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Filatelia y franciscanismo

El fomento de la filatelia es un fenómeno que nunca hubieran llegado a sospechar ni siquiera los inventores de la franquicia postal. Hoy, entre otros condicionamientos que confieren al sello carácter portador de cultura, arte, representatividad del respectivo país impresor, el sello se ha convertido en medio infalible de inversión económica segura. La difusión del coleccionismo desde edad muy temprana, ha incrementado la demanda de ejemplares que no pueden multiplicarse, porque las impresiones del sello tienen un límite que no admite sucesivas ediciones, como en el caso del libro, y parte de los sellos utilizados no pueden recuperarse por quedar inutilizados o simplemente desechados.

El sello está siendo explotado como medio de obtención de divisas y más dignamente como muestra de los valores históricos, monumentales, artísticos y naturales de un país. La política, tan entendida en oportunismos, se vale cada día más de él para difundir ideologías.

La cuantía de sellos españoles impresos hasta la fecha, ofrece una gran variedad de temas y medios de confección del propio sello, Desde el primer sello español emitido el 1 de enero de 1850, con la efigie de Isabel II, hasta enero del año en curso, los catálogos de sellos ofrecen un muestrario de 2.380 sellos, sin contar los pertenecientes a provincias y colonias. Pretender rehacer una colección completa, a partir de cero, además de prohibitivo es casi imposible, por la dificultad de hallar ejemplares cada día más raros, cuya cotización sube de año en año de vertiginosa manera. Esto no impide la obtención de colecciones muy dignas y estimables, a falta incluso de sellos clásicos de difícil hallazgo. Hay también la oportunidad de confeccionar colecciones sobre un tema: fauna, flora, deportes, automóviles, astronáutica, personajes célebres, monumentos, etc.

Al margen de temáticas oficiales, puede lograrse, espigando de aquí y de allá, un buen catálogo de sellos con temática franciscana. Sin salirse del sello español, cabrían dentro de esta relación, personajes franciscanos procedentes de cualquiera de sus órdenes, tales como San Francisco (de la serie L. de Morales), Raimundo Lulio, Cisneros, Fr. Junípero Serra, Fr. Juan de Zumárraga, San Pedro de Alcántara, pertenecientes todos a la Primera Orden; Cervantes, Lope de Vega, Quevedo y Pardo Bazán, de la Tercera Orden. Entre los monumentos, el Monasterio de la Rábida, Santo Domingo de Soria, Claustro de San Francisco de Orense, Monasterio de Guadalupe y la Universidad de Alcalá, fundada por Cisneros; y los dos sellos sobre el Monasterio de San Pedro de Alcántara. Caben en buena lógica los relativos al Descubrimiento y Colón, apoyado en su epopeya por los franciscanos de la Rábida; conmemorativos de fundación de ciudades americanas por obra de misioneros franciscanos; mapas americanos de zonas de acción civilizadora franciscana, como el de las costas de California...

Naciones americanas y europeas, emiten sellos sobre personajes y temas Franciscanos que darían amplitud y complemento a la supuesta colección. Es singularmente bello el grabado que sobre San Francisco ha impreso Italia, a finales del pasado año, por citar un ejemplo aún reciente.



Concluida esta incursión por el vasto mundo del sello, nos llega la noticia de una exposición filatélica franciscana en Verona. Nos ha parecido oportuno traducir del italiano el artículo que, con ese motivo, trae «Acta Ordinis Fratrum Minorum», número XCVI:

"La exposición filatélica franciscana que los superiores de la Provincia Véneta de los Frailes Menores (Italia) han programado, junto con otras iniciativas paralelas, quiere honrar al Seráfico Padre en el 750 aniversario de su muerte.

La exposición tiene un título y distintivo propio. Uno y otro evidenciado desde el primero al último cuadro, entre los 276 que la componen.

San Francisco fue el hombre de ruptura en el período férreo, y por muchos modos feroz, del medievo. Ha arrancado seguridades seculares, ha puesto en crisis esquemas de gobierno y de iglesia; en todos ha ejercido una enorme atracción y un influjo decisivo. Era evidente que tenía que ser seguido, ya que no podían quedar indiferentes ante su personalidad y aquel su ideal evangélico que él había redescubierto y volvía a proponer con una simplicidad desconcertante.

He aquí los «frailes menores», su «gente poverella», como dice Dante (Part. XI, 67), que a través de los siglos han testimoniado el carisma del fundador en su vida, sus obras, la lección apostólica, el servicio a la Iglesia, el apostolado misionero, las relaciones sociales, los contactos con el mundo político.

La extensa panorámica que surge desde ahí, es sobremanera vasta y original. Tratarla, conteniéndola en límites precisos y apretados, no es fácil empresa.

La exposición filatélica franciscana ha querido arriesgarse en este intento. No todo lo que es franciscano puede mostrarse en la filatelia. Mas los medios que ella ha facilitado, han sido suficientes para seguir el franciscanismo desde los orígenes hasta nuestros días. Sobre algunos temas, la filatelia ha sido abundante; sobre otros, se ha tratado sólo de alusiones directas o indirectas, alrededor de las cuales se ha construido el cuadro presente.

Los sellos y los matasellos llevan consigo un lenguaje universal, cuantos son los Estados representados en la exposición, fácilmente comprensible y reconocible para quien tenga una cierta familiaridad con la filatelia o diariamente trate con sellos para el uso postal al cual se ordenan.»
P. G. Lombardi, P. I. M. E., terciario franciscano, afirma que los sellos franciscanos son algo así como los pájaros de Bevagna («Florecillas», cap. XVI), «...se elevan en los aires... se dividen en cuatro partes... oriente... occidente... mediodía... aquilón... cantando maravillosamente la Cruz de Nuestro Señor.»