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LA IMAGEN HALLADAPor Víctor OrovalLa noticia del hallazgo de la imagen de nuestra Patrona en el valle de Aguas Vivas (llamado de Alfandech en los escritos contemporáneos de la Reconquista), nos ha sido transmitida por una piadosa tradición fijada por primera vez, que sepamos, en documentos de principios del siglo XVII. Según esa tradición, unos anacoretas retirados en aquel valle enterraron la imagen para evitar que fuese profanada por los moros, y en tal estado permaneció, ignorada, hasta el 16 de Octubre de 1250 en que, recién liberado el valle por Jaime I y fundado allí un monasterio de agustinos, un labrador al servicio del mismo la descubrió casualmente, con el arado, al pie de un olivo que aún se conserva. ¿Cuándo fue enterrada allí esa imagen? ¿A qué época pertenece? Se cree comúnmente que el enterramiento tuvo lugar cuando la primera invasión musulmana, es decir, en el siglo VIII. Esta creencia, sobre no apoyarse en ninguna base documental, ofrece para su admisión tantas dificultades históricas que nos parece poco defendible. En primer lugar, nos obligaría a afirmar desde luego que, en su forma actual, la imagen es muy distinta de lo que debía ser cuando fue hallada, aun admitiendo que ésta, según la tradición, era de notable belleza. En efecto, la imagen hallada tendría que ser en ese caso una escultura paleocristiana, y la imagen que hoy poseemos no acusa ni la pobreza de inspiración ni la impotencia técnica propias de aquella época, considerada tanto en sus manifestaciones occidentales como en las bizantinas. Por lo demás, es muy improbable que se construyera en unos tiempos en que el arte cristiano se caracteriza por la escasez de representaciones escultóricas. Ni siquiera puede admitirse sin dificultades que se trate de una escultura románica. La vida y expresión de las figuras, las proporciones, la gracia de los plegados, etc., no permiten situar la producción de esta imagen en el período románico, y como los escultores españoles siguen copiando los modelos románicos durante el siglo XIII, llegamos a la conclusión de que, tal como hoy se conserva, la imagen de Nuestra Señora de Aguas Vivas aparece como posterior a la fecha que tradicionalmente se asigna al hallazgo de la misma. Entonces, ¿será falsa esa fecha? Una sencilla explicación bastará para demostrar que, a pesar de lo dicho, nada se opone a que la podamos seguir admitiendo como verdadera. Atribuir nuestra imagen, tal como hoy se conserva, a períodos anteriores al gótico, sería un anacronismo. Si no hubiese sufrido ninguna modificación, podría afirmarse sin temeridad que es posterior al siglo XIII y que, por consiguiente, su hallazgo no pudo ocurrir en 1250. Pero no los carcagentinos, que desde antiguo se distinguieron por su devoción a la Virgen de Aguas Vivas, todos los años traían su imagen desde el Convento para festejar a la Señora en su parroquia, donde permanecía a veces varias semanas. El día 6 de septiembre de 1736, hallándose en Carcagente para las fiestas de aquel año, un incendio destruyó casi por completo la iglesia parroquial, dejando tan estropeada la imagen que hubo de ser reconstruida. En aquella reconstrucción sufrió modificaciones de importancia, como lo atestigua el material de la misma por una parte, y por otra, el sello del convento de Aguas Vivas que aparece en un documento de 1610 y en el que, dentro de un óvalo formado por las palabras "Sagell del Convent de Aygues Vives", vemos un corazón atravesado por una flecha, divisa de la orden agustiniana a que pertenecían los religiosos de dicho convento, un surtidor de taza hexagonal, un árbol que representa el olivo del hallazgo, y una virgen que no puede ser otra que la de Aguas Vivas, patrona del convento. En esa representación gráfica de la Virgen de Aguas Vivas, la más antigua que conocemos y de indudable valor documental pese a lo rudimentario de su arte, se aprecian notables diferencias entre la imagen que sirvió de modelo al dibujo del sello y la que actualmente se venera en nuestra parroquia. Allí aparece con el brazo derecho medio extendido hacía el lado y llevando en la mano un ramo de azucenas. En el izquierdo, lleva al Niño, pero éste no pone su mano en la mejilla de la Madre, como vemos en la imagen actual, en la que, además, la mano derecha se apoya sobre un cayado. En su conjunto, la representación que comentamos ofrece rasgos mucho más arcaicos que los de la imagen actual. ¿Qué se deduce de todo ello? A mi entender, lo siguiente: que al reparar los desperfectos y roturas ocasionados por el incendio de 1736, en los retoques y modificaciones exigidos por la reconstrucción el artista empleó la técnica de su tiempo sin cuidarse mucho de conservar las formas anteriores, y de ahí el aparente anacronismo que resulta de atribuir nuestra imagen en su estado actual a épocas anteriores a la fecha tradicional del hallazgo. Por lo demás, no es preciso que la ocultación ocurriera antes del segundo milenio de nuestra era como suponen los que la hacen remontar a los tiempos de la primera invasión musulmana; pues al principio, los musulmanes siguieron una política de tolerancia con la numerosa población hispanocristiana que les quedó sometida después de la rápida ocupación de la península; política sólo alterada por breves períodos en determinados lugares. Tanto es así, que por esa razón varios príncipes musulmanes fueron acusados de impiedad. Ese trato que permitía cierta libertad de acción a los mozárabes, alcanza su máxima expresión en los Reinos de Taifas, en cuya época se produce una reacción cuyas manifestaciones más importantes son las dos invasiones africanas que se producen entre mediados del siglo XI y principios del XII. Tanta los almorávides como los almohades vinieron como restauradores de la observancia religiosa, y sus conquistas tuvieron por consecuencia un régimen de intolerancia que se tradujo en persecuciones atizadas por el odio de los alfaquíes y el populacho. Este resurgimiento del islam produce un período de revoluciones y guerras cuyos efectos alcanzaron a la comarca donde está enclavado el valle de Aguas Vivas. Así, en 1097 se libró en Alcira una batalla entre el Cid y los almorávides. Entonces pudo ocurrir el hecho de la ocultación de la imagen hallada en 1250 y la desaparición de los ermitaños que vivían en dicho valle. En conclusión: la imagen hallada, a mi entender, era probablemente una escultura románica de las características reflejadas en el sello del Convento de Aguas Vivas antes descrito, y la actual es esa misma imagen, reconstruida y reformada después del incendio de 1736, con la técnica de principios del siglo XVIII y sin grandes preocupaciones arqueológicas. Artículo publicado en la revista DEL COLEGIO nº 12 de oct-dic 1950. Número extraordinario con motivo de la Coronación Canónica y fiestas del centenario de la Virgen de Aguas Vivas.
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