada día y, en todo caso, solicitar del profesor su ayuda para clarificar el nivel de conocimiento adquirido.» 3. APRENDER; NO EXAMINARSE:«El objetivo del alumno es aprender, no examinarse. La misión del profesor es enseñar, no examinar. En las oposiciones, bien complicadas por cierto, no se le valoró en ningún momento como examinador. Hay profesores muy buenos que son muy malos examinadores, faltos de vocación para esta tarea ingrata y distanciadora. »Distanciadora por cuanto que la armonía y confianza entre profesor y alumnos, coincidentes en intereses durante el curso, se quiebra de un modo inaceptable e inconveniente en el mes de junio. ¿Por qué de pronto el profesor se ha de transformar en juez?» 4. LA ENSEÑANZA COMO PROPIO INTERES:«Es al alumno al que interesa, indudablemente, adquirir un nivel de conocimientos y aprovechar la oportunidad de su condición de estudiante. Será su nivel de conocimientos el que le valore ante la sociedad. »Uno aprende a nadar porque le interesa, en beneficio propio, y sigue practicando hasta que lo consigue, sin requerir un examen para ello. Es uno mismo el que se considera apto, aunque después continúe temporada tras temporada, con objeto de mejorar su propia calificación. La educación permanente, en definitiva.» 5. ENGAÑOSA SATISFACCION:«El examen habitual puede crear, por el contrario, una satisfacción engañosa una vez aprobado, con olvido al poco tiempo de aquello que nos examinamos. Hace que desaparezca la tensión interior ante el aprendizaje y superación, que debería ser permanente. ¿De qué nos vale ahora el sobresaliente que obtuvimos al contestar de corrido los partidos judiciales de Andalucía y Castilla, por ejemplo? »Yo dejaría el examen reducido a un control, a disposición
del alumno, que él podría solicitar en caso de duda o inseguridad
acerca de su propio »Por el contrario, será la sociedad la que, en su momento, examine implacable. La que califique y valore. Pero no el título adquirido por una superación de exámenes.» 6. SELECTIVIDAD: IGNORANCIA PEDAGOGICA:«Por estas circunstancias, somos muchos los profesores que no podemos dejar de preocuparnos ante la ignorancia pedagógica que suponen las pruebas de selectividad universitaria (Ley de Selectividad), verificadas contra el reloj y en condiciones de indudable tensión. Y más aún cuando se realiza el atropello pedagógico de limitar el número de veces que puede examinarse el alumno.» 7. EXAMEN PERMANENTE:«El estudiante, y todos lo somos, nos estamos examinando constantemente mientras nuestra mente funciona. El examen introduce un grave cambio de actitud ante el estudio: estudiar para aprobar, no para saber. »Noches en vela del mes de junio, simpatinas, aprender "con alfileres", "chuletas", copiar en los exámenes, ver al profesor como a un enemigo. El mero hecho de tener que vigilar en los exámenes escritos resulta denigrante y vejatorio. »El sentido de responsabilidad hará que se modifique una indeseable situación y que podamos hablar del examen como de un instrumento paleolítico en la historia de la pedagogía.» El valor educativo de la liturgiaLa pedagogía ha reconocido siempre el valor educativo de los medios intuitivos. El Señor, pedagogo por antonomasia, los ha empleado con profusión en la educación de la fe. Toda la historia bíblica es un testimonio de esta constante. ¿Quién de nosotros, desde la infancia, no se ha deleitado con las maravillosas historietas y simbolismos de los libros sagrados del Antiguo Testamento, para llegar a la emoción con la que el Divino Maestro, Jesús de Nazaret, supo expresar los más profundos misterios del Reino con inigualables parábolas, símiles y alegorías? La Iglesia, fiel heredera e intérprete del mensaje de Cristo, ha empleado siempre su misma metodología. Y concretándonos a su principal misión de ser educadora de la fe, ha sabido captar el interés de sus «educandos», convencida de que la expresión plástica audiovisual es decisiva en su intento. La gran metodología evangelizadora y educativa de la fe es la Sagrada Liturgia, cuya definición es todo un programa, como «conjunto de signos que celebran el Misterio de la Salvación». La Iglesia, para sus grandes catequesis bautismales, penitenciales y eucarísticas, heredó muchos elementos de la liturgia vétero-testamentaria, enriquecidos todos ellos con la nueva dimensión del Evangelio. No conocía las modernas formas de apostolado de eficacia problemática. Los diversos elementos de la celebración son fáciles de comprender: El templo, como lugar en expresión, o de la cruz redentora, o de asamblea convocada alrededor de la «mesa de la Palabra» o de la «Eucaristía»; los saludos, posturas, gestos, salmos, himnos y cánticos espirituales, las lecturas bíblicas, diversas procesiones rituales, de entrada, de ofrendas de comunión, etc. El uso de elementos naturales: la sal, el aceite, el pan, el vino; el incienso, las flores, el alegre son del órgano y demás instrumentos musicales; la luz, el sonido, el color... La misma celebración del misterio cristiano a través del año litúrgico, más vivencia que expresión doctrinaria, llevan al creyente, de modo progresivo, a la consecución del ideal cristiano, objeto de la educación de la fe: la configuración con Cristo. Ciertamente, la liturgia tiene un gran valor educativo, el más eficaz para conseguir dicho ideal. Fr. Santiago Miró
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