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Mensajeros de la alegríaEn este espacio de nuestra Revista vamos a decir concisa y razonadamente algo sobre la «perfecta alegría», gloria y herencia de Francisco de Asís. La alegría es un medio de apostolado evangélico que el mismo San Pablo recomendó a los cristianos de su tiempo (Flp. 4, 4-7) y con ellos a todos nosotros. De aquí que Francisco de Asís, al vivir con plenitud esta virtud evangélica, la infundiera en el corazón de sus hijos, los frailes menores, y éstos, en el correr de los tiempos, la irradiaran por doquier. Pero hoy, en pleno siglo XX, rodeados de guerras y calamidades, ¿no parece una paradoja el que hablemos de alegrías cuando hay tantos que lloran? No, no es esto un sofisma. Ciertamente que nuestro mundo de hoy sufre ; por ello está necesitado de consuelo, pero de un consuelo sincero y lleno de verdad. Por eso nosotros, cristianos de nuestro siglo, somos los primeros llamados a llevar con alegría el mensaje de «Paz y Bien» a aquellos hermanos que de una manera o de otra sufren, sea en el lecho de dolor de un hospital, sea en el silencio de una cárcel...
Pensando en estos hermanos, surgió la idea de organizar una rondalla que, levantando el estandarte de la santa alegría, fuera capaz de demostrar al mundo de hoy que el cristiano, por el hecho de serlo, tiene sobrados motivos para ser el hombre más alegre y feliz de la tierra. Consciente el cristiano de estos valores, se siente impelido por la caridad a comunicar su alegría y felicidad a aquellos que por alguna circunstancia se vean privados de ellas. Después de lo dicho se comprenderán mejor las fotografías que integran este artículo de nuestra Revista. Esos instrumentos musicales son, en la mente de todo franciscano, criaturas del Señor que esperan la colaboración del hombre para expresar más concretamente las alabanzas al Dios que las creó. Consecuentemente, cuándo el hombre y el instrumento musical llegan a compenetrarse, ambos se convierten en canales transmisores de las alegrías de Dios hacia los hombres. Por esto, cuando la música es bien empleada, se dignifica y adquiere todo su valor. Además de lo que intrínsecamente tiene en sí de espiritual, es portadora de un alto mensaje de arte y alegría, convirtiéndose en un medio digno para alabar a Dios y alegrar a los hombres.
Quiera el Seráfico Francisco, rey de la alegría, sea esta rondalla instrumento que lleve a todos los hombres el mensaje de «Paz y Bien», que él tan hermosamente vivió y supo legarnos a nosotros, sus hijos, los frailes menores. Fr. FRANCISCO SÁNCHEZ DÍAZ
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