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GOTAS DE CERA

Fr. Ángel Martín

Una gota de cera, rubia, limpia, lustrosa,
una gota de cera que cayera en la mano,
que al mirarla tremase como trema la cólera
y al cogerla rodase como rueda un escándalo.

Una gota de cera,-¡esta gota de cera!-,
eucarística, tensa, carne antigua de nardo,
esta gota de cera de misterio o capricho,
¡qué susto, qué extrañeza,
qué inquietud, y qué espasmo!

Pero si en los tendones del alma destilara
gotas de cera joven el cariño,-que es pálido
como el cirio más firme, como el cirio más puro-,
¿produciría el mismo sentimiento de ensalmo?

Los que hacemos capricho del lenguaje, y misterio
del verso que sentimos y apenas expresamos,
espasmos, inquietudes y extrañezas nos faltan,
¡y una gota de cera en el alma llevamos!

La Virgen, que tenía tan fresca la mirada,
tan limpios los sentidos, y el corazón tan blanco,
cuanto hablaba o decía era llama en su boca
era cera en sus dedos y era cirio en sus brazos.

El ángel lo sabía. (Sus alas vigorosas
al batirse, rompieron una nube en lo alto,
y unas plumas muy blancas saltaron desprendidas
como un polvo precioso que dejara a su paso).

El ángel lo cantaba. ¡No lo calló su boca!
Dios, que se lo diría... Cuando acabó su canto,
lo miró como miran al Señor las estrellas
y un cetro de azucenas le adelantó su mano.

Y respondió la Virgen, tan fresca la mirada,
tan claros los sentidos, y el corazón tan blanco,
que palabras y gestos eran llama en su boca,
eran cera en sus dedos, y eran cirio en sus brazos.

Yo la entronizaría tal cual es, rodeada
de estatuas de cariño, en el vértice amplio,
en que el mundo del alma abre sus ilusiones,
sus fervores, sus dichas, sus plegarias, sus salmos.

Viejos tapices turbios zarpeados de tiempo
arrumbaría entonces en el rincón nevado
en que el olvido esconde tentaciones antiguas,
impulsos retenidos, placeres desechados.

¿Otro tapiz? La vida, con paisaje cristiano
de recias tierras rubias y amaneceres anchos.
¡Eucarísticas tierras de trigo! ¡Soles nuevos
abriendo la custodia de su abanico a rayos!

¡Y Ella, como un impulso, adelgazada, gótica.
Como un impulso erguido entre estilo y milagro,
mientras pisa la nuca verdosa del veneno.
¡Un San Miguel, más recio, más hermoso, más santo!

Y un cerco de blandones dorándole el aliento,
y un boscaje de cirios leves, estilizados...
Lo pienso; lo dibuja mi frente; ¡y ni imagino
una gota de cera que empañara su manto!

Este poema apareció en la revista Del Colegio nº 26 de dic 1954. Hay una breve referencia de Fr. Ángel Martín, junto varios poemas suyos en la página de Colaboraciones