Portada > Del Colegio > Curso 1998-99 > Libro 75 años
Rara especie, la de los internos
Vte. Domingo y Juan Carlos Canet Vayá
Rara
especie la de los internos. Fueron, en un tiempo que empieza a ser lejano,
grupo, si no dominante, si destacado en este me dio cuyo 75 aniversario
nos ocupa y un mal día se extinguieron o están a punto...
aunque memoria dejaron, vaya si la dejaron.
De origen variopinto y periférico, obedeciendo a misteriosas combinaciones astrales, a mediados de septiembre, acudían a la llamada: Ribera Alta, Ribera Baixa, la Safor, l'Horta, y algún alicantino (hasta allí llegaba su poder)... confluían en el Colegio dotados de signos externos comunes que los identificaban: equipaje completo, herramientas de aprendizaje, padres acompañantes... y la caja, a la que indiscretas manchas denunciaban: refuerzo alimentario basado en los productos de la tierra, vínculo con ella, que daría lugar a jugosas veladas nutritivas, por vía de trueque, que convertían a estos sujetos en refinados gastrónomos especialistas en dulces y variadas galletas, pues, és regla sávia i molt sana, el menjar quan un té gana.
Durante las clases el interno se mezclaba, de muy buen grado, con otras especies afines: medio-pensionistas y externos; eso sí, sujetos al peligro permanente de ocupar, en alfabético orden, los primeros lugares del aula, lo que les hacía, por elementales razones geométricas, estar, con más frecuencia de la que sería deseable, al final de la línea recta teórica cuyo inicio marcaba el dedo índice del «profe» correspondiente, lo que le convertía en sujeto pasivo de cualquier cuestión, por lo general ignorada.
Era a l'hora en punt, cuando el interno se convertía, aflojaba la corbata del uniforme y era participe de animada tertulia sentado sobre el tronco partido de una palmera y al son de la música de una discoteca.
Era al final del día cuando, al quedarse solo, se convertía en un poco más dueño del Colegio. Era el tiempo de la convivencia, la tranquilidad, el paseo por el casi silencioso patio, la aproximación a quienes hace unas horas eran profesor o inspector (especie opuesta, que no enemiga) compartían ahora tiempo y charla: un grupo en aquella esquina, otro grupo analizaba con el padre, con la profundidad debida, la liga de fútbol y la situación del Valencia, y tantos otros...
Al final del día -a la taula i al llit, al primer crit-, por cursos o por edades, los internos se recluían en su natural guarida: el dormitorio. En ella, tras luminosos avisos, buscaban el reparador descanso, después de donar Griacies a Déu.
Buscar no implica encontrar, por lo que algunos, tras infructuosos esfuerzos y presumiendo la retirada del Padre Inspector, al que bajo ningún concepto deseaban molestar, se dirigían sigilosamente a los servicios, buscando en un cigarrillo, compartido, el.esquivo sueño; no siempre la fortuna estaba con ellos. Otros había, héroes anónimos, que, siguiendo los sabios consejos de sus preceptores, prolongaban su vela buscando en la «luz» la remisión de sus culpas, ayudándose de sabias posturas basadas en ocultos saberes y que hoy hemos dado en llamar yoga.
Hoy los internos han vuelto a la diáspora que antes era solo semanal y/o quincenal. Se les puede encontrar en los más insospechados lugares y medios: por tierra, mar y aire, aunque siempre el ritual de reconocimiento es el mismo: inagotable letanía de citas, apellidos, motes, lugares y sucesos incomprensibles para los no iniciados y en que, casi siempre, sobrevive una pizca de nostalgia y un mucho de sentimiento y es que, pese a todo, gracias a todos... no eran malos chicos aquellos internos ni mal sitio aquel Colegio de San Antonio de Padua.
- Vicente Domingo Canet acabó sus estudios en el Colegio el curso 79/80, ingresando posteriormente en la Orden de San Agustín, estando destinado en la actualidad en Madrid y su hermano Juan Carlos acabó COU el curso 1986/87, realizando posteriormente estudios de ingeniería industrial.

