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Mi baloncesto El título de estas líneas podría ser cualquiera, siempre que reflejara
un algo por el cual Cuando proyecto una competición baloncística sólo trazo un esquema previo; todo lo demás lo improviso y siempre sale bien. ¿Por qué? Pues muy sencillo; porque cuento con la «ilusión» de mis alumnos y ellos siempre responden. Un entrene, una competición, siempre son positivos. Factores determinantes de un fracaso siempre han sido ajenos a los niños; los unos de orden material (lluvia, hogueras, obras, puertas cerradas, horarios, reglamentos, etc.), otros humanos..., pero nunca inculpables a los niños. Querría poder explicar a los padres de familia lo que yo siento al ver evolucionar a sus hijos, todos juntos ; ellos mismos se han quedado «extasiados» cuando los pequeñitos los veían jugar. Pues multipliquen por 20 o por 30 esa sensación y asimilarán lo que yo percibo de verlos correr, pasar, tirar a cesto, «driblar»... Es motivo de sonrisa para mí esa frase que me llega casi todos los días: «Si no mejoras tus notas, no te dejo entrenar a baloncesto». Queridos papás: si yo pudiera utilizar el tiempo que, contra toda obligación, sus hijos no siempre aprovechan para sus estudios y que, ¡perdón!, ustedes no controlan; repito que si esa fuente de energía la pudiera yo utilizar, sacaría verdaderos internacionales de baloncesto o de lo que fuera. A veces hay causas que originan excepciones. Queridos alumnos de 5.°, a los que llamo y no responden: ¿recordáis cuando os reclamaban para emular a los «Globe-troters» con vuestras evoluciones? ¿Recordáis aquella clase que os di, un jueves por la mañana, hace cinco años, y que no pudimos repetir por causas ajenas a vosotros y a mí? ¡Y tantas cosas más! La Orden Franciscana me ha enseñado a ser discreto, pero también a no olvidar, y yo, queridos alumnos de 5.°, siempre os recordaré... GUILLERMO FABREGAT
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