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EL deporte y los niños

Existen ciertos educadores que dicen que sólo un cuerpo robusto alberga un alma grande y que la salud absoluta del primero es condición imprescindible para el trabajo, con lo cual sólo logran desanimar a los que no han recibido. de la naturaleza fuerzas extraordinarias y corpulencia atlética.

Mas no cabe duda que la salud del cuerpo es gran parte para el trabajo del alma, y que el desarrollo físico aporta gran contingente al desarrollo espiritual y da más seguridad al éxito de la vida, ya que el alma se ha de servir del cuerpo como instrumento, y si el instrumento es malo, menos posibilidades hay de una obra perfecta, por cuanto tendría que suplirse con una gran dosis de habilidad, paciencia y fuerza de voluntad. Por esto no puede, el educador desentenderse de la educación física y procurar que el cuerpo del alumno crezca sano y vigoroso.

ATLETISMO

Ingleses y americanos han dado extraordinaria importancia a los ejercicios atléticos, hasta sacrificarles parte del cuidado del espíritu, pero éste es un extremo vicioso siempre y cuando no vaya acompañado de la educación espiritual correspondiente. Por otra parte, el atletismo a base de ejercicios violentos altera el regular movimiento de respiración y circulación. La gimnasia debe ser natural, suave y normal, es decir, adecuada a nuestra manera de ser y de funcionar.

Gimnasia sueca. - La gimnasia ejercita todo el cuerpo alternadamente y bajo un criterio rigurosamente científico. Todo predominio de un aparato sobre otro, de unos músculos sobre los vecinos, queda postergado. Así el cuerpo se desarrolla total y armónicamente, condición esencial de la salud perfecta.

Juegos y paseos. - Se ha hecho tan necesario recrear bien a los niños que no hay educador a quien no le preocupe el problema de los juegos. Los juegos son altamente necesarios por las negativas condiciones que impone la vida moderna. El ejercicio físico da pábulo a la actividad del niño, a su deseo de victoria, a esa alegría franca y sencilla que nace del bienestar y que nada tiene que ver con el atolondrado bullicio del despreocupado; favorece el normal funcionamiento de los órganos respiratorios y digestivos, descarga la cabeza y la prepara para nuevos trabajos, oxigena la sangre y ensancha el corazón.

Los juegos pueden ser imaginativos y sistemáticos.

Los primeros son la ocupación exclusiva de los niños, que se divierten de mil maneras, sin más guía que la de su imaginación. A cierta edad el niño eleva sus juegos, trocando los imaginativos por imitativos. El adolescente comprende la insuficiencia de estos juegos y, sintiendo despertar en su alma le emulación y el apetito de gloria, los sustituye por los sistemáticos, sujetos a leyes, y que dan la satisfacción de la victoria y del triunfo.
En cuanto a los paseos, nada tan conveniente para llenar el pecho de oxígeno. Incluso desde este punto de vista el campo es una bendición de Dios.

Los paseos de los niños para que realmente resulten higiénicos deben durar unas dos horas entre la ida y la vuelta, sin descansos ni paradas, únicamente las imprescindibles, porque está probado que así son más ventajosos y producen admirablemente su efecto, que es reposar la cabeza, dar variedad a la vida, robustecer los músculos, dilatar el pecho y tomar buenas bocanadas del aire más puro y mejor oxigenado.

Un fin indirecto, pero importantísimo, de los paseos es poner en contacto directo al niño con la naturaleza y enseñarle a amarla y aprovecharla. El mar, los ríos, las montañas, i cuánto no dicen a quien sabe interpretarlos, cuánto no enseñan, cuánto no dignifican... al mismo tiempo que recrean y robustecen!

JUAN BARRACHINA
Profesor nacional