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Experiencias del grupo juvenil
"Amigos de los Pobres"

Se encuentra en nuestro archivo una revista multicopiada que celebra el primer año de la fundación de esta Asociación juvenil en la que cuentan sus realizaciones. Seguimos compiando algunos artículos.

Visita a la Residencia de Ancianos (pág 17)

El 24 de diciembre, como dice la canción, "ESTA NOCHE ES NOCHEBUENA..." Es noche buena para todos, enfermos, sanos, ricos, pobres, grandes, chicos... Ya está preparado el turrón, el pollo... Pero en medio del jolgorio y la algarabía propios, detengámonos un momento a pensar en aquellos seres que si algún día celebraron esta fiesta en compañía de los familiares y amigos, hoy no lo podrán hacer; que si alguna vez, en esta entrañable noche se sintieron queridos, partícipes de ese amor y esa alegría que reina en el ambiente, hoy su circunstancia es muy distinta. Sin duda me refiero a los ancianos del Asilo. A estos seres que, en un día como este se hallan, aunque nos cuesta creerlo, solos, envueltos por un ambiente de senectud, quizá de recuerdos y melancolía de aquel tiempo que fue mejor y que ya no volverá.

Nuestra Asociación, como todos los años, va a hacer algo por ellos. Aunque no sea mucho, pero tan sólo lo suficiente para alegrar por un momento sus cansados corazones. Este año nuestra ya tradicional visita va a contar con la amable y simpática colaboración de las chicas que cantarán la misa del "Gallo".

Nos reunimos por la mañana en el HOGAR con los obsequios que los muchachos buenamente traían y de allí, junto con las jóvenes cantoras, partimos hacia la Residencia.

A la entrada de ésta, comenzaron a sonar las guitarras y a entonarse villancicos. Un súbito estremecimiento inundó la sala en donde se hallaban los ancianos. Estos, emocionados, al tiempo que recibían los obsequios, manifestaban vivamente su alegría. Sus rostros cansados por la edad, bondadosos, mostraban con sus risas y llantos, un sincero e inexpresable agradecimiento al verse objeto de tan cariñosa manifestación.

También visitamos en las habitaciones a algunos enfermos, a una señora que llevaba largo tiempo inmóvil en cama.

Por último, y después de haber recibido reiteradas muestras de agradecimiento, tanto por parte de los ancianos y enfermos como de las religiosas franciscanas que los cuidan, abandonamos la Residencia Virgen de Aguas Vivas cantando villancicos de despedida.

Reglamento para nuestras acampadas (pág 29)

  1. El campamento va a ser tu hogar durante unos días. Un hogar muy especial, abierto a la Naturaleza.
  2. En tu casa la autoridad la encarnan tus padres y les obedeces. Aquí también hay una autoridad: el Jefe de Campamento.
  3. Obedécele a él y a los demás mandos. Representan a tus padres y lo que te ordenen será buscando tu bien, aunque, a veces no te guste.
  4. Si para ausentarte de tu casa pides permiso a tus padres, para tu seguridad, haz aquí lo mismo y no salgas del recinto del campamento sin autorización del mismo.
  5. Esperar es molesto. Evita ser tú el causante de la espera de tus compañeros. Procura ser puntual y sé diligente en el cumplimiento del horario que rige las actividades del turno. Todo será más fácil así.
  6. Se considerado en el trato con los demás, sean estos superiores, iguales o inferiores. En las relaciones humanas la educación y la cortesía hacen la vida más agradable.
  7. La limpieza del campamento es un reflejo de aseo, orden y educación de todos los que en él habitan. Además va a ser tu casa estos días. Haz todo lo posible para mantenerlo siempre limpio y aseado. En consecuencia los papeles, residuos y basuras deposítalos en las papeleras y lugares destinados a este fin. No olvides que vale más no ensuciar que tener que limpiar.
  8. El prote externo es manifestación del interior. Sé ordenado en todo. Ve aseado y con ropa limpia.
  9. Piensa en tu salud y no bebas otra agua que la señalada potable. No comas a deshora.
  10. Si encuentras algo que no sea tuyo, deposítalo en la CAJA DE OBJETOS PERDIDOS. Si has perdido algo, búscalo allí.
  11. La libertad es el más bello atributo de la persona. Pero piensa que tu libertad termina donde empieza la de los demás. Haz un buen uso de ella. No la confundas con el libertinaje.
  12. Antes de murmurar pregúntate: ¿lo haría yo mejor? Si estás en desacuerdo con algo, ve al dirigente y exponle correctamente tu opinión.
  13. En las conversaciones trata de cuidar tus palabras y el tema de las mismas. Piensa que hay compañeros a quienes puede molestar.
  14. Eres joven ¿verdad? Pues demuéstralo realizando todos los actos del día con optimismo y alegría, atributos, con la generosidad, propios de la juventud.
  15. Con tu comportamiento y tu "saber estar" durante todas las horas y las actividades de la jornada, harás feliz y agradable la vida de los demás: Jefe, Dirigentes, Personal de servicio y compañeros. Esto será el mejor servicio al campamento y a ti mismo.
  16. El campamento constituye una muestra magnífica de la convivencia y del trabajo de los hombres de España. Que tu tarea en él, desde que alborea el día hasta que te ofreces al descanso, esté informada por la alegría y complacencia que proporcionan el saber que se está sirviendo a Dios, a la Patria y a los demás.
  17. Para manten el ORDEN, la PAZ y la ALEGRÍA en nuestros campamentos, es preciso observar las reglas más elementales para conseguir la mejor convivencia humana. Queda terminantemente PROHIBIDO en nuestros campamentos el uso de palabras groseras, como tacos, chistes verdes y manifestaciones de mal gusto.

    De la misma manera, evítese molestar a los compaleros con bromas pesadas, como es, por ejemplo, el derrumbamiento de tiendas durante el descanso.
  18. Durante los deportes y juegos en general los miembros de la acampada dominarán sus nervios y sabrán comportarse deportivamente, sin agredir a sus compañeros en los momentos adversos del juego; más bien sepan disculparse, fomentando de esta manera la sana amistad.
  19. Por amor al Creador y a la Naturaleza ningún acampado caiga en la tentación de herir con su cuchillo de monte a cualquier árbol por el motivo que fuere. Así como se respetará y hasta se les tratará con cariño a las avecillas y animales domésticos que visiten nuestro campamento, en busca de alimento.
  20. Para que en nuestro campamento reine la limpieza, el Jefe de Actividades, acompañado por su grupo de acampados (elegidos por turno rotativo) se encargará de recoger en un recipiente que estará a disposición de todos, los desperdicios de cada día, enterrándolos en el lugar oportuno por ejemplo (después de la cena).

    Si algún acampado por algún motivo infringiera las normas de buena convivencia, o faltara al respeto a algunos de los mandos, será amonestado fraternalmente por estos, manifestando la falta al Jefe de Campamento quien lo impondrá de común acuerdo con los MANDOS un correctivo según la gravedad de la falta cometida.

Al escribirse este Reglamento y demás normas de convivencia, solamente nos ha movido el deseo de lograr en nuestras acampadas el ORDEN, la PAZ y la ALEGRÍA.

Condiciones generales: procura llevar (pág 32)

¡Vive tu propia aventura juvenil!

Decálogo del acampado (pág 33)

  1. A la hora de levantarte lo harás sin pereza, dando gracias a Dios por el día que amanece.
  2. Sólo podrás abandonar el recinto del Campamento acompañado de un dirigente o mando.
  3. Obedecerás en todo momento al Jefe de Campamento, a los dirigentes y a los mandos. Porque siempre es necesario que unos manden y otros obedezcan. Es exigencia de la vida.
  4. Los árboles y las plantas son instrumentos naturales para hacerte la vida más agradable. Su sombra te caobija. ¡Cúidalos!
  5. La limpieza de un lugar refleja la pulcritud de los que viven en él. Mantén limpio el juventud.
  6. Sé alegre. Así demostrarás tu juventud.
  7. El campamento es tu ciudad. La tienda es tu casa. Cuida estas instalaciones y procura dejarlas como a ti te gustaría encontrarlas.
  8. La natación, el baño o la ducha tienen su lugar en el horario. Solamente en ese momento podrás realizarlos.
  9. En el uniforme y presentación demostrarás tu nivel de educación. Vístete adecuadamente para cada actividad.
  10. Respeta a tu adversario o compañeros porque sois hermanos en esta gran familia que es el Campamento.

Un caso que clama al cielo (pág 19)

En las afueras de Carcagente vivían en una casita de campo, no de su propiedad, un matrimonio anciano (80 años), pobres, enfermos y sin hijos. Por no tener no tenían ni seguros sociales. Es cierto que un médico con mucho espíritu humanitario les atendía en sus enfermedades.

Quiso la Divina Providencia que un buen día, buscando la casa de unos pobres, un grupo de la Asociación se pusieron en contacto con la de estos ancianos, cuya mujer fue reconocida por nuestros jóvenes, quien explicó al grupo que se trataba de un matrimonio que vivía en extrema pobreza. Inmediatamente se apearon de la furgoneta y entrando en la casa, entablaron un animado diálogo entre los ancianos y los muchachos, quedando en el corazón de todos el ferviente deseo de atenderlos lo más rápidamente posible. Esto se llevó a cabo y les procuramos alimentos, medicinas y artículos de primera necesidad.

Fue tal la confianza que la señora depositó en el grupo que, en una de las visitas, nos rogó que le ultimáramos con el notario el asunto del testamento de su anciano esposo, cosa que, poco tiempo después quedó totalmente solucionada, proporcionando con ellos una alegría a su esposo, al cual encontramos muy decaído hasta el extremo de que había perdido ya totalmente la vista.

Temiendo que aquel buen anciano pudiera morir sin sacramentos, le ofrecimos hablar con un sacerdote para que le llevara la comunión, cosa que aceptaron con agrado. Una hora más tarde recibía los consoladores sacramentos de penitencia y eucaristía.

Poco tiempo había transcurrido cuando llegó a nuestro grupo la noticia de que el esposo había fallecido. Momentos después Fr. Francisco Sánchez, acompañado de otro hermano franciscano, oraban ante el cadáver y consolaban a la apenada viuda, a quien regaló, en nombre de la Asociación, una hermosa corona de flores para su difundo esposo. También se le costeó los gastos de amortajar al difunto.

A la vista de una soledad tan espantosa, pues solamente tenía en esos momentos de dolor como compañía a una buena amiga, la comunidad franciscana se ofreció, con el coche y la furgoneta del colegio para acompañar a la apenada anciana en la misa de córpore insepulto y en el traslado del difunto al cementerio. Después quedó sola en su pobre casa de campo, acompañada de su amiga mencionada antes.

Hacia media noche, la esposa del difunto preguntó a su amiga si no oía cómo su difunto esposo las llamaba, originando esta pregunta un miedo tremendo en su amiga, que le dijo que tenía mucho miedo, y le propuso que pasaran la noche en su casa, en compañía de su esposo e hijos. La anciana rechazó el ofrecimiento y al repetirle que oía las voces de su difundo esposo, la amiga fue presa de tal pánico que marchó a su casa, quedando la anciana sola.

La casita de estos ancianos se conocía como el "Casinet", donde uno podía tomar una cerveza o algún otro refresco y no mucho más, en los días de fuerte calor veraniego.

Con la muerte del señor Antonio, quedó sola y enferma su esposa, la cual fue visitada por algunos miembros de la Asociación. Se le ofreció arreglar todo lo necesario para que ingresara en la Residencia de Ancianos de esta ciudad, pero ella se negó, diciendo que deseaba morir en aquella pobre casita donde falleció su esposo.

El recuerdo de Sor Ángela de la Cruz llegó a nuestra mente y decidimos imitar la caridad de esta buena religiosa, que entregó su vida a estos casos de pobres y enfermos que desean morir en sus hogares. Un buen día comunicó un joven de la Asociación, que dicha anciana del "Casinet" estaba grave y llamaba a nuestro fundador, Fr. Francisco Sánchez. Efectivamente, acompañado del Presidente y otros miembros se personaron en casa de dicha señora María, pudiendo comprobar que se había quedado ciega y debido a la ceguera, cayó al suelo partiéndose la ceja izquierda.

La soledad, la vejez y la enfermedad se dieron cita para acabar en pocos días con aquella persona. Con la mayor urgencia posible se dijo a una señora amiga suya si podría lavarla y curarla, pagando los gastos de ropa y asistencia la Asociación juvenil Amigos de los pobres. Con mucha voluntad y sin interés crematístico, le limpiaron la casita que se puede suponer cómo se encontraba. La visita de un médico amigo de nuestro grupo le atendió con toda caridad y siempre gratuitamente.

Todos hicimos cuanto estuvo de nuestra parte por atender y aliviar los dolores que padecía la pobre anciana. Fr. Francisco le ofreció le sugirió que recibiera los últimos sacramentos, cosa que aceptó. Recibidos los consuelos espirituales entregó su alma al Creador para unirse con su esposo que, como ellas, supieron morir en la paz de Dios.