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«Cosa nostra»Así califican a la Mafia sus miembros. Mas no voy a tratar de la honorable Sociedad siciliana; su expresiva definición nos servirá simplemente para meditar sobre la educación y formación de los hijos, menester nuestro, muy nuestro. Y menester apremiante por el reto de las circunstancias. Estamos viviendo en una sociedad pluralista integrada por diferentes comunidades que, al concebir la vida de diferente modo, enriquecen el acervo común. Es la sociedad pluriforme de los documentos papales «Gaudium et Spes» y «Ad Gentes». Además, es la nuestra una sociedad dinámica : ciencia, técnica, formas del pensamiento progresan a velocidad de mutación permanente; los medios de comunicación -desde el papel impreso á los computadores, pasando por los medios audiovisuales- universalizan después todos los cambios. Entramos ahora en la sociedad de consumo no sólo de bienes, sino también de servicios cada día más sofisticados, más satisfactorios para nuestras necesidades ficticias. Divisamos ya la civilización del ocio : muy pronto" habrá que saber llenar el creciente tiempo libre que deja la técnica al potenciar nuestra fuerza muscular, la agudeza de los sentidos e incluso la capacidad de nuestra inteligencia en el dominio y usufructo de la naturaleza. Se ha de encontrar respuesta adecuada a semejante desafío. 'Y a ello aspira el Ministerio de Educación y Ciencia con la reciente Ley General de Educación. Consciente de la gravedad y urgencia, la nueva Ley perfila un haz de fuerzas vivas que colaboran en la educación de la juventud. Es lo que cabría llamar Comunidad Educativa Escolar, entidad que preparará a cada persona humana para el ejercicio responsable de su libertad. Aprender para la vida, no para la escuela -que pedía ya nuestro viejo Séneca-, es educar la responsabilidad personal, y sin libertad no hay responsabilidad. Elemento esencial de la Comunidad Educativa Escolar es el EDUCADOR.
Se le pide, ante todo, vocación para realizar su misión delegada y subsidiaria.
Que no sea un mero «distribuidor» de conocimientos, sino que se convierta
en puente vivo y guía fiel entre el peso del pasado y el horizonte incierto
del porvenir. Ha de realizar en sí y en los alumnos la «educación permanente»
(L. E. IV, 43, 44, 45) ; ha de crear en el discípulo hábitos de trabajo,
lo ha de equipar con instrumental apropiado y ha de suscitar en él inquietudes
para que mañana investigue personalmente (L. 27, 1). Tal cometido exige
del educador comprensión, respeto profundo y diálogo con los jóvenes,
según quiere «Ecclesiam suam». A los PADRES, la Comunidad Educativa Escolar les pide colaboración y responsabilidad. Es triste constatar el absentismo familiar en el empeño de la educación de los hijos. ¿Causas? Tal vez podríamos achacar tal negligencia al pluriempleo que absorbe a los padres y les hace olvidar que son los principales agentes en la educación de sus hijos. Por eso la Ley (62, 4 y 80, 4) prescribe que las Asociaciones de Padres de Familia formen parte del Consejo Escolar mediante su representante e impone «relaciones del Centro con las familias de los alumnos». Lo cual implica que las Asociaciones se interesen en la labor común, entren en el contraste de opiniones, contribuyan. con su crítica constructiva a la labor del Centro, aporten ideas y sugerencias. Y algo más. Cada padre debe interesarse particularmente en la educación de su hijo. Cuando el niño cae enfermo, ¿qué hace todo padre sensato? ¿Paga al médico y se desentiende No. Permanece en contacto, inquiere sobre la etiología y las consecuencias de la enfermedad, los modos de prevenir reincidencias. ¿Por qué no la misma preocupación por la educación del hijo? He ahí nuestra hermosa tarea común. Del Colegio, de los mismos alumnos, de sus padres. Para cumplirla recordemos todos que «Dios está en la raíz de las cosas». (Rainer Mª Rilke.) P. JACINTO FERNANDEZ-LARGO
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