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HOMILÍA EN LA CELEBRACIÓN DE ACCIÓN DE GRACIAS CON MOTIVO DEL 75 ANIVERSARIO
Recordad las maravillas que hizo el Señor. Con la celebración que nos reúne queremos recordar la bondad de Dios en estos setenta y cinco años del Colegio de San Antonio de Carcaixent. Un Colegio que, desde los días de su fundación ha querido promover una formación completa, que atendiera a los aspectos intelectuales, técnicos, culturales, deportivos, estéticos, sociales y espirituales. Se ha procurado el mejor desarrollo de los valores humanos, de las virtudes sociales y cívicas; de los hábitos de convivencia, de cooperación y de servicios; y el sentido de la responsabilidad social, como exigencias de la caridad, como virtud cristiana principal. Porque como decía un santo pedagogo: «podemos hacer que los niños y los jóvenes aprendan a leer en nuestra escuela, pero como no les enseñemos a respetar y a querer a sus semejantes, serán toda la vida unos ignorantes».
Queremos
hoy recordar las maravillas que ha hecho el Señor en estos años
de la historia de este Colegio y darle gracias por el trabajo que ha querido
poner en vuestras manos como alumnos, padres, como profesores, como familia,
como fraternidad franciscana.
YO ESTOY CON VOSOTROS TODOS LOS DÍAS
Había llegado el momento de la despedida. Cristo sube al cielo. Los discípulos miran extasiados hacia lo alto. El Señor les advierte: «yo estaré siempre con vosotros. Pero no os quedéis mirando al cielo. Volved a vuestro trabajo. Y hacedlo bien, que este Cristo al que habéis visto subir al cielo, volverá a vosotros» (Hech 1, 9-11).
Tenemos que vivir en el mundo y entre los hombres. Saber estar, positivamente conscientes, en la realidad de este mundo. Sin olvidar que la esperanza de un mundo mejor no puede hacer olvidarla realidad de aquel en la que ahora y aquí vivimos. La permanente lucha contra todo lo que, signifique mal e injusticia, no debe hacer olvidar que el verdadero trabajo es el de buscar el bien en todas sus formas. Donde haya posibilidad de encontrar un atisbo de bien, allí debe estar el esfuerzo del hombre, reaccionando siempre ante la contracultura de la imposibilidad y el derrotismo.
Ante la intransigencia y la intolerancia, un hombre que esté dispuesto a asumir un mundo pluralista, con cabida para todo lo que sea verdadero, noble, justo. Un hombre empeñado en construir y afianzar cada día los valores de la verdadera libertad, la justicia, el reconocimiento efectivo de los derechos humanos para todos, la paz, el amor y la defensa de la naturaleza, la solidaridad, la comprensión, el respeto mutuo, la cooperación...
El cristiano tendrá que defender su derecho a vivir la propia fe ante las sutiles limitaciones a la libertad religiosa que ponen dudosos condicionamientos legales o favorecen la presión ambiental antirreligiosa. El hombre de fe, por su parte, tendrá que ofrecer un claro testimonio confesante de su creencia, sin reducirla a la esfera de lo meramente privado.
Los cristianos no podemos actuar como aquellos que no tienen fe. Podemos, sí, organizar la tierra sin contar con Dios, pero, al fin, la organizaríamos en contra del hombre. Un hombre nuevo tiene que contar siempre con unos valores fundamentales e irrenunciables. Esos valores son, para nosotros, la fe en Dios y el respeto a la dignidad del hombre. Y por estos valores y en estos convencimientos se fundara, hace setenta y cinco años el Colegio de San Antonio de Carcaixent.
NECESITAMOS HOMBRES DE ESPERANZA
Este 75 aniversario del Colegio de San Antonio no puede hacernos olvidar esa larga y fecunda historia de la familia franciscana en Carcaixent, sino más bien hacerla recordar con la hondura y la gratitud que supone la presencia de lo franciscano.
Los franciscanos descalzos alcantarinos llegaron a esta ciudad. Pusieron su casa fuera de los muros del pueblo, pero su corazón lo metieron, desde el primer día, en el deseo de servir a todos con sencillez y humildad, según se lo recomendaba su santo fundador. La predicación, el cuidado de los pobres, la atención de los enfermos más desvalidos. Después, la exclaustración y el retorno. Casa de estudios, cátedra de teología, escuela pública de gramática... Siempre atentos los franciscanos para servir y ayudar.
Si vosotros no habláis, gritarán las piedras. Son las piedras vivas de este Colegio franciscano las que están hablando, con el admirable lenguaje de su propio testimonio, de Dios y de San Francisco. Del Señor y de su humilde siervo. De quien es el todo y sumo Bien y del pobrecillo Francisco que buscaba, en la pobreza y la humildad, el rostro de Dios.
No celebramos el paso por el tiempo de unos cuantos años, sino que hacemos memoria de tantos hermanos nuestros como, en esta casa, enseñaron, a lo largo de muchos años, a buscar y a honrar a Dios, servir a los demás y ayudarles a crecer como personas con una educación verdaderamente integral de conocimiento y de valores humanos, religiosos y franciscanos.
Dichoso aquel que sabe edificar su casa sobre la piedra. Estará
firme y segura, a pesar de las tormentas y de los malos momentos de la
historia. Este Colegio de San Antonio se edificaba sobre unos sólidos
cimientos franciscanos: alabanza y gratitud a Dios, la vida según
la forma del santo evangelio.
Que todo sea en alabanza de Dios, pues todas las cosas para hablar de
Dios deben servir. Dios es la explicación, el motivo primero de
todo. Dios es el final y la aspiración suprema. Dios es el gozo
y la alegría. Dios merece toda bendición y alabanza.
HACIA EL FUTURO
Estamos escribiendo las últimas páginas de este siglo xx. ¿Cómo será la educación, y el hombre, y la sociedad del futuro? Más que pensar acerca de lo que vamos a hacer en estos años de transición entre dos siglos, será mejor recordar que quienes somos cristianos nos hemos puesto, por llamada y vocación de Dios, al lado de Jesucristo. Al que reconocemos como Señor del ayer, de hoy y de siempre.
Cristo ha venido y nos ha dejado su evangelio. Y vendrá a recoger el fruto de nuestro trabajo. Mientras caminamos por este mundo vamos poniendo esa buena nueva en las entrañas de la humanidad, en la vida del hombre, y esperamos la abundancia de la cosecha, no tanto confiados en la pericia de quien ha sembrado, sino por la fuerza interior del evangelio.
Desde la fidelidad a nuestra vocación cristiana y al discurrir de los tiempos, tengamos en cuenta la sabia recomendación de los antiguos: creamos aquello que nos dejaron, conozcamos bien el presente, vivamos con esperanza el futuro. Exigencia de fidelidad: a Cristo y al evangelio, a la Iglesia y a su misión en el mundo, al hombre y al momento histórico que Dios pone en nuestras manos.
En este mundo, y a este hombre concreto es al que tenemos que educar. Pero atentos para no caer en la sutil tentación del secularismo, que proclama el olvido de Dios como condición de felicidad para el hombre. Como si Dios fuera un enemigo del desarrollo, de la madurez, de la perfección. Es la gran tentación: la de pensar que las cosas irían mejor para el hombre prescindiendo de Dios.
La Iglesia existe para evangelizar. Y uno de los caminos que debe recorrer para cumplir su misión, es el de la educación, de la escuela, de la enseñanza.
Si el árbol ha de conocerse por sus frutos, buen árbol ha sido el de este Colegio de San Antonio, del que tan admirables ejemplos hemos recibido. Hoy bendecimos a Dios por todos los que en esta casa vivieron y trabajaron, y pedimos a Dios que el testimonio de su vida y de trabajo evangélico, sirva de aliento y ejemplaridad para todos.
Ofrecemos el pan y el vino y hacemos memoria del Señor hasta que Él vuelva. Con nosotros se sentarán a la mesa del honor de Dios, todos los que, desde su vocación franciscana en esta Casa, vivieron en la esperanza segura de que se cumplirían las palabras del Señor: el que coma de este pan, vivirá para siempre.
La Santísima Virgen María, Madre de la esperanza, nos ayudará a ser fieles a las palabras de Jesús: haced siempre lo que él os diga.
Excmo. y Rvdmo. Sr. Fr. Carlos Amigo Vallejo
ARZOBISPO DE SEVILLA

