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Desde hacía tiempo se venía anunciando un encuentro de jóvenes de toda la familia franciscana en Madrid con el objeto de conocernos, disfrutar del carisma franciscano, y compartir las experiencias de vida cristiana y franciscana en los diferentes lugares de la geografía española. Ante la proximidad de las fechas de dicho encuentro (28-30 de octubre) hubo varias personas que manifestaron su interés por participar, y el día 28 de octubre salíamos para Madrid seis personas: dos del colegio San Antonio de Carcaixent (María Olcina, de 1º de bachiller y Marta Salom, de 4º de ESO), dos de Castalla (Charli Castelló y Pablo Castelló) y otras dos de Valencia (Carlos de la Fuente y Juan Carlos Moya). El lugar al que debíamos de acudir era “El Pardo”. Una cosa era la indicación que figuraba en el tríptico de información del encuentro, y otra era la realidad de las señalizaciones en la carretera, dicho de otro modo, que nos perdimos y anduvimos en varias ocasiones, pero al final, como no podía ser de otra manera, llegamos al destino. Ya en casa de los hermanos Capuchinos nos encontramos con un gran número de jóvenes venidos de toda España. Nos acogieron unas hermanas Franciscanas Misioneras de María para después acompañarnos al lugar donde teníamos que dormir: una de las aulas de lo que era un colegio. Y así comenzó el encuentro: varios de los que fuimos, habían estado este verano pasado en la Experiencia TAU, haciendo el camino Liebaniego, hecho que les reportó conocer a mucha gente, de la cual, algunos de ellos se hallaban en este encuentro.
Aspecto del grupo en el momento en el que se explicaba cómo iba a ser el encuentro La dinámica de presentación fue muy movida, haciendo todo el mundo ejercicios malabares encima de unas sillas, donde no dejaban de ir y venir unos y otros buscando su sitio adecuado, eso sí, con la condición de no tocar el suelo. Tras esa dinámica y unos cuantos bailes, tocó ir a la cama, o al saco. Sin dormir demasiado esa noche, nos dispusimos a abordar el día central del encuentro. Lo iniciamos con una reflexión-oración en torno a la figura de San Francisco de Asís, para después participar en uno de los numerosos talleres que se ofrecían, y a eso dedicamos la mañana: expresión corporal, danza, marionetas, reflexión, pintura, expresión de sentimientos… fueron algunos de ellos, cuyos resultados se expusieron a la tarde, después de un ensayo de cantos para el olvido. La velada estuvo muy entretenida y participada. A la noche, y tras la cena, hubo una vigilia de oración preparada por los hermanos franciscanos de la Provincia Bética. Fue un momento de oración por la paz en todo el mundo, uniéndonos así a toda la familia franciscana universal en la jornada del “Espíritu de Asís”. La importancia de la palabra de Dios, la alegría, la fraternidad, la misma paz, fueron algunos de los aspectos más significados a lo largo de esa vigilia. Tras la misma, un chocolate calentó los cuerpos y la música se encargó de prolongar la fiesta. El domingo fue el día de conclusión del encuentro: giró en torno a la eucaristía. En ella saboreamos la palabra de Dios en la que se nos ponía la figura del ciego Bartimeo, quien halla en Jesús el fin a su ceguera, y con ello, el fin a ser una persona excluida de la sociedad. Él tomó el camino de Jesús, supo encontrar en Él solución a sus problemas: Francisco también se puso a tiro de Jesús y halló repuesta a sus deseos y anhelos. Ese es el camino que se nos marcó y por el que hemos de transcurrir en nuestras vidas para participar de los dones de que gozó Francisco: la alegría verdadera y perfecta, la sabiduría del corazón, la libertad de espíritu, la pobreza que redime, la fraternidad que crea comunión…
Pablo, María, Marta y Carlos en un momento de la Eucaristía Con todas estas consignas, y tras la despedida de unos y de otros, vimos la importancia de estos encuentros y la necesidad de que se continúen realizando. Aunque en el viaje de regreso también sufrimos algún despiste debido a “zanjas madrileñas”, todo fue mucho más sencillo. Ciertamente nos trajimos un buen sabor de boca tras esta experiencia que nos abre a tantos grupos de franciscanos y franciscanas que tienen en Francisco y Clara de Asís referentes claros de sus vidas de seguimiento de Jesucristo. Esperamos que para el próximo encuentro sean más personas las que puedan disfrutar de estas experiencias de vida en las que se pone de manifiesto que la gente se puede y sabe divertir de manera sana.
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