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Lo primero:
aprender a estudiar.

La experiencia de estudiante -lo he sido durante largos años y lo sigo siendo si consideramos que el seguir leyendo y reflexionando es tarea de estudiante- me ha dispuesto a replantearme el duro aprendizaje al que se ha de someter el estudiante como tal, es decir, el que inicia sus estudios de enseñanza general básica y luego los del bachillerato polivalente. No quiero incluir a los universitarios porque han tenido más que tiempo suficiente para haber conseguido un adecuado y eficiente aprendizaje.

Hace unos pocos días tuve un intercambio de apreciaciones con unos alumnos sobre el modo de efectuar su estudio para adquirir el conocimiento de la asignatura. Porque aunque nos es desagradable constatarlo, año tras año se descubre que entre los escolares los hay quienes en un plazo mínimo de tiempo captan las explicaciones y el contenido de las lecciones; otros, en cambio, logran ese mismo resultado en un plazo normal, y otros, finalmente, necesitan un plazo muy anormal para adquirir un deficiente conocimiento. Las previstas evaluaciones van dando testimonio de este irregular comportamiento.

Para cualquier profesor responsable surge también cada año la reiterada cuestión : ¿quién podrá paliar -puesto que no es evitable dada la desigualdad de los recursos conferidos a título personal- la deplorable diferencia de los resultados de las evaluaciones? El profesor dispone de un tiempo límite para recorrer el cuestionario (y también de recursos límites en su cometido si se nos apura mucho). Entonces traté de analizar cómo estudiaban aquellos alumnos. Y tuve que llegar a la conclusión que mientras algunos -los menos- aplicaban un método de estudio eficaz, otros -los más- sólo conseguían estar ante los libros y leer y releer sin proyectarse con toda su intensidad, lo que equivaldría a la acción del cepillo o de la gamuza friccionando la epidermis de las cosas, cuando debería ser la acción penetradora de la broca al taladrar. Ante estas impresiones directas quise que cada uno aportara su modo personal. ¿Verdad que las reformas de enseñanza no llegan a esta cuestión previa e indispensable de aprendizaje? Es meritoria la preocupación del Ministerio que intenta más la comprensión que la memorización del alumnado y que las evaluaciones continuas vayan facilitando esta intencionalidad de desmontar tantos conceptos e ideas que naufragan en la inestabilidad de la memoria, para amarrarlas en el mástil de la razón.

Pues bien, es un proceso duro este del aprendizaje para un eficaz estudio o, dicho de otro modo, para que con el menor tiempo se desentrañen los elementos culturales que diseminados por lecciones y asignaturas van ofreciéndose al estudiante.

Voy a omitir la parte que el profesor juega en este aprendizaje, puesto que respeto las propias iniciativas y la veterana pericia del colega, pero puesto que estimo que se producen fallos a nivel personal del escolar, pongo en consideración de éstos y de sus padres el siguiente esquema normal del estudio : 

1.° Abstracción por parte del estudiante de toda preocupación, inquietud o cuestión que no sea la escolar, en el momento de comenzar el estudio. No se pueden realizar dos específicas atenciones a pleno rendimiento por una misma función. El estudiante debe concentrar su dispositivo racional sobre la lección. Para ello ha de adquirir conciencia de que el estudio es algo importante para él, algo maravilloso, que dependerá de su logro, el que pueda conseguir una plenitud de personalidad. Los padres suelen explotar el propio egoísmo del hijo, hablándoles del día de mañana, de su profesión. Prefiero, más bien, que capten el inmenso beneficio que supone su propia evolución y desarrollo. 

2.° Cuando se haya logrado la concentración (o abstracción, como se ha dicho) es cuestión de dar una lectura rápida de la cuestión o lección. Y volver en seguida a leer una vez más, y ahora despacio, para tratar de comprender el alcance de cuanto se expone. Y muchas veces se tropieza con el lenguaje, que ya se ha debatido mucho este tema y no voy a detenerme en él. Si el profesor ya ha explicado los términos y ha explanado las novedades, será cosa fácil la comprensión, Si no lo ha hecho antes o el estudiante lo ha confundido, necesitará del diccionario o la enciclopedia para alcanzar los términos. 

3.° En una tercera o cuarta lectura habrá de decir aquellos conceptos con otras palabras menos técnicas y en forma menos compleja. Esto es muy importante. Verter al lenguaje que uno emplea lo que se ha dicho en modo culto. 

4.° Las expresiones que no admitan versión y que hay que decirlas tal como están en el texto, se pueden escribir dos o más veces en un cuaderno para memorizar. Este cuaderno debe estar siempre al alcance, incluso para releerlo antes de cada clase y refrescar lo dificultoso. Así sólo hay que confiar a la memoria aquello que es indispensable.

Y todo este breve desarrollo para el estudio no se logra sin esfuerzo, sin una buena dosis de ilusión. De ahí que todas las reformas de la enseñanza han de contar con esta base de método para el estudio. Todos los intentos para suprimir este método de esfuerzo personal llevará al fracaso de la superficialidad o cultura de masas. Está bien que se recorte la dureza del esfuerzo, con los medios audiovisuales y otras medidas «creativas», pero que no se desnaturalice el proceso del estudio, haciendo víctimas a los escolares de hoy.

Y para acabar, vosotros, los padres, debéis proporcionar unas mínimas condiciones para el estudio. Una salita o un ángulo de la casa silencioso, sin voces y cuestiones profanas al estudio, con una buena luz natural o artificial. Una adecuada alimentación, a base de suficientes proteínas y vitaminas, que con un poco de experiencia se tiene información de todo ello, evitando los excitantes de especias, licores o el uso de somníferos. Organizad el descanso para que tengan sus ocho horas reservadas al sueño y los días libres entretenimientos reparadores del esfuerzo del estudio. Sólo excepcionalmente permitir alguna hora de pérdida del descanso ante las evaluaciones o pruebas. Y no está mal mostrar interés e ilusión por los adelantos del hijo que marcha bien y recabar la impresión de los educadores cuando marcha mal, porque o son muy recortadas las facultades del hijo para el estudio, y entonces hay que aceptar las cosas como son, o hay que revisar el método de estudio que por deficiente necesita de un tiempo desmedido.

La verdad, que es lamentable que por emplear un método rutinario se malogren espíritus y hombres cualificados. Lo demás ya no es tan lamentable porque la vida es sumamente varia y rica para encontrar un puesto digno. Bueno, escolares, no perdáis vuestra oportunidad. Padres, ejerced vuestra responsabilidad con alegría. Educadores, «sustinete» los inconvenientes y la dureza de la educación.