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Queremos desde aquí dar gracias a Dios porque nos dio al Papa Juan Pablo II que ha sido un Papa según su corazón. Bendecimos a Dios porque cuida a su Iglesia que somos todos nosotros por medio de pastores según su corazón. Ya se ha dicho sobre él. Nos asombró la conmoción que su partida ha causado en el mundo entero. Si sólo se atiende a ciertos medios de comunicación llegaríamos a creer que la Iglesia de Cristo es una institución que ha desaparecido de la faz de la tierra. Pero estos días hemos podido ver a millones de gente que recuerda agradecida el paso del Señor por este mundo por boca y por gestos del Papa desaparecido.
Fue el Papa que tuvo el don de llegar al corazón de los jóvenes
por su coherencia de vida y doctrina, por su libertad en proclamarles
la verdad y las exigencias del Evangelio, por sacarles de la rutina y
de la mediocridad; un Papa que, como nadie, supo conectar con sus aspiraciones
y anhelos de un futuro mejor para la humanidad. Esto en una época en la que institución familiar es socavada por el divorcio y el aborto. La sexualidad se transforma en un juguete egoísta para la búsqueda del placer separado de su valor unitivo y procreador. La persona había dejado de ser "alguien" para transformarse en un objeto —rechazable— de placer, en un elemento de consumo o un instrumento de trabajo. En esta época, su voz ha sido luz y faro. Bendecimos al Señor por el Pastor santo que ha concedido a su Iglesia. Y le pedimos que su Espíritu siga inspirando para que pronto se encuentre un nuevo pastor según su corazón que nos dirija y nos lleve a él.
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