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Convivencia entre viejos y jóvenes

El doctor Calvo Melero, en la Semana Homenaje a Nuestros Mayores, hizo una llamada a la necesaria convivencia entre viejos y jóvenes.

A este objeto, en las reseñas de la conferencia que la prensa ha divulgado, arranca desde el mismo inconsciente del hombre, estrato de la prehistoria historia humana, para dar alguna explicación a la intransigencia intergeneracional: «Desde los tiempos más remotos ha habido cierta incompatibilidad, distanciamiento y a veces lucha abierta intergeneracional.»

La raíz de la grieta tajadora de voluntades en pugna, tiene su más lejana frontera en las formas sociales más lejanas: «La forma más primitiva de la sociedad humana fue la horda sometida al dominio absoluto de un padre poderoso, tirano y rígido, que con mayor o menor severidad, ha persistido hasta nuestros días ; esto ha dejado huellas imborrables en la historia hereditaria de la humanidad».

Este rigor paternalista surca el recuerdo hereditario preparando instintos de autoconservadora rebelión. Hay como un instinto de reacción, defensor al fin de la propia personalidad libre en que se instala la individualidad el hombre.

«Los datos obtenidos a través de la historia, el psicoanálisis, la etnología, los mitos, las religiones, la psicopatología y la hipnosis permiten comprobar la existencia de un insconsciente colectivo generador del complejo de Edipo y de unos sentimientos ambivalentes en las relaciones de los hijos con los padres.»

Siempre el hombre ha visto cadenas donde la autoridad inflexible señala límites a la natural expansión del quehacer libre. Y la visión encadenante incita al rompimiento de cercos inhibidores, a la negación del gigante que cierra el camino. «El poder social puede ser visto como un buen padre, un padre ideal, pero (...) a nivel inconsciente, este sometimiento es visto como una intolerante herida narcisista; las técnicas contralimitativas son el alcohol, tabaco, tranquilizantes, la televisión, que produce un embotamiento hipnótico, y el volante, con sus satisfacciones narcisistas o sádicas.»


No podríamos acabar diciendo: ¡ahí queda eso! Es más positivo insinuar fórmulas constructivas. Y se nos ocurre preguntar: ¿Cómo se manifiesta hoy el enfrentamiento entre jóvenes y viejos?

«La mayor extensión y precocidad de la cultura y la prolongación de la vida hacen posible el enfrentamiento de adolescentes con personas que tienen ochenta y más años; este hecho, completamente nuevo, es la principal causa de la mayor intensidad actual en la lucha de las generaciones.»

Tal vez, no sólo eso. Hay actitudes connaturales al hombre que pueden hacer aparición amistosa del yo, al momento de proclamar levantamientos. «El espíritu de contradicción, característica bastante frecuente de la mente humana, es otra causa de enfrentamiento entre jóvenes y viejos, pero conviene no confundirlo con el espíritu crítico, cualidad diametralmente opuesta a la de contradicción, que es esterilizante y ahoga todo desarrollo intelectual; es como comparar un diamante falso con otro auténtico».

Sin embargo, esta lucha también conlleva esterilidad, animaversión distanciante, inconveniencia social. Una sociedad madura, lejos de una prehistoria inevitable ya, necesaria incluso como tal prehistoria, debe rehacer sus ruinas acarreando para el nuevo edificio materiales más nobles, planos! más ajustados al hecho de la sociedad actual. «Para remediar la lucha generacional neracional hay que desterrar el despotismo y opresión de las personas mayores; sin embargo, los jóvenes no deben ver tiranía en obligarles a respetar ciertas reglas de urbanidad y decoro, indispensables en toda sociedad. No es raro, en los hijos que se desligan de la familia, que se incorporen a un clan donde las exigencias e imposiciones del jefe de la pandilla son mayores que las de su casa. Hay que aprender el arte de vivir con los semejantes sin reñir ni criticarse, no calumniarse ni odiarse».

Por otra parte, de esta convivencia y participación en modos de ser comunes se pueden seguir favores mútuos. A los viejos «les va bien la audacia, jovialidad, alegría, ilusiones y optimismo de la juventud; el joven ganará en prudencia, reflexión, sensatez y sabiduría». Un término medio que tiene mucho de salud mental, tan necesaria siempre.

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