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Educación y libertadDon Agustín Asís Garrote, presidente del Comité español de la Unión Internacional de Organismos Familiares, ha dicho recientemente: «Para mí la educación busca el logro del máximo perfeccionamiento de la personalidad, que si profundizamos, es el logro de la propia libertad, tan difícil de conseguir tal vez porque exige llegar a ser dueño de sí mismo y del mundo que nos rodea». Pero más digno de notarse es el papel que, con muy buen criterio, atribuye a la cultura en la sociedad futura: «Sin una educación que saque el máximo partido de las posibilidades de cada uno, no se tiene acceso a la verdadera libertad, en un mundo que cada vez diferenciará más a los hombres por su grado de cultura». El Credo y el decálogoLas verdades que debemos creer y los mandamientos que debemos cumplir deben estar íntimamente unidos por la misma voluntad divina. Las verdades contenidas en el Credo son faros potentes que nos guían y conducen y ayudan en el cumplimiento de los mandamientos. Y así como los diez mandamientos, según el Catecismo y según el Evangelio, se resumen en dos: «Amar a Dios y amar al prójimo», pienso que deberíamos insistir más en estas dos verdades del Credo: «Creer en Dios y creer en el prójimo». La Fe es una virtud sobrenatural por la que creemos lo que Dios nos ha revelado y la Iglesia nos enseña. Si la Fe es esto, la Fe y la Verdad son cosas idénticas. Pues Dios no nos puede revelar cosas falsas. Ya que ni se puede engañar ni puede engañarnos. Tampoco la Iglesia, fundada por Cristo, se puede equivocar ni nos puede engañar, cuando enseña las verdades reveladas por Dios. Ni nosotros podemos equivocarnos cuando creemos y damos nuestro consentimiento a estas verdades divinas. En las verdades humanas sí podemos equivocarnos y engañar al prójimo y viceversa. Pues estamos sujetos a una continua mutación. Nadie está seguro de poseer la Verdad por completo.Ni siquiera la ciencia escapa a esta mutación de la certeza. Por eso, por tanto cambio, muchos y sobre todo la juventud, creen tener motivos para no creer en la Verdad. ¿Y qué es la Verdad? Muchas veces «nuestra verdad» la queremos imponer no por la Razón, sino por la Fuerza. Desarrollamos más el poder de la Fuerza que el poder de la Razón. Y la Verdad no puede imponerse con la Violencia, sino con la fuerza de la Persuasión. La Verdad, como el Amor, es difusiva. Cuando se está en posesión de algo que se cree verdadero, se siente la necesidad de compartirlo. De convencer. De vencer con la Verdad. Ya que la Verdad tiene tan grandes fuerzas que se defiende ella sola. Y además, ninguna Verdad va en contra de otra Verdad. ¿Y qué es la Verdad? La respuesta sólo nos la puede dar Jesús que dijo: «Anda y haz tú lo mismo». Sí, porque la Fe, la Verdad, sin obras es muerta. No podemos decir creemos en Dios Padre si no creemos en nuestros padres. Ni decir creemos en Dios Hijo sin creer en nuestros hijos. Ni podemos decir creemos en Cristo hermano si no creemos en el hermano o prójimo que puede ser el padre, el hijo, el profesor, el discípulo, el rico, el pobre, el patrono y el obrero. La Fe, la Verdad es paciente. Todo lo aguanta. Todo lo soporta. Todo lo sufre. Todo lo perdona. ¿Nuestra Fe en Dios se corresponde con nuestra Fe en el prójimo? Si no es así, esa verdad es mentira. O no hacemos veraz a Jesús que dijo: «Yo soy la Verdad. Anda y haz tú lo mismo». Fr. Joaquín Escrivá Moreno |
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