Almacén Ribera de Carcaixent

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Editorial

Educar y evangelizar en nuestro Centro.

Palabras del Hno Rector al primer claustro de Profesores. Septiembre 2002.

Los centros educativos nacidos desde el carisma de la Vida Consagrada tienen como objetivo primero "transmitir y educar la fe" de las nuevas generaciones. Nuestra tradición ya casi centenaria (el colegio alcanza la edad de 78 años) ha buscado hacer de la escuela "lugar de evangelización" de acuerdo con el carisma propio. Las circunstancias sociales, culturales y religiosas actuales desafían nuestra creatividad para evangelizar en la escuela.

Cierto desánimo difuso parece invadir nuestra acción educativa. "Hacemos lo que podemos" -se dice- y a continuación brota una retahíla de explicaciones y consideraciones cuya única conclusión es: "no se puede evangelizar". Esta mentalidad supone una tentación sumamente peligrosa. Lejos, pues, de nosotros esta dinámica destructora.

Persiste otra mentalidad no menos peligrosa: cuando volvemos la mirada a "otros tiempos, otras formas", como si fuera verdad eso de que "todo tiempo pasado fue mejor". No cabe duda, que estamos atravesando una crisis de fe. Dios es contemporáneo de todas las generaciones; también de la de los niños y jóvenes de que llaman a nuestras aulas.

Aún hay otra tentación más sutil y con consecuencias muy negativas: "la evangelización sólo es para algunos; no para todos". Ciertamente, la respuesta personal de los destinatarios no depende de nosotros ni pretendemos controlarla.

Propongo algunas reflexiones para el diálogo y el compromiso educativo para este curso que estamos empezando:

1º. La escuela es lugar de evangelización.

Evangelizar es entrar en contacto "con los no creyentes". Se trata de la primera invitación a conocer a Jesús, el Señor. Partimos de una comunidad de creyentes que viven el Evangelio aunque sea de forma muy débil y frágil. A partir de la experiencia creyente comunitaria, buscamos medios para entrar en diálogo con los niños y los jóvenes, con las familias y también con los educadores.

Plantearse la escuela como lugar para la evangelización es diferente de plantearse la escuela como lugar de catequesis. La catequesis presupone ya la fe que debe ser educada. La evangelización no presupone la fe de los destinatarios. En este sentido, y dadas las circunstancias actuales, en nuestro Centro, tendríamos que hablar, aunque no de forma excluyente, de "transmitir la fe más que de educar la fe".

2º. Los destinatarios de la evangelización.

En nuestro Centro son "todos" los alumnos y alumnas, "todas" las familias y "todos" los educadores. Insisto en la voluntad de ofrecer la Buena Noticia de Jesús a "todos" los componentes de la comunidad educativa. Una de las principales aportaciones que el Centro debe hacer es, precisamente, "llegar a todos".

3º Exigencias de la transmisión de la fe hoy.

Transmitir la fe en la escuela hoy tiene algunas exigencias propias. Sin duda, el lenguaje testimonial es fundamental. Y ese testimonio no puede ser sólo personal, sino además, comunitario.

4º Dinámica a seguir para transmitir la fe.

a) Educar en el sentido crítico.

Esto coloca a los jóvenes en condiciones adecuadas para descubrir la llamada de Dios, origen de la fe. Si los educadores provocan preguntas más que respuestas; lo los porqués abundan; si la realidad es sometida a la razón; si las clases son más búsqueda que magistrales; si las respuestas no se limitan a lo "instrumental"; si no sólo hay problemas que se resuelven sino también misterios que se viven... estamos poniendo a los alumnos y alumnas en condiciones adecuadas para llegar a la fe. ¿Alguien de nosotros duda de que si un joven es capaz de preguntarse con verdad e intensidad "todos los porqués" llega irremediablemente a cuestionarse el sentido de su vida, de la sociedad, de los deseos profundos de su corazón?. Cuando esto sucede, ¿no está el Señor en las preguntas y en las respuestas humanas?

Todos los profesores, y quizá con más fuerza los profesores de ciencias, tienen aquí una oportunidad de ser evangelizadores: "A más sentido crítico, más oportunidades para llegar a la fe". Cuando un profesor pregunta por qué una operación determinada, por qué esa solución, por qué la realidad se muestra así, y cuando de manera científicamente honesta se hace ver que las respuestas dadas son siempre insuficientes y provocadoras de otras preguntas más últimas, estamos ante un profesor-educador que, dando clase sin más, está evangelizando a todos.

Dios está siempre en las preguntas verdaderamente humanas, no sólo como respuesta, sino como acompañante, liberador y dador de sentido. Hoy es necesario provocar preguntas. "Educar en el sentido crítico" es condición necesaria para evangelizar y nuestra educación puede hacerlo. Sin este sentido crítico la transmisión de la fe será más difícil y tal vez imposible.

b) Educar en la libertad para y con los otros.

Esto sitúa a los alumnos en condiciones de dar una respuesta a la llamada de la fe. Cuando la cultura dominante nos invita a elegir de forma individualista y egoísta, nuestros centros deben convertirse en lugares donde la libertad se concibe y se vive "con y para los otros", implicando una disciplina de compromiso personal más que la imposición. Supone un estilo de vivir donde hay posibilidades de elegir respondiendo ante y con los demás. Pienso en el clima de "liberad exigente" vivido en cada clase; en la participación posible en todo tipo de actividades; en la presencia organizada de los alumnos; en los diálogos provocados en la clase de no importa qué asignatura y también en las tutorías; en los compromisos pequeños y grandes de servicio de cada alumno, y en la proporción debida de cada profesor y familia. Para evangelizar en nuestro Centro se debe respirar libertad para y libertad con. ¿Se puede ser creyente de otra forma que no sea libremente? Nadie será nunca creyente por decreto, por absoluta que suene la frase.

c) Amar y sentirse amados.

En nuestro Centro debemos aprender a amar y esa es la esencia de toda evangelización; entonces, desde el amor nos haremos presentes. Una amor gratuito, incondicional. Amor pedagógico, personal, servicial. Amor real, concreto, visible. Amor que perdona, que busca el bien de otra persona sin necesidad de respuesta. Nuestro Centro "huele a amor" cuando cada alumno es valorado como persona más allá de las notas, disciplinas o rendimientos; cuando se busca el bien de los alumnos; cuando los más débiles, los más pobres, los más frágiles son los primeros en ser atendidos, cuidados y educados.

Educar en el sentido crítico; educar en libertad con y para todos; educar desde el amor y para amar son formas de educar que llegan a todos sean o no creyentes. Su ausencia dificultará, en gran medida, la transmisión de la fe. En cambio, su presencia coloca a los destinatarios de la evangelización en condiciones de escuchar la llamada del Señor.

Evangelizar en la escuela no significa añadir actividades, servicios o celebraciones. En el mismo proceso del Centro, -tanto alumnos como profesores- serán necesarias experiencias que inviten expresamente a la fe. Pero antes es indispensable que, el Colegio de San Antonio de Padua, sea un lugar donde abunden las preguntas que educan en el sentido crítico; lugar donde se vive la libertad con para los otros; lugar donde el amor evangélico lo inunda todo más allá de las palabras.

Educar es siempre apasionante. Transmitir la Buena Noticia es desafiante, pero posible; y digo posible, por que Él "siempre está con nosotros" de forma activa.

Hno. Jaime Pellicer
Rector

Escudo que se encuentra en el chaflán del colegio.
Procede del antiguo edificio que hoy ha sustituido el colegio