Portada > Del Colegio > Curso 1976-77
La primera piedra
Hay la primera piedra en el rito de las solemnidades con que se inician las construcciones oficiales, como hay los primeros pasos del príncipe que ceñirá corona un día. Son piedras gloriosas.
Pero hay también las primeras piedras de la hipocresía,
de la cobardía enmascarada en el grupo en que el complejo individual
se ampara.
Jesús sabía mucho de las debilidades de los hombres ; sabía
de las debilidades de las mujeres, y de la injusticia de que sea ella
sólo, y no el hombre, quien reciba «ejemplar castigo»,
cobarde persecución.
Con valentía, oponiéndose al grupo energúmeno que apedrea a la adúltera, se interpone entre la débil mujer acobardada, azorada, y con gesto adusto y acusador, recrimina la doblez de quienes pretenden ajusticiarla «Quien esté libre de pecado, que lance la primera piedra». Desarbolados como nave sin timón, va desapareciendo la hostilidad de unos y otros. Quedan solos Jesús y la mujer. Jesús, al ras del suelo, señala la primera piedra de un nuevo hacer: «Mujer, no quieras pecar».
La contaminación
En todos los lugares está de moda tratar el tema de la contaminación. Es un asunto muy serio, porque en las grandes aglomeraciones urbanas el aire está tan enrarecido que resulta ya perjudicial a la salud. Esto explica el afán con que la gente huye cuando puede de la ciudad para disfrutar de la claridad y aire limpio del campo.
Lugares hay, como, por ejemplo, Italia, donde nubes contaminantes han llevado el peligro incluso a pequeños pueblos, donde el aire no era ya sólo una amenaza, sino un azote que asoló tierras y ahuyentó personas.
Cada vez crecen más las noticias sobre árboles contaminados, animales en peligro de extinción, peces masivamente muertos y en descomposición. Donde esto ocurre es la vida la que desaparece. Y en la medida que la vida desaparece, el hombre pierde algo que es componente inmediato de su existencia.
La contaminación de un ser, es el comienzo de una cadena de muertes sucesivas. El animal que se nutre de una planta contaminada o un animal envenenado, muere a su vez y transmite el daño de su muerte a cuantos otros se sirvan de él.
La contaminación ambiental debería ser combatida con toda eficacia. Sabemos que en Madrid existe una «Patrulla verde» a quien compete acabar con el exceso de ruidos. Pero es en todas partes donde hay que alzarse a la vez si se quiere resultados apreciables. Llama la atención ver cómo todos están de acuerdo y, sin embargo, las medidas pertinentes son escasas o no llegan nunca. Residuos contaminantes los hay y se vierten en todos los lugares habitados del país. Vehículos, fábricas, aguas fluviales en descomposición, lo invaden todo, sin que se haga mucho por contener los efectos nocivos que de ello se derivan. No sólo es el paisaje lo que desaparece, no sólo la vida que nos rodea: la ciudad es el centro de un anillo que nos va apretando con el miedo a un futuro nada claro. Sin naturaleza no hay porvenir para el hombre, y la naturaleza se muere, y hay una enfermedad : el hombre mismo.
Gines Gil Martínez,
alumno
Harina de otro costal
«Ponerse a nivel europeo», además de un lugar común para llenar huecos mentales, refleja un cierto complejo de inferioridad que pretende medirse mediante la referencia al ideal de vida y desarrollo que, según la común estimación, comienza más allá de los Pirineos.
No sé si la trayectoria marcada por nuestro progreso, sigue o pretende imitar al pie de la letra líneas paralelas de los países que integran la Comunidad Europea. Creo más bien que no. Cada pueblo tiene condicionamientos que le signularizan y encauzan de muy peculiar manera, seamos o no tan diferentes, en lo económico, que tanto priva, y en los niveles de espiritualidad y cultura.
En la última Feria Española del Libro, la especial coyuntura por que atraviesa el país, dio como resultado una venta masiva de libros políticos o sobre temas que estudian el sexo, repitiéndose hasta la saciedad, por exclusivos intentos de comerciar con todo.
Con no mucha anterioridad, en la Feria del Libro alemán, se advirtió una mayor demanda de libros religiosos e incluso de alta teología. No es nuevo que la especialización teológica en Alemania atañe no sólo al clero sino al elemento civil.
Aquí, el momento político, a punto de embriaguez que ya llega a cansar; allí, la vuelta a los valores espirituales, tras el cansancio de las secuelas que conlleva el alto nivel de vida y el abuso privado de la libertad. Notas muy distanciadoras. No hay nivel europeo; hay niveles distintos que responden a la calidad media de los individuos que integran una nación. Hay diferencias muy notables y meterse en ello, superaría nuestro propósito, porque esto es ya harina de otro costal.
