Portada > Del Colegio > Curso 1976-77
Notas de sociedad
El exalumno de nuestro Colegio don Fernando Mayordomo Fernández obtuvo el premio Poveda de Investigación, sobre el «Cáncer del intestino», dotado con 125.000 pesetas. Así mismo ha conseguido el premio nacional al mejor Becario-Colaboración.
Recientemente ha sido nombrado adjunto de microscopía electrónica en el Centro de Investigación de la Ciudad Sanitaria La Fe.
El día 4 de enero, en la parroquia de la Asunción de la localidad, contrajeron matrimonio don Juan Beneyto y la señorita Pilar Timor.
Celebran su enlace matrimonial don Juan José Tomás y Mompó con la señorita Charo Vidal y Cruelles, el día 17 de julio en la iglesia parroquial de San Jaime, de Aicor.
Don Antonio España y la señorita María Asunción Albelda, acceden al Sacramento del Matrimonio el 19 de julio, en la iglesia parroquial de la Asunción, de Carcagente.
En la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, de Benifayó, contraen matrimonio don José Vicente Beltrán Baldoví con la señorita María Magdalena Lahiguera Sisternas, el día 22 de julio.
En el Santuario de Nuestra Señora del Lluch, celebran su enlace matrimonial don Tomás Sebastiá y la señorita Mari Carmen Comes Roselló, el día 13 de agosto del año en curso.
El día 19 de agosto, en la parroquia de San Bernabé (Madrid), se unen en matrimonio don Rafael Castaño e Isabel Martín, sobrinos del religioso de nuestro Colegio, Fr. Angel Martín.
El día 5 de noviembre, en la parroquia de La Asunción, de Carcagente, el P. Rector del Colegio une en matrimonio a don Salvador Beneyto y a la señorita Pilar Llopis.
A todos, nuestros mejores deseos de felicidad y acierto en la nueva vida que ahora inician.
BODAS DE ORO
El P. Benjamín Salas renueva sus votos de profesión religiosa
A primeros de julio, en Burbáguena (Teruel). En pleno curso y ambiente preparatorio de ejercicios espirituales, el P. Benjamín Salas, en compañía de otros religiosos de su promoción, volvía a emitir sus votos en manos del M. Rdo. P. Provincial, Fr. Anselmo Martí. La Capilla del Colegio acogía a este fin a los religiosos ejercitantes, vestidos del alba sacerdotal para concelebrar. Con el P. Provincial, presidían la Santa Misa el P. Benjamín y sus compañeros de profesión.
Con
severa compostura, destacó el P. Provincial, en plática
previa, con qué decisión, apoyada por años de bien
notorio testimonio, podían acceder a un rito en el que lo verdaderamente
importante era el ejemplo mismo de bien hacer de que venían dando
constancia y que ahora se disponían a corroborar. Puntualizó
asimismo los aspectos altamente edificantes del acto que se iba a celebrar
y deseó a todos, en su día, el mismo gozoso acontecimiento.
Ponderó el P. Provincial la disposición comprometida que particulariza la vida religiosa. La vocación es sello identificador del hombre que ha desenterrado de lo hondo de su ser la llamada universal a un quehacer concreto que da sentido a la conducta humana. Seguir la propia vocación es descubrir día a día el camino individualizador ; responsabilizarse de los propios pasos; identificar la voz de Dios que es en definitiva el hilo tejedor de empeños. La vocación religiosa es además amor compartido con los hombres a quienes servimos, caridad compartida con los religiosos que nos acompañan, y en cuya familia nos integra la profesión religiosa. Mantener luego ese compromiso durante medio siglo y renovarlo en olor de ritual fraterno, testimonia la entereza de quienes, así, dan firmeza y continuidad a las instituciones, al tiempo que garantizan la pervivencia evangélica: «Mis palabras no pasarán».
Describir la emoción que siente el profeso al emitir su promesa definitiva, sólo quien ha pronunciado una vez las palabras consagradoras de la propia conducta en manos de Dios, está capacitado para insinuarlo apenas. No de otro modo lograría rehacer en propio ánimo la espiritual impresión que produce sentirse como trascendido. Ello explica el silencio prieto que acompañó en decisivo momento la fórmula con que el ritual consagra la , promesa votiva : «Voveo et promitto toto témpore vitae meae servare Régulam Fratrum Minorum».
No es que comience aquí una nueva etapa. Es la medida y conmemoración de un recuento positivo, la ocasión más propicia para tomar impulso y proseguir sin desmayo en la misma disposición ya probada. «Confirma hoc, Deus, quod operatus es in nobis», ratifica la Iglesia.
El coro recuerda entonces aquella otra profesión virginal de María entonando el cántico del Magnificat. Un abrazo fraterno celebra la común alegría de cuantos advierten cómo la Orden prosigue así su secular andadura.
Concluido el acto, la Comunidad de Burbáguena agasajó a todos con generosidad.
