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El bachiller y el arte

No hay esfera humana menos explorada que la artística. ¿Descuido? No; las aportacilones de Kant y de la Fenomenología ha sido decisivas y las preocupaciones actuales por ganar la raíz del problema lo excluyen. ¿Dificultad? Si hay proporción entre dificultades y complejidad de objetos y actividades -hasta ahora no poseemos otro criterio-, las dificultades para esclarecer la actividad artística deben ser casi superlativas. ¿No sorprende que el hombre haya hecho arte, haya poseído una técnica artística antes que escribir y, por supuesto, antes, mucho antes de tener un técnica científica?

La humanidad, en efecto ha ejecutado muchas cosas y muy posteriormente ha convertido en problema lo hecho. Entre los quehaceres humanos el científico, verbigracia, es relativamente reciente al artístico; la clarificación de estas actividades, sin embargo, y de sus respectivos campos es anterior a la artística y su comprensión más completa. ¿Razones? Esta sea tal vez suficiente: la esfera ideal se presta más al manejo que la emocional. Las relaciones lógicas oponen menos resistencia a su análisis que las emociones En el análisis lógico, ejecutado por la razón pura, no hay transgresión de límites: la razón no sale de su propia esfera. Reducir un emoción a concepto, comprenderla racionalmente, significa su previa estrangulación. Reflexionar sobre las emociones no es emocionarse.

No se me crea un subjetivista en arte. Esto que pudiera llamarse reflexión está más allá -o más acá, si se prefiere- de toda discusión en torno a la esencia del arte. No podemos estar muy seguros de que puedan superarse una concepción objetivista, tipo platónico, y la de cuño relativista. La emoción estética frente a la obra de arte y el momento oscuro, pero decisivo, de la inspiración artística son hechos irrefutables y refractarios a la pura conceptualización.

La belleza se ha sentido siempre menos incómoda que la verdad frente al relativismo. Ese curioso fenómeno de la humanidad, que «hace» antes que «reflexiona», es el modo natural de manifestarse el niño, sujeto primordial de toda educación. Antes que leer y escribir y antes que reflexionar se emociona y ejecuta obras no exentas de gracia. Antes que del contenido dramático del «T B O» se interesa por sus imágenes. Previa al interés por los asténicos símbolos de las letras surge la preocupación -en él pura ocupación- por copiar la sugestiva cabeza de toro que resalta entre tanto garabato. Los números, antes que conceptos, son los dedos de la mano.

El abecedario, más que ingrediente material de palabras, es la tonadilla en que lo canta. El interés y, en consecuencia, su disposición -pudiera muy bien ser el interés consecuencia de la disposición- sobre lo teórico son manifiestos. El alumno se entusiasmará con las ciencias naturales más que con las matemáticas. El día que llegue a separar de los puros conceptos de la geometría los datos intuitivos y las referencias experimentales, necesarios para su primera adquisición, llegará a la delicia de lo teórico. Mientras tanto...

Volvamos a la constatación anterior: el niño y el joven «viven» lo práctico; antes que saber de arte tienen experiencias artísticas. Primero que conocer la estructura anatómica de una composición musical la cantan, experimentan la emoción de lo bello -y seleccionan obras preferentes. Nótese el bienaventurado entusiasmo paternal con el siempre delicioso danzar de los pequeños. No debe maravillar su excepcional disposición al ritmo si podemos considerarlo como el pulso del Universo. Componer, deshacer, dibujar, bailar, cantar, emocionarse con la belleza del parque en que juega, deleitarse con una melodía, rechazar otra: he ahí determinadas actividades del chico en su mundo.

Actividades casi excluidas de los programas de nuestro Bachillerato, un tanto irrealista por su tono intelectualista. Si excluimos la actividad deportiva, las indicadas debían ser atendidas a golpes de cariño, sin método, por los propios padres. Todos deberemos saludar alborozados el nuevo horario escolar que incluye clases prácticas en el plausible intento de encauzar esas ricas disponibilidades del alumno. Esperemos que las melancólicas tardes de los chicos cedan paso a legítima explosión de ilusiones oprimidas. A todos nos encantará, particularmente a los padres, oír solfear en vez de tararear machaconamente sus tonadas; verles con la sesuda arrugita en la frente ante el problema de distinguir aires, ritmos, compases, melodías, etc.; sorprenderlos con los ojos entornados buscando el marco ideal de su fotoconcurso.

Felicitémonos por la restauración -¿instauración?- de un derecho que, a corta fecha, beneficiará a la sociedad estudiantil española.

Fr. Ricardo Olmo Morales

Un poco de comprensión

Ignoramos cual va a ser la reacción de los padres respecto a la nueva modalidad escolar, sobre todo en lo que respecta a la introducción de manualidades en el Bachillerato elemental.

Con anterioridad a nosotros otros países ya habían inaugurado este quehacer estudiantil en sus planes de estudio. Y a juzgar por la pervivencia que tal modalidad ha ido logrando en los mismos cabe admitir la bondad que el método promete.

Quien haga consistir la cultura del estudiante en un acervo mayor o menor de datos memorísticos o numéricos, tal vez vea en las manualidades un juego insubstancial, sin eficacia ilustrativa para la mente del niño.

Hay que pensar, no obstante, que la cultura que se da al niño debe tener una proyección práctica, y los trabajos manuales vienen precisamente a cumplir esa misión : desarrollar en el alumno la capacidad de aplicación a la realidad prác= tica de los conocimientos adquiridos.

Pedimos comprensión a los padres a la hora de juzgar las nuevas disciplinas. No es un juego lo que se intenta, sino una faceta educativa eminentemente práctica; como lo era ya el dibujo, como lo eran ya las prácticas de laboratorio.

El niño sufrirá a veces los efectos de las materias deleznables que maneje en clase: arcilla, escayola...

Por favor, el profesor y el alumno pedimos comprensión a los padres.

¿Qué ocurre con los colegios privados?

Los colegios privados en España son problema y lo son en un doble aspecto, peligrosos y delicados ambos: el social y el económico.

En realidad son un mismo problema con distinta vertiente.

La enseñanza en los colegios privados resulta, hoy por hoy, inevitablemente cara. Ello conlleva consecuencias de orden social que hacen tambalear sus propósitos educativos: no todos pueden acogerse a sus beneficios. Y en definitiva, la enseñanza privada se convierte, sin que nadie lo pretenda, pero también sin que nadie lo remedie, en enseñanza clasista, en casi exclusiva para sólo los alumnos económicamente bien dotados.

Con base en tales resultados, son bastantes los detractores de la enseñanza privada. Sin embargo, es lástima que los mismos que señalan acusatoriamente a los colegios privados, hagan muy poco por apuntar soluciones viables, que sería la auténtica crítica constructiva que el problema exige. Porque de lo único que no cabe dudar es de que tales colegios han venido y vienen aún prestando un claro beneficio a la enseñanza en España.

La enseñanza privada está en crisis y aún lo estará más si algunas de las posibles soluciones, arbitradas por quienes desean un noble resultado final, no hallan eco en quienes podían someterlas a prueba.

Renovarse o morir

Renovando el edificio que alberga los dormitorios de alumnos

Es ley de vida. El progreso es movimiento hacia adelante; sin progresión continua no hay desarrollo. Detenerse es regresar.

El progreso, con todo, es con frecuencia cosecha angustiosa. La simiente óptima para un progreso efectivo suele soportar roces arenosos de sacrificio y esfuerzo. El fruto es dorado y es lo que antes se advierte ante una mirada superficial, -legre y poco reflexiva. A poco que se analice el proceso que hizo posible la obra lograda, surgen al pronto los niveles soterranos de la labor sacrificada y el esforzado tesón.

Aspecto de una de las aulas de Primaria

No es que el sacrificio desdore el fruto. Al contrario, el esfuerzo es la pátina mejor que enrojece y valúa el resultado obtenido.

Fruto de tesón, de trabajo callado, es la renovación lenta, pero ahincada y constante, que viene cobrando nuestro Colegio.

Dormitorio de alumnos

Este año el sector beneficiosamente afectado ha sido el correspondiente a nuestra primaria y las ampliaciones del internado. El Colegio, en la misma medida de su evolución, se nos viene haciendo pequeño. Nuestro internado, concretamente, lo era en un nivel incipiente. Ahora, con la transformación impresa a los dormitorios, aulas y patios de recreo, la primaria, sobre todo, y el internado, en casi igual grado, alcanzan cifras de más correcta capacidad.

Hemos querido hacer patente a nuestros lectores el resultado de este nuestro último propósito. A este fin ilustramos nuestra información con doble viñeta. En ellas se nos ofrecen la marcha de las obras realizadas y el resultado al fin de las mismas.

Semáforos y educación cívica

Suelen decir los pedagogos que para lograr el pleno desarrollo de la personalidad humana hay que comenzar por destruir la empalizada del propio individualismo en que con frecuencia nos arropamos.

No cabe duda de que es manca la perfectividad del individuo si se le encierra en los reducidos límites de su yo. Es preciso abrirle paso al exterior, hacia todo lo que le rodea, y surge entonces un parque inmenso de posibilidades educativas.

A este fin conviene inculcar en el niño criterios so= ciales. No fue integral la formación del alumno si le falta luego capacidad de intervención en las labores colectivas.

El aspecto social de la educación del alumno tiende a ampliar el campo de las relaciones humanas, habilitándole a girar sobre los tres goznes sobre que descansa la sociabilidad: adaptación, utilidad y eficiencia.

Esta conducta del individuo le forzará a transmutar su egoísmo en cristiana generosidad, la mezquindad en entrega servicial a la colectividad.

Dentro de tan amplio programa, nuestra labor tiende a crear en el alumno hábitos fundamentales de cortesía y trato social, pronto desenvolvimiento de la solidaridad social, para facilitar sus categorías de convivencia, aptitud para una cabal comprensión nacional e internacional.

Todo esto viene a colación a propósito de algo aparentemente sin importancia: Carcagente ha estrenado semáforos. Un juego complejo de indicadores luminosos que darán ordenamiento, flexibilidad y seguridad al tráfico.

El lugar de su enclave lo requería: se trata de un cruce de máxima actividad de tránsito, no exenta de peligro. Su peligrosidad quedaba agravada con la circunstancia de su proximidad a varios colegios, entre los que cuenta el nuestro. Podríamos decir que, primordialmente, es el Colegio quien estrena semáforos. Y han de ser nuestros alumnos, en primer lugar, quienes más utilicen y respeten las consabidas señales.

Será algo así como una lección diaria de civismo, una clase práctica que acumulará experiencias en el diario convivir.

Bienvenidos los semáforos, que nos brindarán la ocasión de seguir inculcando en nuestros alumnos hábitos saludables de sociabilidad y civismo.