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Una experiencia no superada
Fr. José Benito Vidal, ofm
E 1 día 20 de octubre de 1982 permanecerá en el recuerdo de los habitantes de la Ribera como una fecha trágica. Las aguas del Xúquer, aumentado su caudal por las lluvias torrenciales vertidas sobre su cuenca, llegaban arrolladoramente al embalse de Tous. Las precipitaciones, copiosas y continuadas desde unos días antes, hacían ascender el nivel de las aguas en la presa aunque nadie ponía en duda la capacidad de esta para contener una avenida, hecho tan normal, por otro lado, durante la estación otoñal en nuestras tierras. Nadie había previsto tampoco lo excepcional de las lluvias que nos afectaron durante esos días. Cientos de litros por metro cuadrado caídos en breves instantes demostraron la insuficiencia de las redes, naturales y artificiales, de desagüe: algunos campos habían comenzado a anegarse; los ríos, barrancos y ramblas apenas podían contener tanta agua y en ciertos puntos estas habían ya rebasado sus márgenes y se desparramaban por las tierras vecinas; en los pueblos el alcantarillado no daba abasto para evacuar el agua caída que comenzaba a circular por las calles inundando las zonas más bajas...

Puerta principal del colegio con agua hasta la mitad de la planta baja
Los habitantes de la Ribera estamos acostumbrados a estas situaciones y, quizás por ello, nos preparábamos para soportar una vez más las «salidas de tono» del Xúquer. En Alzira, en Carcaixent y en otras poblaciones limítrofes las gentes respondían al «malhumor» del río según lo habían visto hacer a padres y abuelos en ocasiones similares: el desalojo de las plantas bajas, la construcción de pequeños parapetos en las puertas de las casas... y después, una vez vueltas las aguas a su cauce, la ingrata labor del desagüe y la limpieza de casas y enseres. Por desgracia, esta vez la furia del río se iba a ver multiplicada por el desbordamiento y ruptura de la presa de Tous, cuyos sistemas de evacuación del agua embalsada fallaron estrepitosamente, condenando a los pueblos de aguas abajo a vivir la experiencia más dramática de sus vidas.
Nuestro Colegio vivió, como todo Carcaixent y demás pueblos ribereños, esta pesadilla aunque de una manera, si se puede decir, más «activa» por cuanto, tras la catástrofe, sus instalaciones sirvieron como base de operaciones en las labores de limpieza y reconstrucción llevadas a cabo por el ejército y grupos de voluntarios. Pero no sólo por eso, sino porque en nuestras aulas se encontraban horas antes del desbordamiento varios centenares de alumnos de todas las edades, profesores y otro personal que prestaba sus servicios en el mismo.
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La gente ya se atreve a salir a las calles aún
cubiertas de barro |
Un helicóptero sobre la terraza del colegio |
Ese día las clases se habían iniciado a las 9:00 horas con la «normalidad» propia de un día lluvioso: aglomeraciones en la entrada y zonas cubiertas, carreras, desorden en la entrada a las aulas..., y serrín, mucho serrín. Pero ya antes de la hora del recreo, aproximadamente hacia las 11:00 horas, habían comenzado a circular los primeros rumores sobre que algo anómalo estaba sucediendo en la presa de Tous. «Las aguas han colmado la capacidad del embalse y no es posible abrir los aliviaderos por un fallo en los generadores eléctricos de emergencia», se decía.
Lo que era un rumor fue tornándose realidad durante la hora siguiente y ya hacia las 12:30 horas de la mañana comienzan a llegar los primeros padres de alumnos con la intención de recoger a sus hijos y levárselos a casa. Son estos padres los que nos informan de la situación real: el río Xúquer se ha desbordado en diferentes puntos de la comarca. Comienza a haber problemas para desplazarse por carretera, siguen circulando rumores sobre la insostenible situación en Tous... La evolución meteorológica en las próximas horas añade un punto más de desesperanza. Los mensajes de tranquilidad difundidos a través de los medios de comunicación no impiden el natural temor de los padres, que ante la incertidumbre prefieren tener junto a sí a sus hijos. Este éxodo de alumnos continúa hasta las 18:00 horas de la tarde, momento en que la mayor parte de los accesos a la población de Carcaixent están bloqueados y no es posible ni entrar ni salir sin poner en peligro la vida.
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Junto a la puerta que da a la entrada principal.
El P. José Luis nos enseña hasta dónde llegó
el nivel del agua. |
En el Colegio la tensión sigue en aumento ante el cariz que va tomando la situación, ya que, aunque la casi totalidad del alumnado ha conseguido reunirse con sus familias, todavía permanecen en sus dependencias medio centenar de personas entre alumnos internos, religiosos y personal que no han podido ser evacuados.
Mientras tanto, la situación se va complicando: la presa de Tous no ha resistido y tras desbordarse ha acabado por ceder. El agua embalsada se precipita río abajo arrollando todo a su paso y convirtiendo las tierras de la Ribera en una inmensa laguna cuyos límites se confunden con el cercano mar.
Las aguas de la presa han llegado a Carcaixent durante las primeras horas de oscuridad en la tarde-noche del día 20 de octubre. La confusión reina en la población y la falta de fluido eléctrico la incrementa. Lenta pero, inevitablemente, el nivel de la avenida va creciendo hasta la medianoche, llegando a alcanzar un máximo de dos metros y medio de altura a esa hora. A partir de entonces, más lentamente, las aguas comienzan a descender. Es en estos momentos cuando los que permanecimos en el Colegio empezamos a tomar conciencia de nuestro aislamiento y nos preparamos para pasar una angustiosa noche en vela ante el temor de vernos sorprendidos por un súbito crecimiento del nivel de las aguas. Previendo esta contingencia, los internos y demás personal nos trasladamos al primer piso, donde habilitamos un comedor y un dormitorio utilizando mesas y colchones del internado.
En la oscuridad de la noche sólo se percibe el choque contra los postes del tendido eléctrico, semáforos, puertas y ventanas de la corriente embravecida y de los elementos que ésta arrastra: vehículos, animales, bidones, troncos de árboles... En el silencio nocturno estos sonidos nos parecen todavía más sobrecogedores. De tanto en tanto, algún grito en demanda de ayuda se eleva sobre el fragor de fondo partiendo del parque Navarro Darás y va siendo repetido, como un eco, a través de las calles hasta el Ayuntamiento donde se ha ubicado un puesto de socorro con barcas que poco o nada pueden hacer por atender este llamado, tal es la impetuosidad de las aguas. Al parecer un grupo de feriantes ha quedado atrapado en sus atracciones sorprendido por la avetinida. Así transcurrió la noche del 20 al 21 de octubre con la oscuridad y la impotencia como unica compañía.

En el patio se ven camiones del ejército y muebles que se intenta lavar y recuperar
El día 21 amanece en la misma situación de la noche anterior. Las aguas han dejado de ascender y ha cesado también la lluvia. Con la luz, y aunque las calles son todavía impracticables, el pueblo se despierta. Hay un hormigueo de gentes que se asoman a las ventanas, otros subidos a los tejados..., todos comentando, preguntando y consolándose. Los helicópteros sobrevuelan el cielo plomizo sobre la ciudad, pero por el momento nada pueden hacer sino calibrar el alcance de la catástrofe.
Ya de noche, sobre las 20:00 horas, llegan, ¡por fin!, los primeros auxilios en forma de alimentos de primera necesidad (agua, leche, pan) desde el Ayuntamiento. Todavía queda medio metro de agua en las calles pero ahora sí, las barcas de salvamento ya pueden transitar sin peligro y transportar los víveres o rescatar a los incomunicados de la feria y de otros lugares.
El Colegio queda desde estos momentos convertido en centro de socorro para la población, habilitándose el Aula Magna y la Capilla como almacén para los productos alimenticios y ropa.
El día 22 de octubre las aguas se han retirado definitivamente. Ya se puede salir a la calle y percatarse de la situación. El golpe es muy duro. La realidad supera las previsiones más pesimistas. El barro, la suciedad, los enseres inservibles, el caos reinante se encargan de devolver a los habitantes a la triste realidad.
Los internos que habían quedado en el Colegio aislados comienzan a abandonarlo acompañados de sus padres y todos los demás nos disponemos a realizar las tareas de limpieza que se presumen durísimas, y más en el estado anímico en el que nos encontramos.

Interior de la iglesia de San Francisco que muestra también el nivel que alcanzó el agua
El sábado 23 de octubre llegan a Carcaixent las primeras brigadas de voluntarios procedentes de los pueblos vecinos, gracias a los cuales se puede conseguir, sin desesperar, el esfuerzo necesario para la tarea tan ingente que nos espera. Este mismo día una nueva «ración» de esperanza: el Colegio recibe el ofrecimiento de ayuda por parte del Ejército de manos del capitán don Aurelio Pedrós, carcagentino y exalumno. El día siguiente, domingo 24 de octubre, llegan al Colegio el Regimiento Mixto de Infantería Vizcaya 21 y la Brigada de Infantería XXXI junto con una dotación completa de maquinaria, camiones e intendencia. El Colegio queda convertido en centro de las operaciones de limpieza y reconstrucción, instalándose en las dependencias el ejército, la tropa en edificio de Primaria y la oficialidad en dormitorio de los internos. Desde ese día y hasta finales de noviembre este permaneció en el Colegio y sus instalaciones prestaron a toda la ciudad de Carcaixent un gran servicio como almacén y centro de abastecimiento, además de albergue y garaje para vehículos pesados.
El 2 de noviembre, tras unas jornadas de arduo trabajo, el Colegio puede abrir nuevamente sus puertas a los alumnos y reiniciar las actividades docentes.
A la hora de finalizar esta crónica de aquellos hechos tan trágicos, la mejor manera de hacerlo es recordando a todas aquellas personas e instituciones sin cuya colaboración y solidaridad la tarea de reconstruir la comarca y, en particular nuestra localidad y Colegio, hubiera sido poco menos que imposible; con su ayuda desinteresada pusieron una pizca de esperanza ante tanta desolación. Es por ello que aprovechando la ocasión brindada por la celebración del 75 Aniversario del Colegio San Antonio de Padua y la publicación de este libro conmemorativo, queremos mostrar desde el mismo Colegio nuestro agradecido recuerdo a las citadas unidades del Ejército, a la APA provincial, a las Comunidades Franciscanas de toda España, a las brigadas de voluntarios y a todas aquellas personas, empresas e instituciones que con su apoyo material y humano, consiguieron endulzar la amargura de aquellos momentos.




