Portada > Del Colegio > Curso 1978-79
Experiencias del grupo juvenil
"Amigos de los Pobres"
Se encuentra en nuestro archivo una revista multicopiada que celebra el primer año de la fundación de esta Asociación juvenil en la que cuentan sus realizaciones.
Prólogo (pág 2)
Observamos atónitos la magnífica obra que están llevando a cabo estos jóvenes llenos de inquietudes y alegría. Ellos con sus risas, juegos y diversiones, están convirtiendo poco a poco en realidad algo que no consideran sólo una utopía, sino un hecho realizable, posible.
Han ido venciendo valientemente dificultades partiendo de cero y, poco a poco, gracias a su constancia y esfuerzo, van llevando a la práctica los dos mandatos fundamentales del cristiano: amar a Dios ante todo y amar al prójimo como a nosotros mismos.
No se amilanan ante las dificultades que han sido y serán muchas, sino que las combaten con entusiasmo, animados por el creador y responsable de esta agrupación, persona en la que se dan cita las más preciadas virtudes y cuyo gran amor a Dios y a los pobres, hace que se encuentren siempre "al pie del cañón", animando a todos a seguir adelante, dedicándose por completo a su obra y predicando con el ejemplo.
Se abre, pues, ante nuestros ojos un incomparable marco de sucesos palpitantes que son vida y que van haciendo historia... nuestra historia.
Acta fundacional de la Asociación Juvenil "Amigos de los Pobres"
A continuación se copia el acta de la reunión en la que se aprobó los estatutos y se decidió presentarlos en el gobierno civil para su legalización. Esa reunión tuvo lugar el 13 abril de 1968 y la copiamos en el apartado del año anterior.
Nuestro ideal (pág 6)
La asociación juvenil "Amigos de los pobres" por ser movimiento cristiano, de identidad católica desea encarnar en sí el sublime ideal de Cristo: el amor a los hombres y el deseo de salvarlos, este ha de ser el motor que mueva todas sus actividades. Con un estilo propio, comunitario y dinámico, realizado entre la juventud y aquellos hermanos más necesitados de esta sociedad.
Como testimonio de este ideal, los "Amigos de los pobres" donde se les anuncia que alguna persona padece hambre o enfermedad, su misión es socorrerla. En primer lugar se les proporciona trabajo si e encuentran desocupado, usando para ello cuantos medios estén a nuestro alcance y en segundo, según sus necesidades se les atiene económicamente, no cesando en esta obra de justicia hasta verlos liberados del estado extremo en que se encuentren.
Este ideal no persigue interés económico alguno, sino más bien implica engringarse todo, para ganarlos a todos y con esta unión, formar la verdadera fraternidad entre los hombres. La alegría, el espíritu de sacrificio y el amor a los demás, será el mensaje que llevará por doquier todo joven dispuesto a trabajar en este grupo juvenil.
Escribía Fr. Francisco Sánchez (pág 7)
El tiempo corre veloz. Ha sido como un ayer que pasó. Pero lo importante, lo que cuenta a la hora de la verdad no es el tiempo en sí, sino las obras que se realizaron en él. Obras son amores y no buenas razones.
No es preciso tener vista de lince para descubrir la vida de este grupo juvenil que, aprovechando sus ratos libres, se reune semanalmente para oír unas conferencias de sana doctrina, y llevarla a la práctica. Hoy esto es una realidad, la Asociación cuenta con varios miembros maduros que son fermento en el pueblo de Dios. De hecho, son ya testigos en colegios, institutos, universidades y centros de trabajo.
Cuantas cosas se podrían decir de estos jóvenes, cuantos sacrificios callados de los socios más comprometidos que yo, como fundador, conozco y no quiero airear por no ofender la modestia de los interesados y perder el buen olor que llevan sus obras. en verdad, porque soy testigo de tantos actos ejemplares, no puedo ni quiero seguir escribir escribiendo sin antes dar gracias a Dios y a estos muchachos fuera de serie.
Ellos han hecho posible que sea hoy realidad lo que pensaba hace ya mucho tiempo. Ciertamente esta vez, lo que antes fuera un ideal, un deseo o una ilusión, se ha convertido en una realidad. Nadie podrá borrar ya de la historia estos años vividos día a día por este grupo de jóvenes, sus actividades cuajadas de amor a los pobres, a los más pobres de sus hermanos en Cristo. Por eso nadie podrá decir que son jóvenes teóricos porque ahí está sus obras y sus hermanos marginados, los enfermos, los ancianos y todo aquel pobre que acudió a ellos.
Por todo esto doy gracias al que es la causa de todo bien, Jesucristo. Él, con su presencia entre nosotros, nos estimula y dirige para que obremos según su espíritu. Gracias también a quienes han colaborado con nosotros, trabajando codo con codo. Por ellos hemos podido llegar muchas veces a nuestros hermanos necesitados con algo entre las manos.
Después de leer estas páginas, merece la pena reflexionar unos momentos, esta obra conjunta de Dios y unos muchachos. Podría servir de estímulo para algún lector. En verdad no esperaba dar gracias tan pronto, porque conozco un poco los grupos de juventud y sin dejar de tener en cuenta su corazón generoso, a veces se necesita un largo rodaje hasta percibir los frutos y, más aún, conocer el espíritu que mueve a cada uno de los jóvenes que integran estos movimientos juveniles.
Y para terminar, quiero manifestar mi afecto y amor fraterno a todos los miembros de la Asociación, a la cual me siento estrechamente unido, y a la que quiero servir incondicionalmente.

Sirviendo a los demás (pág 9)
Dos familias sumamente necesitadas vivían en las afueras de nuestra ciudad, en una casa de campo donde se les permitió vivir por caridad. Acudieron a nuestro grupo pidiendo ayuda.
Una de estas familias está compuesta por cinco hijos; la otra de tres, todos ellos de media edad, a los cuales se les atendió llevándoles lo que más urgentemente necesitaban.
El padre de una de estas familias sufría cáncer pulmonar. Los Amigos de los padres nos interesamos por su salud. Un médico creyente e insigne bienhechor de los pobres, junto con su esposa, se interesaron por esta familia, internándole en el Hospital Provincial de Valencia, del que salió convaleciente, estando una temporada con su familia en la casita de campo.
Dios permitió su recaída, teniendo que ser internado por segunda vez en el hospital, dende los análisis dieron por resultado "cáncer pulmonar".
Todos pensamos, a la vista de su agotamiento físico, en su próxima muerte. Durante el período de la enfermedad, los "Amigos de los pobres" no cesaron de manifestar en sus visitas el amor hacia esta familia tan necesitada.
Grande fue la sorpresa al conocer los resultados de los últimos análisis, en los cuales constaba que había desaparecido el cáncer. Con motivo de esta alegría, la Asociación organizó una comida de fraternidad en la casa de la indicada familia. Después de la comida se organizó un pequeño festival, alegrándonos con sus cantos la esposa del enfermo.
La salud del padre de familia, recuperada casi milagrosamente, devolvió la alegría a este humilde hogar. Los niños fueron creciendo y dos de ellos se prepararon para recibir la Primera comunión. Unos jóvenes catequista se encargaron de que fueran bien instruidos en la Doctrina Cristiana y se les compró unos trajes para estrenarlos aquel día.
Llegado el día los dos hermanitos se disponen a recibir a Jesús sacramentado. Después de la ceremonia religiosa salen de la iglesia todo el grupo de los niños, unos veinte. Unos se felicitaban, otros se invitaban a tomar chocolate en casa de sus amigos, pero nuestros niños eran los más pobres y nadie les invitó. Todo esto lo esperaban los "Amigos de los pobres".
Pensando en lo que iba a ocurrir, la noche anterior, todos reunidos en el Hogar juvenil, pensaron hacer algo por estos niños que tanto querían. Y pensaron darles un banquete en el Hogar después de la misa. Les regalaron un reloj de pulsera a cada uno y un ejemplar de la Biblia. Todos aprobaron esta decisión y colaboraron para montar mesas, buscar sillas, comprar chocolate y demás cosas que pudieron saborear en medio de una hermandad entrañable.
La familia de los niños, en sitio de honor, presidió el banquete. Las mamás de los socios servían, manifestando en sus rostros la alegría de ver a sus hijos protagonistas de una obra tan humanitaria y hermosa.
Anécdota (pág 11)
Era una mañana fría de invierno cuando Fr. Francisco Sánchez se dirigía, como de costumbre a la iglesia de San Francisco de Asís (conocida en Carcagente por el "Convent dels Frares"). De pronto, vio a una anciana que buscaba algo entre los desperdicios que hay en los cubos de basura.
Le quedó tan grabado lo que acababa de ver que no paró hasta enterarse, de por qué una mujer anciana tan temprano y con tanto frío, iba recogiendo las sobras de comida que otros tiraban. Alguien le dijo: "Es una pobre mujer que veve sola con su anciano marido de 80 años y no tienen hijos. Se alimentan de lo que otros tiran en los cubos de basura, en las pescaderías o en el mercado".
Fr. Francisco se hizo acompañar de un joven que frecuentaba la iglesia de San Francisco, hasta dar con la casa de la pobre anciana, donde conocieron a su esposo, que junto a unos maderos, en una pobre chimenea, se calentaba. Se ganaron pronto la confianza de los ancianos y ellos les contaron su vida y sus penas en breve diálogo.
Conocida la extrema pobreza de aquellas almas de Dios, ancianos y pobres, se dirigieron a un lugar donde nos proporcionaron comida para una semana.
A partir de aquel día, el joven y el hermano franciscano visitaron a los ancianos y les hablaban de Dios, al mismo tiempo que iban quitando el hambre atrasada que, al parecer, tenían.
La anciana frecuentaba la iglesia recibiendo al Señor Sacramentado todos los días, pero a su esposo nunca se le vio en la iglesia con su esposa. Según ella era hombre frío en la fe. Pero debía ser muy agradecido a los favores que se les hacían, porque se le vio llorar al recibir el paquete de comida y hasta dar repetidas veces las gracias.
Un buen día Dios quiso descorrer el velo que cubría toda aquella manifestación de pobreza y la buena anciana le pidió a Fr. Francisco que le arreglara unos papeles para cobrar la vejez. Éste acudió a sus conocidos de la CENS, que le dijeron, hechas las debidas investigaciones, que los referidos ancianos tenían trece hanegadas de naranjos Y por otra parte se enteraron de que tenían 250.000 ptas en el banco y otros bienes materiales.
Al otro día volvió a encontrar a la anciana rebuscando en la basura. La mujer le preguntó:
-- ¿Aún no me ha arreglado lo de la vejez?.
Le contestó el franciscano:
-- Gracias a Dios ustedes no necesitan ayuda material. Tienen campos de naranjos, 250.000 ptas y otros bienes.
Y le añadió:
-- Si ustedes quieren, yo les arreglaría para que puedan ingresar en una residencia de ancianos y no tendrían necesidad de estar tan solos.
Le respondió que su marido no quería. A partir de entonces, el hermano reflexionó sobre esta caso tan raro e insólito. Nueve meses más tarde moría el anciano esposo, quedando sola al mujer, que por sus actos externos manifestaba haber perdido el juicio, vagando de un lugar hacia otro. Transcurridos unos meses, se comunicó a los Amigos de los pobres que la anciana había muerto sola en su casa.
La Asociación tomó este caso como una experiencia más de la vida y, desde entonces, antes de dar las limosnas, toman información a travésde un grupo de personas conocidas, las cuales examinan los casos que se les presenta a nuestra Asociación, evitando posibles engaños.
Compartiendo el dolor (pág 14)
Los Amigos de los pobres, buscando casos que fueran de auténtica necesidad, encontraron a Antonio, de 17 años, que sufría un cáncer extremadamente doloroso. Podríamos decir que esta fue la primera experiencia de nuestra Asociación.
Antonio vivía en la calle San Antonio, número ---, segundo piso, en la ciudad de Carcagente. Era de familia pobre y humilde. Vivía con su abuela, tía y hermano, que supieron cuidarle hasta que murió. Los Amigos de los pobres nos turnábamos para ir a visitarle y traerle cosas que fueran de su agrado. En una de estas visitas nos pidió Antonio unas estampa de su santo. A los pocos días le regalamos una medalla de San Antonio de Padua.
Día tras día íbamos a visitarle para hacerle olvidar por unos momentos los dolores de esa enfermedad que el supo soportar a lo largo de nueve meses.
Antonio, de enfermo pasó a ser un moribundo, un joven señalado por el dedo de Dios para se contando en el número de sus elegidos. Su habitación deja de ser un lugar de sufrimiento para convertirse en un paraíso anticipado de dulzura inefable. Era el 3 de abril de 1972 cuando Antonio perdió todos sus sentidos y, ajeno a todo lo de este mundo, a las siete de la tarde, descansó en el Señor.
En la muerte de Antonio pudimos entender y ver la gloria del sufrimiento. Tuvimos la pena de ver sufrir a una amigo y el gozo del dolor santificado por la misma enfermedad.
El entierro fue en un día de primavera. Podríamos decir que este joven, purificado en el crisol del dolor, subía al Creador. Por la mañana nos reunimos en la sacristía de la iglesia de San Francisco de Asís para preparar el entierro. Más tarde Fr. Francisco Sánchez, con otros miembros de la Asociación, llevaron a la casa del difunto una gran corona en la que ponía: "Tus amigos no te olvidan".
Hacia las once de la mañana nos dirigimos hacia la casa del difundo, organizándose el entierro hacia la parroquia de San Antonio de Padua, en la que se celebró una misa de cuerpo presente, cantada por el coro parroquial de la Asunción. Terminada ésta, subimos todos los jóvenes a un autobús y le acompañamos hasta el campo santo y, llegados al lugar de su sepultura, rezamos un "Requiem", despidiéndonos de nuestro amigo.
El amor a este joven fue tal entre los Amigos de los pobres, que aún después de su muerte fue visitado en el cementerio donde descansa su cuerpo en la paz del Señor.
