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El compositor Luis Blanes obtiene una pensión Juan March

En la relación de personalidades a quienes anualmente hace beneficiarias de sus becas, la Fundación Juan March ha incluido al compositor valenciano don Luis Blanes.

Luis Blanes, desde los días en que ejercía como profesor en nuestro Colegio, cuenta con numerosos amigos en la localidad. A todos nos alegra seguir el paso ascendente en méritos y realizaciones de nuestro compañero ayer en las labores de enseñanza y amigo siempre. No se nos oculta la importancia de lograr un galardón como el arriba señalado, que viene a suponer como el espaldarazo con que a nivel nacional se viene a reconocer la valía musical del personaje becado. Luis Blanes ha tenido que recorrer un camino acreditativo de sus posibilidades hasta alcanzar el escalón que ahora le encumbra : ya en Valencia había ejercido como profesor de composición y secretario del Conservatorio ; obtuvo premios que garantizaron la altura de su esfuerzo creador (Premio nacional de composición coral «Joaquín Rodrigo», Premio «Manuel Palau»...) , y en el Conservatorio de Sevilla, del que es secretario, viene ejercitando la enseñanza musical como catedrático de contrapunto y fuga. Ahora la beca con que se le distingue le compromete a presentar una obra original de creación musical en la que no dudamos depositará Luis Blanes todo el caudal de su sabiduría artística, al punto de que esperamos, ya desde ahora, con afán, el feliz resultado de esta su máxima empresa. Nuestro aliento y nuestro aplauso en nombre de sus muchos amigos valencianos.

Tarjetas postales

La tarjeta postal, a todo color, con una vista representativa del lugar visitado, no es sólo una forma fácil de «quedar bien» con alguien; es un modo de dar a conocer parajes de interés común. Ciudades y monumentos característicos se multiplican hasta el infinito en las socorridas cartulinas y cruzan la geografía llevando lacónicos mensajes y popularizando un rincón lejano, avenidas clásicas y edificios de toda índole. Es un recurso cómodo de comunicación intrascendente, pero es también un medio óptimo de divulgar cultura. !Bien venida la postal!

Siempre las prisas

Hay desazón entre quienes esperan de la enseñanza todo lo que en realidad cabe esperar, todo lo que debe esperarse. De ahí la declaración hecha a la prensa (20 de noviembre de 1974) por el Seminario de Pedagogía del Colegio Oficial de Doctores y Licenciados. La precipitación es el fallo al que apunta dicho informe como la principal fisura que cuartea el propósito de formar convenientemente al joven.

«Parece haberse perdido -alegan- la estimación por la obra bien hecha. ¿Es una servidumbre que pagamos a la producción en serie, es una consecuencia de la desaparición del artesanado?» Pero fundamentalmente, la prisa es la causante del desasosiego con que se procede al momento de hacer a medias lo que requiere tiempo y cuido. «La prisa -se asegura en el informe- es una plaga aceptada, loada y quién sabe si beatificada un día de estos por la estulticia universal. Se acepta por la mayoría, como principio irrebatible, que las cosas deben hacerse pronto, acabarse cuanto antes. Se aspira a producir el mayor número posible de cosas en el tiempo más corto. Y, es claro, se hacen más cosas que nunca, pero se hacen mal.

»El hombre desarrolla sus aptitudes por el trabajo ; se aleja de la naturaleza -es decir, se humaniza- por el trabajo. Cada objeto producido por el hombre es una cristalización de la experiencia laboriosa de muchas generaciones, un fruto de las aptitudes intelectuales que se han desarrollado en el hombre a través de los tiempos. Por eso, si la obra perfecta es un resultado de las capacidades humanas, la chapuza es la frustración de esas capacidades, es un resultado deshumanizador.

»Viene todo esto a cuento porque tenemos a la prisa y a su ahijada la chapuza macizamente instaladas en nuestra enseñanza.

»Se pretende que los escolares aprendan muchas cosas, cada vez más cosas. Se elaboran programas de estudio que, cuanto más ambiciosos menos realizables resultan. De este modo el curso escolar se convierte en una carrera contra el tiempo.»

Los redactores de la declaración acusan de lo mismo incluso al programa educativo. Así, declaran : «Falta tiempo siempre para la obra acabada. En la programación de nuestra enseñanza, como en la vida profesional, se supedita la calidad a la cantidad. Es la sumisión pueril y contagiosa a una ley no promulgada, pero que parece que todos tácitamente acatamos, ley que podría enunciarse así: lo importante es hacer cosas, hacerlas bien es sólo un elogiable suplemento de la acción.»