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Los alumnos escriben IIEl perro
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En la calle, sí. |
Asomado a mi ventana, A pesar de la apariencia |
Pienso en tí |
Cada vez que pienso en ti Cada vez que pienso en tu Cada vez que pienso en ti |

Calle Santa Ana inundada
por
Juan Santiago ZamozaNo hace mucho la lluvia produjo inundaciones en la mayor parte de la Ribera del Júcar. Para alegría de todos no se tuvo que lamentar desgracias personales.
Las inundaciones, si son importantes, producen en los pueblos miseria y desolación. A veces comportan también beneficios, sobre todo en la agricultura. Pienso ahora en el Nilo.
Suelen producirse por el desbordamiento de canales y ríos que no pueden conducir todo el agua. Es raro que esté lloviendo por mucho tiempo y en gran abundancia, de ahí la poca duración de las inundaciones. iMenos mal!
En ocasiones, los desbordamientos del mar, de los ríos, son como señales de Dios con que nos muestra su inmenso poder. Ya en el Antiguo Testamento aparecen inundaciones enviadas por Dios para castigo de los hombres. Son como avisos, al menos, de que El está por encima de todo.
Hoy
me he encontrado con Carlos, mi buen amigo Carlos.
Vive en la ciudad y ha venido al pueblo por un asunto de negocios en que trabaja junto con su padre.
Al vernos le he saludado con gran afecto, porque hace mucho tiempo que no sabía de él, y me ha dicho que terminó bien los estudios y lo emplea su propio padre en la fábrica como delineante.
Cuando estudiábamos juntos recuerdo que era uno de los mejores del curso y buen amigo de todos al propio tiempo.
Los amigos son personas en quienes podemos confiar; y aún más, en las que debemos confiar si son buenos. Vale más tener pocos y buenos que muchos y mediocres.
Me he alegrado mucho en verle. Después hemos comido juntos en mi casa.
Carlos es una persona muy apreciada por todos los trabajadores en la fábrica de su padre, quien a su vez está orgulloso de él. El se congratula de ser persona tan importante en la fábrica, aunque no se lo toma con vanidad, ya que es sujeto más bien sencillo.
Ya he dicho que es delineante, carrera que estudió en Barcelona con un expediente sin tacha. Además tiene fincas de olivos, vid y alguna que otra cosa, por lo que vive bastante bien. Ya está casado y atiende a una incipiente familia.
Los amigos, pienso yo, representan la misma amistad de Dios, ya que El es bueno y amigo de todos. Despreciar a un amigo vale tanto como despreciar al modelo perfecto de todos los amigos. Honremos a Cristo en la amistad y buen trato para con todos.
Pepito
es el más pícaro de toda la chiquillería del barrio.
Por su mentalidad, aún infantil, tiene en gran honra hacer de rabiar
a todo el mundo. Le divierte quitar las manzanas del huerto al boticario,
los pasteles que su tía dejara enfriar en la ventana...
Sus padres están de él hasta la coronilla, pues las protestas del vecindario aumentan cada día más.
Se le puede identificar desde lejos por su poblado flequillo, que le oculta el ojo derecho; su jersey a rayas, a medio meter ; por sus pantalones cortos, cuyo azul intenso empieza a tomar distinta coloración, y, finalmente, por su inseparable amigo de fechorías: un descomunal tirachinas que sobresale de su bolsillo y es la envidia de todos sus amigos.
Esta mañana he tropezado con él. Estaba llorando en la puerta de su casa. Con seguridad el llanto provendría de alguna oportuna azotaina. Con todo, sentí una gran emoción al añorar mis años olvidados de la niñez.
La niñez es el primer pórtico que cruza el ser humano en su evolución terrena. Pero la infancia de todos los niños no transcurre entre juegos y caprichos, como la de Pepito y, un día, la nuestra. Las estadísticas arrojan una sobrecogedora cifra de niños que mueren diariamente por desnutrición y enfermedades en los países subdesarrollados.
Este es uno de los mayores problemas que se plantea el mundo actual. Muchas entidades se esfuerzan para que no se escatimen alimentos ni educación a los niños de hoy, presuntos hombres del mañana. ¿Cuántas veces se nos ha repetido esa frase? «Los niños y jóvenes de hoy tenéis que ser los hombres del porvenir.» La cosa no es tan sencilla, pero es la verdad. Todos los niños que hoy juegan y hacen travesuras en la calle, son los mismos que mañana tendrán la misión de empuñar la antorcha de la humanidad y llevarla a las más altas cotas del ideal. Todos nosotros, Pepito incluido, tendremos nuestro eslabón en la cadena de la futura sociedad. El tantas veces citado «día de mañana» no está lejos.
Una educación deficiente es bastante para que la juventud, dinámica y emprendedora, en la que tantas esperanzas se han puesto, no pueda emprender el reemplazo con una antorcha brillante y luminosa. Vendría entonces el envilecimiento de las costumbres, la ruina, el desastre.
¿Qué hacer entonces?, ¿Esperar? ¿Tener confianza? Seamos positivos. Empecemos por atender a los niños y jóvenes de los países subdesarrollados para poder conducir a toda la juventud, sin exclusiones, al camino recto. La actual generación, como siempre, como otras hace multitud de siglos, espera la hora del relevo con ansia, para transportar el fuego sagrado lejos, cada vez más cerca de los luceros.
Quiero
presentaros a Juan.
El otro día, cuando paseaba por el parque, me ejicontré con Juan. Acababa de llegar del internado y me alegró mucho verlo, ya que es uno de mis mejores amigos.
Juan es un chico alto„ moreno, con el pelo negro. Es también fuerte; un deportista nato. Tenemos la misma edad y estudiamos el mismo curso, aunque en colegios distintos. Como estudiante no es ni bueno ni malo; está entre los del montón, pero con sólo un poco de esfuerzo consigue aprobar todos los cursos en junio, ¡que ya es!
Juan cree que la amistad se basa y se tasa por la sinceridad y el compañerismo, es decir, que cuanto más sincero y más compañerismo demuestres a un amigo, más unido estarás a él. También cree que entre amigos debe haber de cuando en cuando una discusión airosa para conocer así la personalidad y forma de pensar de tu compañero. En este punto no estamos de acuerdo, en parte, los dos.
Como a todos los jóvenes, nos gusta ir con los demás amigos en pandilla, e incluso -¿a quién no?- salir con chicas.
Un día de vacaciones, cuando nos dirigíamos a buscar a los amigos, nos cruzamos con un pobre. Entablamos entonces un debate sobre la pobreza. El dijo : «Hay que ayudar a los pobres, no despreciarlos ; si bien, entre ellos, están los que llamo yo parásitos, aquellos a quienes su miedo a enfrentarse con la vida, su aversión al trabajo, hacen que se rebajen y pierdan uno de los atributos más altos del hombre: su dignidad. A estos hay que sancionarles incluso, tratando primero de hacerles ver que su vida no es acertada, para inducirles así a reformarse. Si reinciden en la vagancia, hay que tomar medidas convenientes».
Esta es su manera de pensar sobre los pobres. Y este es Juan, uno de mis mejores amigos.
Ayer
se murió la madre de Roberto. Era la panadera del pueblo. Para
ella ser panadera era sinónimo de mujer buena y hacendosa.
Tenía, junto con la panadería, unas tierras que le daban de comer a ella y a su hijo Roberto.
La madre de Roberto era alta y bonita. Llevaba el pelo largo y rubio, con trenzas; y cuando vendía el pan solía ponerse un delantal blanco. Al recordarla aún me da mucha lástima y me pongo a pensar.
La muerte es algo a que estamos destinados todos: pobres y ricos, altos y bajos. La muerte es inclemente. Aunque existe un género de muerte digna de todo afán : la muerte voluntaria de los mártires.
Se dice que la muerte misma va con nosotros, oculta en el interior del alma. Al cristiano, sin embargo, nada debe atemorizarle. Como Rubén Darío, podemos siempre decir : es mía la esperanza.
Ayer se murió la madre de Roberto. Era la panadera del pueblo.