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Los alumnos escriben:

Desde números anteriores venimos destinando un espacio fijo para la colaboración de nuestros alumnos. La Revista cumple así la doble misión de comunicarse con nuestros lectores, a la vez que se ofrece como escaparate literario a la iniciativa artística de nuestros lectores.

En el número que nos ocupa, la participación de nuestros alumnos, por abundante, cobra una importancia sensiblemente superior a la de números precedentes. No faltan, en las páginas que siguen, dubitaciones expresivas propias de la edad de quienes aquí se inician en la siempre difícil aventura del lenguaje. Pero destacan, aún más, aciertos estilísticos y de composición que muy bien podrían delatar el origen de algún futuro artista de la palabra. Juzguen nuestros lectores y conste nuestro aplauso.

El labrador

por Enrique Martí Pla

El domingo pasado fui al campo. Fue un día divertidísimo para mí, y hubiera sido completo de no ver a unos labradores trabajando.

La agricultura es una de las variadísimas formas que adopta la ineludible obligación de trabajar. El campo necesita ser atendido para proporcionar sustento a la humanidad. El trabajo del campo es, pues, tan digno como otro cualquiera. Pero hay labradores que no tienen nada suyo, sólo el jornal, y se dedican a cultivar la tierra ajena. Los veo, a veces, sin afeitar, el traje remendado, una gorra para protegerse la cabeza, alpargatas de esparto y el azadón al hombro.

Me es simpática la estampa pobre del labrador. Es triste, con todo, la del labrador que desbroza campos en domingo.

«Amaos los unos a los otros», dijo Cristo. Abusar de ellos porque sean socialmente débiles sería uno de los actos más despreciables de la sociedad. Imitemos a Cristo.

Atletismo

por Miguel Alventosa

Acabo de leer unas crónicas sobre cierto afamado deportista.

He de confesar que sentí envidia de sus magníficas cualidades.

Hoy día el deporte hasta puede convertirse en medio de vida. Pero esto no es todo. El atletismo tiende también a perfeccionar, tanto física como moralmente, al individuo. El M. E. F. quiere que se practique y lo publica constantemente a través de los medios informativos. El mismo M. E. F. y otras organizaciones de prestigio existen gracias al atletismo y la práctica del deporte.

Ignacio Sola es uno de los mejores atletas de Europa en su especialidad. Ser atleta ha de suponer para él una gran voluntad de entrenamiento y un sacrificio constante. Tiene un pequeño negocio y se dedica así mejor a conseguir triunfos para el deporte español.

Los atletas crean en el estadio un magnífico espectáculo al que no falta emotividad.

Por otra parte, si el ejercicio físico, si el trabajo mismo es fruto de una sentencia transmitida a nosotros desde los orígenes del mundo, no cabe duda que el atletismo puede convertirse en la sublimación de esta obligación ineludible del ejercicio corporal.

El monasterio

por Juan B. Fons Cuñat

El otro día visité de nuevo el monasterio abandonado. Es impresionante su silencio, su soledad.

El monasterio era un doble conjunto armonioso de piedras grises y vidas obscuras.

En el monasterio vivían monjes cuya única consigna era la oración y el trabajo. Permanecían allí, aislados del mundo, para lograr mejor un estado de perfección.

En el pueblo se habla aún de un tal Justino que se hizo monje, allá, entre las montañas. Se hizo monje porque para él vivir la vida monacal era vivir en verdad la vida. Junto con otros compañeros, cultivaba las tierras que circundan el cenobio. Terminada la tarea se retiraban a orar y descansar. Llevaban hábito largo, de tela áspera. Cuidaban grave barba y un escapulario amplio y solemne.

Me agrada visitar el monasterio vacío. Los monjes con su austeridad nos inducen a aceptar, al menos, sin desmayo, los rigores naturales que acunan la vida misma.

Un accidente

por Juan B. Company Sancho

(Relato imaginario)

En la noche del 24 de junio hubo un trágico accidente que produjo la muerte de un señor de treinta y nueve años.

Ya sabemos que la mayoría de accidentes son debidos a descuidos de los conductores. Para evitarlos se han establecido señales : de peligro, estado de carretera, prohibiciones, desniveles, etc.

El conductor del automóvil en cuestión era un tal Pedro García, natural de Gandía, quien para obtener el correspondiente carnet de conducir había tenido que superar unas pruebas de teórica y práctica. Su profesión era la de médico ; estaba casado y tenía cuatro hijos... Era de baja estatura, pelo no muy crecido y ondulado ; usaba gafas y casi siempre vestía trajes obscuros. Dicen que sentía una gran afición hacia el arte.

No está de más resaltar, por segunda vez, que los accidentes son el resultado de descuidar las señales puestas en la carretera. Gran parte de personas abandonan este mundo, y a veces no van preparados, hacia el otro no ya sólo por descuido de alguna señal, sino también por descuido de otras normas de conducción más personal. ¡Cuántas veces el desprecio de lo uno comporta el desprecio de lo otro!

Yo insisto en que no hacer caso de las señales es como si despreciáramos la muerte misma. Para que todo esto no ocurra, para que no aumente el número de familias llenas de dolor, como en este caso, bueno es, ya desde ahora, seguir el ejemplo de quienes practican las buenas normas de la educación cívica.

Gustavo A. Bécquer

por Javier Gomar Albert

Las poesías de Bécquer son, a mi humilde gusto, las mejores.

La poesía es belleza. La poesía es la forma más bella para transmitir nuestros sentimientos. Es más, la poesía enriquece las palabras y su significado. Pero no todos saben hacerla, por lo que llamamos poetas exclusivamente a quienes logran tan rara destreza.

Sin duda alguna la poesía, si es buena, deja nuestro ánimo cambiado.

Como decía antes, para mí el mejor poeta, el que mejor consigue tan admirable efecto, es Bécquer. Está demostrado al menos que, si no ha sido el mejor, ha sido en todo caso uno de los más sobresalientes.
Para Bécquer escribir poemas equivalía a ser creador de vida maravillosa en la que todo es espíritu e ideal, fruto maduro del corazón y pensamiento.

En realidad, su vida material fue poco menos que un fracaso. Trabajó en redacciones y oficinas como periodista y funcionario, lo que le daba para vivir modestamente. Su mejor dedicación (y es lo que le ha hecho pasar a la posteridad) son sus Rimas y sus Leyendas. Aquéllas, en su mayoría, son amorosas y muestra en ellas un elegante sentido de la delicadeza y muy buen gusto. En sus fábulas Gustavo Adolfo nos muestra que no sólo sabe rimar; también su prosa merece atención. Brilla en ellas una muy viva imaginación y su corrección es ejemplar.

Los poetas como Bécquer nos hacen imaginar mundos bellísimos en que todo es amor y pureza. Desgraciadamente, también todo en ello es irreal.

Gracias a Dios, y Bécquer ya lo dijo en una de sus más significativas poesías, mientras el mundo sea mundo habrá poesía ; mientras exista belleza en él, habrá poesía.

Rafa y las fiestas

por Rafael Ausina

Rafa es de Agres.

Agres es un pueblo situado en la ladera de un monte. Es pequeño, alargado y pintoresco. Sus habitantes se dedican primordialmente al cultivo del olivo, del manzano o a la ganadería.

En la parte alta del pueblo hay un camino ancho que conduce hasta un convento de franciscanos. En la explanada que queda al terminar el camino, junto al convento, hay sillas y mesas de piedra donde generalmente se encuentran sentados los ancianos del pueblo jugando al mus o a la brisca.

Los domingos, después de la misa en el convento, se llena la explanada, sobre todo ahora que estamos cerca de las fiestas patronales.

Las fiestas son de lo más importante que ocurre en un pueblo a lo largo del año. Suele venerarse a algún santo o a la Virgen, como acontece en Agres, a donde vienen gentes de todos los pueblos cercanos. Las fiestas existen en todo el mundo. Desde la más remota antigüedad se celebraban ofrendas y sacrificios a los dioses paganos.

Las fiestas simbolizan la unión entre los hombres, que se congregan con un fin común. El no vivir las fiestas podríamos considerarlo como una falta de respeto hacia nuestros congéneres.

Rafa me ha invitado a las fiestas de su pueblo. Rafa mismo es todo un festejo humano él solo. Tiene un taller cerca del mercado, en el que trabaja junto con su padre. Casi siempre lleva residuos de grasa por las manos y la cara y no le gusta llevar nunca corbata cuando sale los domingos. Es alto, rubio y con el pelo rizado.

No le gusta, sin embargo, su trabajo, el sucio trabajo del taller. Ahora está aprendiendo pirotecnia en Alcoy y esto era todo lo que le falta a él. ¡Pirotécnico!

Trabajo y recompensa

por Francisco Cuñat

De nuevo los hombres han ido a trabajar.

El trabajo es deber y derecho de todo individuo, principio y resultado del nivel de vida de un país. El trabajo proporciona a quien lo realiza el salario necesario para mantener a su familia. El trabajo en equipo supone menos esfuerzo y más rendimiento. Hoy día está en boga esta clase de trabajo, y se desarrolla sobre todo en las grandes ciudades, donde hay personal especializado. En los pueblos la gente tiende más bien a emigrar, porque en ellos falta trabajo bien remunerado. Como resultado, las ciudades se agrandan; los pueblos se achican.

Benifairó, mi pueblo, a pesar de ser pequeño, crece ; lentamente, pero crece. Es un pueblo laborioso, ribereño y divertido. Un pino bicentenario da la bienvenida a cuantos le visitan. A ambas partes, están el campo municipal, la discoteca y un almacén de naranjas donde siempre hay unos hombres cargando algún camión. Antonio, entre ellos, que es un trabajador al que le gusta cumplir con su deber. Tiene que mantener a su mujer y tres hijos. Uno ya está estudiando en un colegio.

La vida de Antonio está toda ella limitada por el trabajo. En verano, en el campo, y en invierno, en e: almacén. Aunque el domingo le gusta salir con su familia, unas veces a ver a su hijo y otras sus tierras. Sus haberes son la casa que habita, un «600» y seis hanegadas de naranjos. Va vestido normalmente y no es partidario de melenas ni bigotes.

Antonio es también un trabajador católico que escuchó un día en la iglesia : «... el que trabaja merece su recompensa». Desde entonces le preocupa esta idea. Está de acuerdo en que no pagar convenientemente al trabajador es la peor de las injusticias. Y ha tomado una resolución : hay que apoyar siempre al trabajador, dignificado por el trabajo, que debe ser recompensado con un salario digno y justo.