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La fuente de la Alfalsía

El domingo visité una vez más la fuente de la Alfalsía. Queda enclavada en lo profundo de un valle rodeado de montañas rocosas. El barranco que se arrastra por el valle queda cubierto en algunas zonas por grandes piedras negras que caen de las montañas y dan al paisaje un cierto aspecto misterioso.

El camino que conduce a la fuente lo han ido trazando los pastores y sus rebaños. Es pedregoso y angosto, al punto de que difícilmente puede recorrerlo un coche.

El agua de la fuente está repartida en dos partes desde que en el pueblo decidieron conducirla hasta la plaza del pueblo, donde a este fin montaron una fuente.

El agua de esta fuente tiene propiedades curativas. Sin embargo, la gente prefiere llenar sus botellas y botijos en la fuente original del valle y no en la plaza del pueblo. Parece que la falta del paisaje le quita al agua su poder misterioso. Esto me hace a mí mucha gracia.

A ambos lados del camino que va a la fuente, las laderas de los montes se van convirtiendo poco a poco en campos de naranjos por obra del trabajo paciente de los labradores. Yo pienso si alguna vez la fuente habrá perdido todo su contorno natural. ¿Dónde irá entonces la gente con sus botellas, sus botijos y su ilusión?

El hombre lo invade todo. La civilización es peligrosa. Yo quiero pensar que la fuente de la Alfalsía durará siempre con sus montes de pinos y su barranco de grandes piedras negras.

Miguel Ángel Tarrasó
Curso 3º


Mis próximos días en el campamento


Este verano me voy al campamento que llaman «El Cid Campeador», en Tabarla.

He puesto una gran ilusión en todo ello, ya que es la primera vez que corro esta suerte. Me han dicho que el lugar es pintoresco. Hay allí un río y las mon tañas rodean el lugar.

Una tienda de campaña será mi albergue y el sol me despertará al amanecer y me marcará la hora de retirarme a descansar. Lo apacible del lugar y sus bellezas atenuarán las inevitables incomodidad de la vida al aire libre.

Quiero sentir la experiencia de vivir en colaboración con mis compañeros de verano.

Uno de mis amigos, ya experto en esto de vivir en campamento, nos habla incansablemente de muchas cosas graciosas que ocurren durante la estancia en el mismo. Dentro de poco seré yo quien pueda contar mis propias experiencias.

Aunque parezca cosa sin importancia, nos preocupa el nombre que le pongamos a nuestra escuadra. Hemos pensado centenares de nombres y ninguno resulta a gusto de todos. Esto de bautizar a algo que aún no se conoce, es todo un problema. Pero yo creo que nos decidiremos finalmente por el de «Sucro»», nombre antiguo de Alcira, de donde somos los amigos que constituiremos la escuadra.

Proyectar unas vacaciones en un campamento es vivir ya la vida del mismo. Yo ya he empezado a comprar los útiles, que me han de hacen falta en él: una navaja, una cantimplora y una mochila fenomenal.

El campamento carece de otra luz que no sea la natural. Yo me imagino en mi tienda, a plena noche, mirando la luna a través de cualquier rendija de la lona. Silencio profundo en el campamento. Tal vez, el canto de los grillos, amables habitantes de la noche, y el canto extraño de las aves nocturnas.

Así me imagino yo el campamento. ¡Viva la escuadra Sucro!

Rogelio Vicente Ull
Curso 3º

El hombre y la naturaleza

Yo soy simplemente un arbolillo que mira cómo pasa la vida ante mí.

Un día nuestros padres los robles dejaron caer sus semillas y al cabo de algún tiempo brotábamos nosotros, los robles pequeños.

Pequeños y todo, nuestras ramas sirven ya de apoyo a aves que van vienen de un lugar a otro; en nuestras manos hacen sus nidos y gozamos lo indecible de ver cómo los débiles polluelos crecen y se impacientan 1 las madres tardan en venir a alimentarles.

La primavera es de un encanto sin igual para nosotros. Contemplamos con delicia cómo corren las liebres y trepan las ardillas arañándonos la espalda. A veces las cosquillas que nos provocan sus arañazos nos hacen reír hasta el delirio.

Un día mi madre me contó que unos hombres sin corazón venían a veces al bosque y a golpes de hierro nos cortaban por el tronco; pero yo no le presté atención porque no me agrada oír cosas así.

Las encinas no son como nosotros los robles. Cuando las ardillas juguetean por entre el ramaje de las encinas y se comen sus bellotas, es de ver cómo gruñen esos árboles grises tan serios. Yo entonces me río a carcajadas hasta que mis padres me regañan, porque mis padres piensan que las encinas son árboles venerables y hay que tenerles respeto.

El invierno es inclemente con nosotros. El invierno me pone muy triste porque me despoja de mis hojas. Hay veces que mis amigos se quedar ateridos de frío una noche y se mueren para siempre. Esto me apena mucho. Los inviernos son tan crudos que a veces no nace el sol, nieva y cubre el suelo de un manto blanco muy frío. Cuando despiertas al amanecer, advertimos en ocasiones las huellas del lobo que pasó junto ai nosotros durante la noche. El lobo nos da mucho miedo. Casi más que los leñadores.

Luego, otra vez la primavera. Y te nacen hojas nuevas de un verde claro y tierno. Es como si se desperezase uno de un largo sueño. Las ramas te crecen y crecen y llegas casi hasta la frente de tus mismos padres.

Un día se oyeron gritos de dolor en el bosque. Mis padres se rusieron a temblar como niños y me dijeron que había llegado la hora. El diente enorme de los leñadores iba cortando árboles sin piedad, hasta que llegaron junto a mí. Cayó primero mi madre y mi padre le decía palabras de aliento. Sus ramas frías rozaron mi hombro mientras descendía en un largo gemido. Luego cayó mi padre en silencio, con dignidad. Ahora me toca a mí. ¡Señor, que pase pronto este cáliz!

José Vicente Plaza
Curso 3º

El ritmo de la vida

El ritmo de la vida actual es muy distinto al de hace unos siglos. Parece como si el tiempo transcurriera ahora a una mayor velocidad que elimina el sosiego y la paz interior.

Nuestro mundo es mucho más complicado que el de nuestros antepasados. En primer lugar, la ciencia ha evolucionado vertiginosamente en los últimos años y los descubrimientos se suceden cada vez con más rapidez.

El mundo actual es muy complejo. Se utilizan inventos como el motor, la electricidad, la energía atómica, los productos sintéticos; inventos que no hubiesen podido imaginarse hace tan sólo unos siglos. Esta complejidad crea a veces problemas de no fácil remedio. De ahí la necesidad de una colaboración sin trabas. Los medios de comunicación de tal modo nos han enlazado a pueblos antes distantes, que ya no podemos prescindir unos de otros, sino que todos debemos cooperar en común hacia propósitos únicos.

Pero en esta progresión constante, ¿no existirá una meta definitiva donde detenerse, respirar y descansar un poco? ¿No hay un límite que nos permita recuperar el aliento y la tranquilidad perdida nara siempre?

El mundo actual es muy complejo y aún se hará más complejo cada día. La cuestión está en descubrir oasis de paz compatibles con el ritmo incontenible de la vida, donde al menos podamos detenernos nosotros.

José Duato Marín
Curso 4º

Mi pueblo hoy

Habitualmente vivo en un pueblo bastante apagado al que parece que no llega la palabra evolución. Antes no era así. Mi pueblo prometía. Era un pueblo rico que de día en día iba a más. Pero todo ha cambiado. Ahora lo encuentro triste. La gente se lamenta o calla. Sólo en invierno, paradójicamente, parece animarse algo. Es entonces cuando por su vieja carretera pasan ruidosos camiones cargados de naranja, único apoyo de este decayente pueblo.

Aunque se encuentra rodeado de campos naranjeros, se piensa mucho en la oportunidad de un cambio de cultivo debido todo a esta situación que nos ha creado el Mercado Común.

En el centro del pueblo, la plaza del Caudillo se me antoja vacía de gente y de ilusión. Circundando la amplia plaza, están la parroquia, el Ayuntamiento y algún que otro edificio. Ellos también respiran tristeza. No es muy sano este ambiente para el optimismo.

En otros sitios se habla de contaminación; aquí es el desánimo el que lo contamina todo. Es problema de desempleo, nada fácil de resolver, porque irse a Francia no es resolver, sino evitar y muy temporalmente.

-¡Se podría resolve ! ¡Vaya si se podría!-, dicen los más esperanzados. Pero son pocos los que dan un paso al frente. Faltan iniciativas. ¿Será nuestro carácter el que falla? ¿Es problema de voluntad e imaginación? ¡Quién sabe!

En todo caso, mi pueblo está triste, y como lo veo en particular, esta es mi visión pequeña del mundo en que vivo. Otros quizá no piensen lo mismo.

V. Albelda Roselló
Curso 4º