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La electrónica en la enseñanza

El mundo se tecnifica en alas del progreso. La electrónica abre campos insospechados en ámbitos que antes parecían exclusivamente clásicos. La enseñanza figura en este sector, reacio a otro tratamiento que el diálogo entre profesor y discípulo, sin otros vehículos comunicativos que la palabra. Ya no es así. También la electrónica ha llegado al recinto de la enseñanza. El cine, el tocadiscos, el magnetófono y la televisión, ya hace tiempo que vienen siendo objeto de atención por parte de la moderna metodología.

Fue un profesor americano, en Westport, quien intuyó por vez primera la posibilidad de crear una escuela electrónica. La idea fue recibida con aplauso y pronto alcanzó rápido desarrollo. En la actualidad pasan de 200 los centros americanos que han adoptado plenamente el nuevo sistema. Y de día en día su difusión a otros países cobra crecida importancia.

El montaje de medios escolares electrónicos resulta, sin embargo, poco accesible desde el punto de vista del coste de la enseñanza que supone su empleo. De no haber existido esta barrera, la adopción de la máquina electrónica como auxiliar de la clase, habría alcanzado ya niveles máximos. De la eficacia de su empleo, en cambio, no cabe dudar. La historia, la literatura, las matemáticas, las lenguas ; pocas disciplinas quedarían al margen de los beneficios que el uso de la electrónica puede facilitar.

Cincuenta universidades y numerosas escuelas secundarias hacen uso corriente de los más modernos medios que los adelantos técnicos ponen a disposición de la escuela.

En su aplicación concreta a la enseñanza de lenguas, un profesor de Menphis ya anticipó, partiendo de sus experiencias pioneras en ese sector, que «el uso del dictáfono hacía desaparecer el tedio habitual del estudio, al tiempo que se simplificaba la siempre ardua tarea de memorizar las largas listas de palabras y difíciles reglas gramaticales». Y añadía: «Es un modo de dar vida y realidad al lenguaje que se está aprendiendo». Y más «Los niveles de aprendizaje de lenguas son sensiblemente más altos por este medio que los logrados por modos convencionales».

En el área de las lenguas es quizá donde más pronto se ha generalizado el uso de discos, cintas y auriculares. En otras disciplinas, el empleo de proyección de diapositivas está a la orden del día. Por contra, el uso de ordenadores electrónicos supone una carga económica tan excesiva que no es fácil ver muy pronto generalizada su utilización.

Reconozcamos, no obstante, que en la actual tendencia de la enseñanza personalizada, la utilización de los modernos sistemas sería de una eficacia plena. El alumno se aisla más y mejor del contorno que le rodea, se centra en su quehacer personal, y a solas con su intento hace uso de la consola radiofónica o interroga a la pantalla televisiva para recibir la oportuna información, previamente programada por el profesor en memorias electrónicas. La actuación del alumno cobra plena autonomía, convirtiéndole en agente de su propia enseñanza.

La verdadera revolución en los métodos de la enseñanza no puede prescindir de las múltiples posibilidades que ofrece ya la electrónica. Su uso condicionará incluso a la pedagogía. El punto 15 de la nueva estrategia propugnada por la Unesco, dice ya: «Los sistemas educativos deben concebirse y planificarse teniendo en cuenta las posibilidades que ofrecen las nuevas técnicas».

Así las cosas, el profesor tendrá que ir apeándose poco a poco de su acción transmisora de conocimientos. Ahora será la máquina quien haga la oportuna comunicación. La máquina puede ser manejada por el alumno, el profesor no. El profesor pasará a ser auxiliar, tutor, guía y supervisor del trabajo realizado por el alumno. El alumno ocupará el lugar del delantero. El profesor será árbitro.

¿Todo será beneficios? Es difícil contestar ; el futuro es siempre imprevisible. Pero no me negarán que el futuro está ahí mismo, a la vuelta de la esquina, y resulta interesante adivinar su rostro.