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Niños obrerosSe habla mucho de la contaminación. Nosotros mismos lo hemos hecho en estas mismas páginas. Pero hemos hablado también de otros modos contaminantes, no ya del ambiente que nos rodea, sino de esa otra atmósfera más consistente que es la vida misma. ¿Quién pide atención para los niños, ¡cuarenta y cuatro millones!, que sufren la necesidad imperiosa del trabajo en su minoría de edad? La política no se beneficia, al parecer, de tales reivindicaciones. Huelga, por tanto, abogar por la abrogación de tan extendida y contaminante medida.
Es todo un campo de concentración, distendido, roto a grandes trozos, por aquí y por allá, que da una suma total -es lo que importa y lo repito- de cuarenta y cuatro millones, cantidad que supera con mucho a la población de nuestro país. Un noventa por ciento de esos niños, menores de catorce años, ajenos a todo lo que no sea ganarse el sustento necesario para subsistir, pertenece a países pobres. De modo que el beneficio percibido por el préstamo precoz de su actividad, es incluso más que deficiente. La FAO da las siguientes cifras de distribución en el mundo : Asia, veintiséis millones; Africa, diez; Hispanoamérica, ocho. En Hispanoamérica, concretamente, niñas menores de diez años cobran por su trabajo en la recolección del algodón, tres dólares por semana. En otras latitudes, el panorama es aún más dramático : niños, y sobre todo niñas, son vendidos como domésticos. Lo corriente es que luego los padres no perciban nada a cambio, si no es la excusa de que el rendimiento de la niña no compensa de los gastos que supone la manutención y el pretendido socorro en la enfermedad, en la inevitable enfermedad. ¡Cuarenta y cuatro mil kilómetros de niños, cogidos de la mano, los grandes ojos tristes, abarcando numerosas veces el globo que habitan hombres que no miran para ellos! Son muchos los modos con que el hombre se ve cercado por la contaminación. La existencia humana conoce una muy grave la miseria humana a nivel de niño desvalido. La justícia
Luis Casasús Lacoma Cien niños cada día«El ministro de Sanidad de Colombia ha dicho que allí mueren diariamente a causa del hambre cien niños pobres. Esto de los niños pobres siempre tira a serial, a huerfanitos abandonados y al bueno del señor Dickens, pero resulta que en el mundo hay millones y millones de niños pobres, de niños insuficientemente alimentados. ¿Saben ustedes que con sólo lo que en Europa se desperdicia de comida se podrían alimentar todos los niños más o menos hambrientos de Africa? Alguna vez he recordado que el documento gráfico más estremecedor que he visto en mi vida fue el de un niño que intentaba comerse una piedra. Hay muchos niños que en el mundo, en este momento, cuando nos quejamos del calor y de que la cerveza no está excesivamente fría, intentan comer piedras. Y allí, en Colombia, la «tasa» es de cien niños
al día. Allí, el 60 por 100 de todos los niños está
insuficientemente alimentado. Y allí cada año mueren unos
noventa mil niños antes de concluir el quinto año de su
vida, de su muerte arrastrada entre hambres y harapos. Parece llegado el momento de que el hombre cambie sus formas de vida, de convivencia, de posibilidades de futuro.» Julio Manegat, «YA», 30 agosto 1975
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