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Paisaje localEl Colegio, desde su azotea, ofrece un contorno inmediato de callejuelas que se entrecruzan sin ningún sano propósito urbanizador, un cerco más lejano y tupido de naranjos de un verde casi gris y un hemiciclo de montañas con escasas prominencias. Muy detrás, hacia el Este, se presiente el mar ; pero el mar está lejos; sólo en verano el viento leve de la tarde te acerca su mensaje salino. Si desde el pueblo asciendes en línea recta hacia los montes más próximos, las breñas y el desorden abrupto del terreno te dificultan de tal modo el intento, que optas por ir a saltos de roca a roca. La pinada cobra densidad a medida que te ausentas del hombre no es extraño que los antiguos convirtieran el bosque en santuario. Te asalta entonces el silencio bienhechor de sentirse lejos de todo; luego sobreviene algún que otro ruidillo, misteriosos ruidillos de vida minúscula y casi siempre secreta que el matorral protege, y al fin te sobrecoge la propia soledad que has venido aquí a buscar. Hay un suave miedo emotivo y casi placentero en todo ello. Quien desconozca estos parajes acabará en la mayor de las sorpresas, porque cuando más inmerso te sientes en estos desconcertados rincones de pinos y malezas, aparece de pronto una mansión antigua y cuidada, al centro de un jardín en el que no faltan fuentes con estatuillas de cemento pintado que vierten hilillos de agua en la alberca; hiedra y rosales se apoyan en las paredes y una avenida con bancos de madera alabeada se agacha por bajo de la bóveda con que la cubren las ramas entrecruzadas de dos hileras de falsos plátanos. Nada en la pinada próxima indica la presencia del otoño. El carácter perenne del verdor un tanto aceitunado del pino y el más blanquecino del tomillo o el aromoso y afelpado del romero, se niegan a contribuir a la estampa amarilla y macilenta de la decadencia otoñal. En este otro reducto silencioso del jardín y el caserón cerrado y vacío el otoño queda cercado por el monte y la pinada. La avenida, sobre todo, cubierta de hojas estrelladas del color del pan reciente y obscuros charcos de agua que se pudre y calienta el aire, producen una extraña sensación de agachadiza y tibia tristeza. Hay también un camino bordeado de cipreses jóvenes que conduce por la cima de la montaña a una estrecha carretera de tierra rota y piedra descarnada. Por ella los vehículos pueden ascender hacia la mansión. !Tardío descubrimiento! No hay nadie. Como en las novelas más obscuras. ¿Nadie? En una caseta de madera despintada por el sol y la lluvia, un perro colosal descubre nuestra presencia y tira con inquietud amenazante de la cadena que le tiene sujeto. Ladra con desconsiderada terquedad. -iChucho! Pero el can se enfurece y espumajea. No es prudente permanecer allí por mucho tiempo. El descenso por la carretera es, si no cómodo, más descansado. El pueblo se tiende alargado, como un can más tranquilo, a lo largo de la llanura verde. Algún edificio de nueva planta opone desde su impertinente estatura blancos y rojos recientes a los grises llanos y ocres viejos de construcciones más modestas y acostumbradas. Es el hombre, otra vez, contradictorio siempre. ¡Qué le vamos a hacer! En inviernoNo hay invierno para el amor. La espiritual aridez de la nieve no alcanza a enfriar el ánimo, si Dios va recogido, como un rescoldo íntimo, en los repliegues últimos de una alma enardecida. No hay invierno para el amor; y el de Francisco iba tan junto al amor de Dios que, como un adhesivo al rojo, Cristo se le quedó pegado un día en el rostro, en el pecho, en las manos, en la desnudez de su pobreza, alegre y cálida a pesar de todos los fríos más blancos.
"Si nosotros llevamos todas las cosas, con paciencia y alegría, por Cristo, escribe hermano León, que en esto está la perfecta alegría". San Francisco en Florecillas 7. Cuadro de J. Benlliure. Museo de Santo Espíritu del Monte, Gilet. Prensa infantilEl P. Jesús M.a Vázquez, secretario general de l¡a Comisión de Información y Publicaciones Infantiles y Juveniles desde que el exministro Fraga Iribarne creó tal negociado, ha expuesto en conferencias y entrevistas algunos datos y consideraciones sobre la prensa infantil que conviene anotar. Por supuesto, la prensa infantil en España está en auge, al punto que interesa ya a pequeños y mayores y se cotizan bien en el extranjero las traducciones de nuestras historietas, detalle éste que dice bien claro el nivel de interés alcanzado por dicha literatura joven. Ha sido un acierto que, tratándose de una lectura tan frecuentada por los niños, se haya tomado en serio prestarle ayuda, dirección y consejo. Como logros obtenidos por la Comisión desde que viene influyendo sobre la literatura infantil, aporta el P. Vázquez el dato notable de que la violencia se ha dosificado no poco, elemento socorridísimo, a cambio de otras calidades tales como el aumento de historietas de humor, siempre regocijantes para el ánimo del niño y menos lesivas. Al señalar las calidades típicas que han de adornar al héroe para que pueda interesar al adolescente, recordamos el esquema de los que en TV encarnan tipos popularizados ya: el héroe ha de vencer necesariamente, ha de dar muestras de una fuerza o habilidad nada comunes y estar dotado de auténtica calidad humana; contará siempre con la cooperación de inseparables amigos y le guiarán en todo momento las más nobles causas. Tal vez cupiera añadir aquí que importa poco que el héreo sea oriundo de Polonia o de China. En cuanto a los fines que la prensa ha de perseguir inexcusablemente, por encima del hecho de distraer y divertir, cuenta el de informar y formar.
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