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Concurso literario
La montañaLa montaña, en español, tiene un doble sentido según usemos la palabra de forma vulgar o en su contenido imaginario. Imaginariamente decimos que hay montañas de libros, montañas de árboles, montañas de fruta. En su forma vulgar nos referimos a esa elevación de terreno ocurrida hace miles de años a causa del enfriamiento del suelo, cuando nuestro planeta estaba en estado ígneo y en las primeras fases de solidificación. Es la montaña verde, la montaña áspera o nevada, la montaña de los pastores y de los poetas. Las montañas no tienen forma determinada. Las hay de mil diversas maneras. Altas y puntiagudas que hacen volar a nuestra imaginación haciéndonos ver en ellas el filo de una espada descomunal; viejas y rajadas que nos recuerdan los surcos que el arado deja en los campos. La montaña juega un papel importante en el paisaje, junto con los árboles, las casas, el sol, el firmamento. En la montaña nace la luz del sol que ilumina las tinieblas y da paso al día y en la montaña se cobija luego, a la tarde, para volver a renacer al día siguiente. Es un mundo nuevo el mundo de las cumbres, zonas altas donde las águilas hacen sus nidos y desde donde se divisa todo el paisaje, rocas envueltas por nubes y desde donde se ve un espeso mar de gasa, picachos blanqueados por la nieve en el mismo comienzo de los glaciares. En una escalada larga, total, desde el mar a la montaña, aparece toda una estantería geográfica: el llano, donde se cultiva el trigo y las aguas transcurren silenciosas y mansas; las barrancas, secas unas en solemne silencio y ruidosas otras a efecto de las cascadas y rompientes; la meseta, amplia y despejada. Sobre todo ello, como el águila sobre la tierra, se alza la montaña, significando siempre lo más puro y lo más digno. Las montañas son algo así como los filtros del aire. A la montaña vamos a respirarlo puro. De ellas fluye el agua que refresca nuestras vidas, de ellas obtenemos la madera con que construimos casas y muebles, y con el viento que también baja de ellas echamos fuera las tinieblas de nuestro corazón. Te damos gracias, Señor, porque te acordaste en el día de la Creación de alzar la tierra formando las montañas y de rebajar la llanura originando los valles. De igual manera nosotros bajamos la cabeza indignos de mirarte. Cuento de Navidad
El sueñoLa ciudad parecía arder en una apoteosis luminaria. Luces en todas partes, bombillas de colores y árboles adornados ; por todas las calles se respiraba Navidad y el espectáculo resultaba hermoso. Eran los preparativos para la gran fiesta y las calles estaban muy concurridas. Lino y su pandilla, como mucha otra gente, efectuaban sus compras. Habían elegido la víspera de Nochebuena para evitar las aglomeraciones de última hora, pero, con todo, el bullicio era enorme. «Se diría que todos se han aconsejado para venir a comprar a la misma hora que nosotros», pensó Lino. El y sus amigos se estaban preparando para el guateque que realizarían en la Nochebuena. Habían comprado de todo: champaña, turrón y todas las demás cosas que se compran por estas fechas. Una vez terminaron de comprar todo esto se fueron a casa. -Bueno, me voy que es tarde y hay que cenar-, dijo a sus amigos, y se dirijió a su casa. Cuando entró a su casa vio a su padre que estaba sentado viendo la televisión y le saludó: -Buenas noches, papá. -¡Hola, hijo! ¿Cómo van esas fiestas? -Ya ves, ahora hace un rato que terminamos de comprar las cosas. ¿Y vosotros qué haréis mañana? -Lo de siempre, cenaremos en casa con tranquilidad y luego acompañaré a tu madre a la misa del Gallo. ¡La edad! ¿Sabes? En esto entró su madre llevando en las manos el mantel y los cubiertos. -Al fin has vénido; cada día vienes más tarde. -Bueno, bueno, ya va lo de siempre. -Lo de siempre, pero tú todos los días llegas tarde. -Está bien, no discutáis -dijo el padre- y pon la cena ya. «La cena estará estupenda. ¡Con la de cosas que hemos comprado! Y el baile; creo que Antonio traerá los últimos discos que tiene; y luego la sorpresa que les tenemos reservada a las chicas: chocolate con churros. En fin, creo que será una velada memorable.» Estos pensamientos no le permitieron darse cuenta de que la televisión había sido cerrada y que su padre le decía: -¡ Eh !, Lino, hay que ir a dormir; es tarde. -...qué, ¡ah, si!, ya sé, hay que ir a dormir, ¿verdad? -Sí, hijo, que es tarde y mañana nos tenemos que levantar temprano. -Está bien, ahora mismo me acuesto. «Otra vez acostarme y dormir como un angelito; de verdad que la vida es aburrida. Qué monotonía. Siempre igual; llego a casa y a cenar, luego a dormir. En fin, es la vida. Pero qué sueño tengo, me estoy durmiendo...» «La carretera era ancha y muy recta, la moto corría desenfrenadamente, y yo locamente le apretaba más el acelerador. Los coches parecía que estuviesen parados, de tan a prisa que va la moto. Ahora ya no parece que corra, sino que vuele. Volaba, sí, y daba vueltas, como si fuese un tío vivo; la carretera, los semáforos, señales, peatones y policías. Todo daba vueltas y más vueltas; de todo este torbellino salía una música con sonido a Navidad, era como una aspiradora que tocase villancicos. »De repente todo aquello había cesado. Y me encontraba en un espacioso salón, en el cual, como yo, se encontraban una gran multitud de jóvenes; los había de todas las razas y naciones. »Aquel lugar, no sabía por qué, me imponía respeto y silencio, a la vez que un poco de miedo. En el fondo había un gran escritorio como el que había visto en un juzgado vecino a mi casa. Al igual que los demás me senté y le pregunté a un joven francés que tenía a mi lado: »-¿Oye, me puedes decir dónde estamos? »-Moi, yo creo en la sexta montaña. »-¡Sexta montaña! ¿Y qué es eso? »-C'ést-á-dire, la antesala du ciel. »-Lo que me pregunto yo es para qué nos habrán hecho venir aquí; en fin, me esperaré a ver qué pasa. »La respuesta no tardé en tenerla al cuarto de hora de
estar allí sentado »Un anciano de barbas blancas como la nieve y que llevaba una gran túnica se puso a hablarnos; su sola presencia nos infundía una, alegría y felicidad inexpresable. En el instante de su entrada cesaron todos los comentarios y no se oía un alma. »Hablaba en una lengua en la que le entendíamos todos, a pesar de hablar lenguas diferentes la mayoría de nosotros. Su voz cadenciosa y grave sonaba a música celestial; mejor: a voz celestial propiamente hablando. »-Me figuro que todos ustedes se estarán preguntando cómo han venido aquí y para qué. El motivo se lo voy a decir ahora mismo. »Quiero que todos ustedes, jóvenes de todo el mundo, sirvan a los ideales de paz. Que todos y cada uno en particular fomenten una campaña de paz en la tierra; que unidos por este ideal se dediquen a transmitir a todos los hombres dicho mensaje. La tierra está pasando momentos críticos; de todos es conocido la multitud de guerras y luchas que hay en el mundo. Pero algo más grave aún se cierne sobre la humanidad. »He sabido que cierto Estado está preparando una guerra, pero no una guerra cualquiera; esta vez se trata de un proyecto diabólico con el que borrarán la vida del planeta. Y por eso les he hecho venir aquí, Sé que no será fácil su tarea, pero confío en la juventud, esperanza para un mañana en el que habrá menos miseria en el mundo, donde se confraternizará más y donde la Navidad simbolizará la "paz para los hombres de buena voluntad" y el amor será el estandarte con el cual representarán la unión entre los pueblos. »Sé que cumplirán fielmente estos propósitos porque confío en su generosidad y porque creo que el mejor presente que pueden ofrecerle al Niño Dios en estas navidades es un mundo en paz.» -¡Otra vez el despertador! ¡Qué lata! Y si fuese cierto, si fuera verdad. Creo que a pesar de ser un sueño ha sido maravilloso, y es que a veces en sueños se piensan las cosas mejor que despierto. Paz. ¡Qué hermoso suena! ¡Oh Dios! Que de verdad se realice este sueño, que los hombres nos hermanemos y aún más en estas fechas tan hermosas que el mundo sea un mundo en paz.
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