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Editorial. Misión compartida

¿Por qué hablamos hoy tanto de la "misión compartida"?

La presencia y acción de los seglares en la Escuela Católica es una realidad creciente, tal vez más por necesidad que por convencimiento. Pero, al mismo tiempo, desde el Concilio Vaticano II ha ido creciendo en la Iglesia la conciencia de que la misión atañe a todos los cristianos. Cada vez más, los seglares piden participar en la misión y espiritualidad de los institutos religiosos sin perder su propia identidad.

Se impone pasar de la simple aceptación de los seglares a una valoración efectiva de su presencia en nuestros centros, comunidades educativas y proyectos educativo-pastorales, asumiendo la aportación original que prestan a la educación como modelos de identificación para nuestros alumnos.

Compartir la misión en la escuela, en un Centro católico-franciscano exige, entre otras cosas, las siguientes actitudes e implicaciones.

  • valorar como aportación positiva para la evangelización el hecho de que ésta sea realizada por sacerdotes, consagrados y seglares cristianos.
  • promover procesos de formación conjunta que se valore el carisma específico de Francisco y Clara de Asís.
  • relacionar los valores franciscanos con una pedagogía más acorde a nuestros días.
  • confiar las distintas tareas y responsabilidades que implica la misión en nuestros Centros.
  • resituar a la comunidad religiosa dentro de la comunidad educativa.

Dada esta presencia de los seglares en nuestros centros ha dado lugar a fomentar dos grandes direcciones:

  • la formación en programas institucionales.
  • la implicación de los seglares en las responsabilidades.

En "Gravissimum Educationis" se nos dice: "La nota distintiva (de la escuela católica) es crear un ambiente de la comunidad escolar animado por el espíritu evangélico de libertad y caridad".

La comunidad educativa está definida por: un proyecto educativo, una estructura organizativa, participativa y un estilo o talante de relación y corresponsabilidad entre sus miembros.

El ideal de un proyecto educativo, en el fondo, consiste en trabajar juntos, vivir y soñar juntos; pues, la educación es una aventura comunitaria, se despliega en la interacción y comporta la existencia de una comunidad educativa. El aprendizaje es fruto de un intercambio recíproco y de un proceso interactivo en el que las personas aprenden unas de otras.

La Escuela Católica es tanto más significativa ante la sociedad cuanto más testimonio da de ser comunidad de educadores y cuanto más claramente promueve una comunidad de fe. Es decir, cuando puede verse con claridad que los valores evangélicos impregnan tanto su oferta educativa como su misma organización y las relaciones entre las personas que la forman.

Para que el deseo y la realidad no están tan alejados, nos vemos en la necesidad de:

  • programar, analizar y evaluar los cauces de colaboración y participación de los educadores y de los destinatarios en actividades de animación pastoral: Departamento de pastoral.
  • cuidad las relaciones interpersonales y los criterios de participación en el Centro.
  • ofertar momentos y experiencias que permitan compartir la fe.
  • y evaluar periódicamente, con datos concretos, sobre el interés y valoración que hacen los destinatarios y de la oferta religiosa del Centro.