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Dedicatoria

El Concilio no ha concluido. Sería lastimoso que concluyera. Porque el Concilio eficaz es el que ahora gana dimensión en su puesta a punto.

El Concilio es como una Anunciación a todo el mundo de verdades que hay que encarnar en la llaga vital del momento que nos ha correspondido convertir en historia. Sin esta otra fase de realizaciones conciliares el Concilio no tendría sentido.

El Concilio, ahora, eres tú y soy yo. Todos. Y todos a una hemos de llevarlo a feliz término.

F. A. M.

La educación integral y el Concilio Vaticano II

El hombre, ser dotado de dignidad humana e inmerso en la sociedad, tiene el derecho sagrado e inalienable a una educación.

La Iglesia, fiel al mandato de su Fundador, «Id y enseñad a todas las gentes» (Mt 28, 19-20), se hace responsable de estas palabras y se entrega de lleno, según sus posibilidades, a este menester.

La Iglesia, ante el mandato de Cristo, no ha cesado de propagar sus enseñanzas, «y en consecuencia, en todas partes se realizan esfuerzos para promover más y más la obra de la educación; se declaran y se afirma en documentos públicos los derechos primarios de los hombres, y sobre todo de los niños y de los padres con respecto a la educación» (Declaración sobre la educación cristiana de la juventud).

Si hubiera tiempo y lugar haríamos un recorrido histórico, de concilio en concilio y comprobaríamos cómo en todos ellos no faltó la preocupación por la educación y cómo de sus asambleas salieron sabias normas, a través de las cuales luego habían de ver la luz las escuelas catedralicias, las magníficas universidades, los colegios mayores, los seminarios, etc.

El recientemente terminado Concilio Vaticano II no podía pasar por alto el tema de la educación de nuestra juventud y ha elaborado unos principios básicos en los que hemos de apoyarnos para conseguir nuestra meta: la educación cristiana de nuestra juventud.

Esta educación no «persigue solamente la madurez de la persona humana (...), sino que busca sobre todo que los bautizados se hagan más conscientes cada día del don recibido de la fe, mientras son iniciados gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvación; aprendan a adorar a Dios Padre en espíritu y en verdad (Jn 4, 23), ante todo en la acción litúrgica, adaptándose a vivir según el hombre nuevo en justicia y santidad de verdad (Ef 4, 13), y contribuyan al crecimiento del Cuerpo místico» (Vaticano II. Declaración sobre la educación cristiana de la juventud).

La educación es compleja, y en ella intervienen varios factores: padres, educadores, escuela, ambiente, sociedad, etc.

Nos recuerda el concilio que «los padres han dado la vida a los hijos; están gravemente obligados a la educación de la prole y, por tanto, ellos son los primeros y obligados educadores (...). Es, pues, obligación de los padres formar un ambiente familiar animado por el amor, por la piedad hacia Dios y hacia los hombres que favorezca la educación íntegra, personal y social de los hijos».

Abundando en estos conceptos, la Constitución Conciliar se expresa en términos análogos a los que siguen:

Es obvio que los padres no cumplen cabalmente con su obligación si se limitan a mandar a sus hijos al colegio. Un centro docente no puede suplir totalmente el ambiente familiar, que en definitiva es uno de los factores más importantes en la educación del joven.

El Colegio se responsabiliza de la enseñanza cultural y se esforzará por inculcar buenos hábitos tanto como en corregir los torcidos, pero esto es una parte de la educación. El Colegio será efectivo en su misión siempre y cuando prolongue la que primordialmente le corresponde a la familia como primera escuela, insustituible, de virtudes. Aunadas sí podrán realizar el milagro de la educación juvenil.

Rdo. P. Julián Coll,
franciscano

Contraste

Por los alumnos de 6º Manuel Catalán, Luis F. Pérez y Enrique Garés.

Las estrellas clavetean la noche
mientras la penumbra ciñe la ciudad,
y hay un aroma de silencio
por las calles.

Un candil tembloroso
no cesa de inquietar mi reposo:
pájaros tristes de pesadilla
y mariposas locas
cruzan mi mente,
y hay un agudo son de ásperos grillos
que me enturbian mi noche y mi paz.
Pero las estrellas
fijan la noche
y en la penumbra pálida
de las farolas
la ciudad acuna al silencio

Un tenía para hoy:
la TV y el estudio

La TV se ha convertido en tema de frecuentes controversias desde todos los ángulos posibles.

Nuestros alumnos enjuician hoy, desde la cátedra de la propia sinceridad, el impacto que la TV produce en sus programas de estudiante.

l.- ¿La TV te beneficia o perjudica?

Próspero Enguix, 6° curso: Beneficia, sin duda alguna; hay programas útiles.
Francisco Campos, Preu: Los programas de la noche benefician: después de una jornada intensa de estudio, es ocasión propicia para relajar el espíritu.
José P. Gomis, 5° curso: Hay programas formativos bien realizados; por lo tanto, la TV ilustra.

2° ¿Crees que debes disponer de tiempo útil para ver programas de TV?

Pascual Ferrer, 6° curso: Estimo que debiéramos disponer de una hora al menos para presenciar programas formativos.
Pascual Boquera, 5° curso: No. El exceso de materia a preparar nos impide conciliar ambas cosas.
Enrique Trull, 5º curso: Debemos disponer de tiempo para ver los programas formativos, informativos e incluso los recreativos.

3.° ¿Qué programas consideras más aptos?

F. Peris Serra, 6° curso: Rueda de prensa, Cesta y puntos y obras de teatro.
Enrique Company, Preu: Los culturales, y especialmente los cursos de lenguas modernas.
Antonio España, 5° curso: Los espacios culturales, los telefilms de ciencia-ficción y los informativos.

4.° ¿Qué programas te distraen, en cambio, de tus obligaciones de estudiante?

Ernesto Aleixandre, 6° curso: Los partidos de fútbol y las películas en general.
Juan Bta Soler, Preu: Los telefilms de serie, porque te apasionan en demasía.
Juan Gassó Pla, 5º curso: Los partidos de fútbol, porque te absorben por completo.

5.° ¿Qué suelen opinar los padres del alumno sobre el particular?

Enrique Trull, 5° curso: Que la TV dosificada y buena es instructiva. Además, hace que la familia permanezca unida en el hogar.
Próspero Enguix, 6º curso: Según ellos, la TV hurta tiempo al estudio.
Pascual Vernich, Preu: La TV es buena siempre que no nos inhiba de nuestras obligaciones, y que hemos de seguir su criterio para la elección de los programas. Estiman que el tiempo oportuno es el de las comidas, aunque algunos oponen que con esto se corre el riesgo de romper la intercomunicación familiar.