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Recuerdos
Fr. José Luis García
Rodrigo, ofm
El Padre José Luis García Rodrigo ha estado 31 años en el Colegio, durante los cuales no sólo realizó la función de profesor, sino también la de director o rector hasta su jubiliación
Se me ha encargado el presente artículo de reminiscencias del Colegio a la vez que personales. De la ancianidad se dice que vive del recuerdo y que rememora más lo pasado que el presente. Yo en verdad me agrada más vivir el presente de jubilado contento con su situación actual que desazonarme con el pasado a veces no tan complaciente. Con todo, el pasado pesa. Uno de los recuerdos más vitales, y desde luego de los primeros, es el de la participación del Colegio en «Cesta y Puntos» dirigido por Daniel Vindel en TVE. Fue una época vibrante, entusiasta que contagiaba a los alumnos, a la ciudad de Carcaixent y a las familias de nuestros alumnos de otras localidades. Tuvimos pivotes famosos que reboteaban preguntas dejadas en el aire sin contestar. Era un espacio atractivo y apasionado que lo arruinaron los progres de turno porque decían que se daba demasiada importancia a la memoria. Quizá mi evocación más emergente es la convivencia con el equipo, esas escapadas por la noche al Madrid de los Austrias con estaciones en algunas tradicionales tascas. En esos momentos me encontraba con lo mejor de mí mismo en atención, cuidados y hermanamiento con mis alumnos que alucinaban admirados ante lo inusitado y, nada menos, que en la capital de España. Eran tiempos en que no existían las discotecas. Corrían los años de mediados y fines de los sesenta.

El P. José Luis con el equipo de "Cesta y Puntos"
Otro evento que surge añorante en mi memoria son las Fiestas de Santo Tomás cuando dicha festividad se celebraba el 7 de marzo. Proclamación de la Reina de las fiestas, de las Damas y de "los damos". La ronda nocturna de la Tuna a la Reina y a las Damas. Y mi afanoso cuidado por evitar las bebidas alcohólicas en los apetitosos aperitivos preparados por las madres de la Reina y de las Damas. La Tuna tuvo una época de esplendor cuando la dirigió el AA., Antonio España. A estos fastos hay que añadir las obras de teatro y zarzuelas -con alumnas de M.a Inmaculada- en el Cine Moderno primero y después en el Cine Roma, magistralmente dirigidas y puestas en escena por don Pascual Peralt. Siempre admiré las caracterizaciones de algunos alumnos a los que era difícil de reconocer. Parecida vistosidad se desplegaba en los Finales de Curso en el Cine Roma con asistencia de todo el Colegio: una parte académica con los consiguientes premios a los estudiantes más destacados y como broche una adecuada película. En ambos casos los cines se abarrotaban. Posteriormente, los tiempos cambiaron y estas costumbres se arrinconaron en el trastero de los recuerdos. Después de un tiempo de silencio se remodelaron estos usos y se acomodaron a otras pautas no tan suntuosas y triunfalistas pero sí más sencillas y participativas.

En el año 1974 se inauguró el Cine Club San Antonio con la colaboración de Antiguos Alumnos y algunas amistades. Se compró una máquina de paso universal de la-Comunidad de Pego. La sala de proyección era el comedor de internos, alternando con el Cine Roma. Fue un foro de libertad de opinión y expresión en años carentes de esas libertades. Una vez que se asentó la democracia decayó el Cine Club, sin eludir los apuros económicos. Quizás esta visión se ciña parcialmente a una perspectiva política, aparte de la pura afición a las buenas películas. Entre los presentadores tuvimos uno de lujo, el Sr. Carrasco, Director que fue de la Escuela de Periodismo de la Iglesia.
Al hablar del año 1974 no puedo pasar por alto la notable efemérides de las Bodas de Oro. Además de los actos sucintamente descritos por el E Benjamín Agulló en la conferencia de Apertura de las Bodas de Diamante, deseo destacar la aportación conjunta de todos los estamentos educativos con los Antiguos Alumnos en la elaboración de la programación.

A raíz de la Ley General de Educación de 1970 del Ministro de Educación, Villar Palasí, tuvimos que ampliar el Colegio, surgiendo así la segunda ala recayente a la calle Cenia Bonastre (1977). Anteriormente se preparó dicha ampliación con la compra de las casas colindantes al Colegio hasta el Asilo y las de la parte posterior hasta la citada Cenia Bonastre. Adquiridas, primeramente, por la necesidad de expansión del patio de recreo y de deportes -incluso había un gimnasio- sirvieron después para ampliar el espacio y así poder construir la segunda ala para ajustarnos a las normas de la Ley de Educación. Para terminar el capítulo de las ampliaciones constatar la construcción de un estupendo gimnasio, inaugurado en junio de 1994. Antes de concluir este apartado de la modernización del Colegio hay que recordar al P Benjamín Agulló que aportó la construcción del ala recayente a la calle de Santa Ana (curso 1961-62) y la compra del caserón «Molino Peiró», donde se estableció el internado.
Recuerdo con mucho agrado a este colectivo que convivía continuamente con nosotros y era objeto de nuestra atención y predilección. Se consiguió un cálido y acogedor ambiente familiar. En el período de mayor auge del internado se llegó hasta casi el centenar de alumnos. Una prueba de que nos recuerdan gratamente es que en la cena de Apertura del 75 aniversario eran relativamente los más numerosos. En la actualidad han quedado reducidos a un pequeño grupo, pues se cree más conveniente, y con razón, una mayor convivencia familiar. Al hablar de los internos me viene al recuerdo su inestimable colaboración en la «pantaná» de 1982. El día 20 de octubre teníamos cincuenta internos, que nos ayudaron muchísimo a salvar casi todo lo de la planta baja: secretaría, administración, laboratorios, salas de visitas, orlas de alumnos, archivos... Cuando vimos la magnitud de la riada, para mayor seguridad, los trasladamos desde el caserón a las clases de la parte nueva por su estructura férrea. Dado lo novedoso de la situación, los internos se lo pasaron en grande, como una aventura inusitada. Velamos hasta que vimos que las aguas empezaban a bajar. Nuestro nivel de medición eran las escaleras del Colegio.

Un punto aparte y muy gratificante es la presencia activa de la Asociación de Padres y Madres de Alumnos en la Comunidad Educativa, sobre todo mediante su junta Directiva, elemento básico para la dinámica del Colegio. En las Memorias remitidas a la Comisión de Enseñanza o a otras instituciones de la Provincia Franciscana de Valencia, siempre manifesté mi juicio muy positivo de su actuación y compenetración con la Dirección del Colegio. Quizá hubo un momento de inflexión feliz y prontamente superado. Mi agradecimiento y mi anhelo de que continúen su labor con la misma ilusión y entrega.
No puedo pasar por alto, en mi recuerdo afectuoso, a tantos hermanos
míos franciscanos con los que he convivido durante treinta y un
años, verdaderos cohesionadores de la Comunidad Educativa. Vinculado
a esta añoranza quiero dedicar mi sentimiento apesadumbrado «a
los que poseídos por algún extraño espíritu
de fuego, se extinguieron de forma prematura», PP Julián,
Barrachina, Jacinto e Ismael, don Juan Torres, don Vicente Pascual y don
Teodoro Bajo y a los que más longevos también Dios los llamó,
P Benjamín Salas, don Vicente Llopis y don Pascual Boquera.
Quiero destacar la aportación femenina a la Comunidad Educativa.
Cuando llegué al Colegio, el año 1963, había dos
profesoras: Doña Rosa Forés y Doña Palmira Lorente.
Posteriormente el número aumentó, de manera que llegaron
a ser más que el elemento masculino. Actualmente esto no es noticia,
lo rememoro en recuerdo emotivo a su dedicación personal.
Finalmente dirigir mi mejor mención a mis queridos profesores, religiosos y seglares. Eran y son un cuadro espléndido. Me acuerdo de los de mis primeros tiempos y de los más recientes. Entre todos supimos crear una atmósfera de unión y de amistad y común afán por el bien del Colegio de San Antonio. Quizá nos faltó una cobertura arquitectónica más adecuada y cálida. Dejadme confesar mi predilección por los colegios ingleses. No soñemos y terminemos con mi cordial reconocimiento y admiración al claustro de profesores. Hasta siempre.

