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La ciencia y la BibliaEstudiante: es bueno que te hayas fijado como meta algo taxi noble como ejercer una profesión intelectual. Serás médico, profesor, ingeniero, arquitecto o sabe Dios aún qué. Lo serás, porque tu misma conveniencia e inclinaciones naturales te conducen hacia un futuro solvente, y yo te aliento. La sociedad en que tu acción se inserta, puede y debe convertirse en contribución valiosa al mejoramiento del mundo que se nos ha dado. Pero ¿es eso todo? ¿Crees en un mundo de ladrillos sin argamasa, que un leve estremecimiento puede desmoronar? San Pablo, además de apóstol, fue eminente escritor, hombre sabio a nivel de su época y se hacía las siguientes reflexiones: «Si hablase las lenguas de los hombres y de los ángeles y no tuviera caridad, sería como campana que suena y címbalo que retiñe. Y si poseyendo el don de profecía y conociendo todos los misterios y toda la ciencia y tanta fe que trasladase los montes, no tengo caridad, nada soy. Y todavía más : si repartiese toda mi hacienda y entregase aún mi cuerpo al fuego, no teniendo caridad de nada me aprovecha.» Y luego añade: «La caridad no pasa nunca; las profecías, en cambio, tienen su fin, las lenguas cesarán, la ciencia se desvanecerá.» (San Pablo, I Corintios) Cor a Cor
Tres puntos para que no te dejes enajenar1. El enajenado es el hombre que insensiblemente ha dejado de ser él. Son otros quienes lo mueven sin que él se percate de ello; piensa lo que otros quieren que piense, dice lo que otros se proponen que propague, hace lo que a otros les interesa que haga. «Nunca el hombre llega a ser una verdadera persona mientras es movido por la voluntad ajena». 2. El enajenado pierde su personalidad, a merced de intereses ajenos. «Para poseer una personalidad hay que dejar de ser marioneta». 3. Piensa por ti mismo; aguza tu sentido crítico, desvelador de ocultas intenciones en quienes te solicitan. Sé objetivo y no te dejes arrastrar indolentemente por falta de reflexión. «Corres el peligro de convertirte en hombre marioneta si no sabes ponerte inteligentemente ante la propaganda y la publicidad.» Si Cristo mañana llamara a tu puerta«Si Cristo mañana llamara a tu puerta ¿le reconocerías? Sería, como antes, un pobre, un hombre solo. Sería sin duda un obrero, quizá estaría sin trabajo y, si la huelga fuese justa, un huelguista. O, a lo mejor, era representante e intentaría hacerte una póliza de seguro, o venderte una aspiradora. Subiría escalón tras escalón, sin nunca acabar; se pararía en el rellano de la escalera, con una mirada sonriente, maravillosa, sobre su rostro entristecido. Pero tu puerta es tan estrecha... Y, además, que nadie se fija en las sonrisas de las personas a las que no se quiere recibir. «No me interesa», responderías antes de escucharle. O quizá la muchacha responderá mecánicamente como una lección: «La señora no está en casa. Ya tiene sus pobres.» Y dará con la puerta en las narices al pobre, que es el Salvador. Si Cristo mañana llamara a tu puerta ¿le reconocerías? Entonces se marchará más abatido, más anonadado, con la paz de Dios en sus manos desnudas.» R. Follerau
Que no se apague la luzEl tiempo histórico, como la vida personal dei individuo, guardan similitud. Hay nimbos oscuros de tormenta en situaciones vitales y las hay en momentos cruciales del transcurso histórico. Hoy es época de progresiones lentas, en zozobrante desarrollo, plenas de tensión, hacia etapas nuevas cuyo signo no acabamos de adivinar. Nos produce inestabilidad, un cierto temor a no saber qué será todo. Deseamos lo mejor y nos asalta la duda de lo peor, porque surgen aquí y allá intereses divergentes que pueden encontrarse y oscurecer la necesaria convivencia. ¡Que no se apague la luz!
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