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SEMBLANZA DEL P. BENJAMÍN REIG MOLTÓ

Soleriestruch

Tengo a la vista, un pequeño retrato del Padre Benjamín.

El doce de Agosto, hizo precisamente doce años, que el Padre Benjamín, abandonara esta vida terrenal de un modo violento. Tenía sesenta y dos años y hacía cuarenta y siete que vistiera el hábito de San Francisco.

No tengo por qué ocultar que, me cautiva la imagen del padre que en el retrato aparece. Difícilmente podría expresar la causa...

Sin que podamos sentarlo con certeza de teorema, admitimos sin embargo, allá en los más escandidos recodos del pensamiento que, la cara, es la cédula de la personalidad individual; el documento fehaciente de todo aquello que podemos esperar o temer de la persona a quien nos acercamos.

Y es que vivimos, querámoslo o no, atraídos y repelidos magnéticamente unos de otros. Inevitablemente ha de ocurrir así.

Como españoles -que gracias a Dios, somos- nuestro centro de gravedad psicológica no puede ser la ataraxia, ni la serenidad olímpica: manda en nosotros el impulso. Y ese impulso es el que nos lleva a estimar sobre todas las cosas, al hombre.

Difícilmente los hallaremos como el Padre Benjamín. Un emocionado impulso nos lleva a contemplar su rostro simpático, salvado por la cámara fotográfica del zarpazo del tiempo.

Se ha dicho que, el lenguaje del cuerpo, es el gesto; yo os digo que el gesto es el lenguaje del espíritu...

Hablan las manos -recordad las que pintara el Greco-, y hablan los ojos -recordad los velazqueños ojos que delatan, mejor que documento alguno, el inevitable declinar de una dinastía-.

Más que cualquier parte del cuerpo nos dice el rostro... Y si sois sinceros, habréis de convenir conmigo que el ligero fruncir del músculo más insignificante del rostro acierta a expresar más claramente un estado anímico, que medía hora de conversación.

Examinemos detenidamente, el rostro que aparece en la fotografía. Dios nos concedió la vista para examinar los cuerpos. Mucho nos dice también del alma, las inflexiones de la voz... ¡Pero ya la voz del mártir franciscano no podemos oír; no nos es dado tornar a percibir aquella su bien timbrada voz.

Atraen los ojos del Padre Benjamín. No miran lo circundante: son unos ojos que, aparentemente, disparan la mirada hacia lo externo para mejor ocultar... no sabemos que recónditas interioridades. Todo es atención al sentimiento interior; y sí nos fijamos, notaremos también que, son unos ojos de los cuales no se ausentó cierta infantil travesura que, en un momento dado, puede brincar inesperadamente, tras el cristal que a los ojos escuda.

La forma de la parte inferior del orbicular de los párpados, manifiesta una innata benevolencia. Los párpados superiores, de tarso en maza, revelan aquel ágil espíritu crítico que le llevó a Definidor Provincial de la Orden. Las cejas, pobladas y varoniles, descansan con horizontal serenidad. No hay tampoco, rastro de pliegues comisurales que nos delaten la existencia de profundos sinsabores... No los tuvo en los años que, dedicado a la enseñanza, pasara en Onteniente; ni cuando fue Guardián en Agres, Teruel, Valencia y en nuestra Ciudad.

La sana alegría que emanaba de su espíritu, corno fluyen las cristalinas aguas del Pouet en el picacho de Montcabrer, allá en la Cocentaina que nacer le viera, aparece enturbiada por los dolorosos hechos a que tuvo que hacer frente en Mayo del treinta y uno y en Mayo del treinta y seis....

¡Aquella alegría comunicativa que le granjeaba la feliz solución de escabrosos problemas, -¿qué otro que no fuese el Padre Benjamín, hubiera conseguido que la Iglesia de San Francisco tornase, al cabo de muchos años a la Comunidad?- viene matizada por un tilde de amargura!

Quiera el Padre perdonarnos esta anatómica disección que de su rostro hicimos, por de algún modo contribuir a divulgar las excelencias de su carácter.

Llévonos a ello, la espontánea simpatía que por el Padre sentimos. ¡Aquel buen Padre de grata presencia masculina, airoso cuerpo y ademanes pulquérrimos, de vivos y distinguidos modales ... !

Torbellino de acción, y como buen mediterráneo, de impulsivas resoluciones. Arrogante sin altanería y simpático por demás...

Que llevaba en el rostro de nobles facciones correctas y en su proporcionada cabeza equilibrada toda la fuerza y toda la vida de un hombre cuyo valer destaca en la parda uniformidad allanadora del humano tapiz.

Capitán de los Tercios de Cristo, vistió el uniforme de la Orden Seráfica. Y abroquelado en su fe, con la sonrisa en los labios, recitó a la Muerte teresianos versos... ¡allá en Almansa donde entregó su cuerpo con numantino gesto... !

Soleriestruch, profesor del Colegio

 

PP. José Cebolla y Benjamín Salas con sus alumnos en el año escolar 30-31.